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BMW, Volkswagen y Mercedes negocian con Trump un acuerdo para frenar aranceles

Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz negocian contrarreloj con la Casa Blanca para aliviar el peso arancelario que amenaza sus operaciones globales. La clave: convertir a Trump de adversario en aliado estratégico.

Washington y Berlín vuelven a cruzar caminos en un terreno conocido: la industria automotriz. Las principales firmas automovilísticas alemanas —Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz— están en conversaciones activas con la administración de Donald Trump para alcanzar un acuerdo que reduzca o elimine los aranceles a los vehículos importados desde Europa, según informó el medio económico alemán Handelsblatt. El objetivo es firmar un pacto hacia julio que permita a las empresas amortiguar una presión fiscal diaria que ya se mide en millones de euros.

Costos diarios millonarios

Los datos internos de BMW estiman que el impacto directo de los aranceles estadounidenses ronda los 10 millones de euros diarios, sumando la caída en ventas y el margen que la empresa ha debido absorber al evitar trasladar el sobrecoste al consumidor final. Si se suman los efectos sobre las otras dos grandes marcas, el golpe financiero para el sector premium alemán es monumental. Todo esto ocurre en un contexto de reconversión forzada, donde el modelo tradicional de negocio automotor —basado en combustión interna, lujo y diseño— está siendo desafiado por la transición eléctrica, la digitalización y los nuevos patrones de consumo.

El poder de la lógica económica

En la negociación, las automotrices alemanas han empuñado un argumento clave: Alemania es el mayor exportador de coches producidos en Estados Unidos. De hecho, el 50% de los vehículos que BMW, Mercedes y Volkswagen fabrican en suelo estadounidense se exporta a otros mercados, lo que representa nada menos que el 85% de todas las exportaciones de vehículos que salen desde EEUU.

En términos simples, el modelo operativo transatlántico funciona con una lógica de intercambio: SUVs fabricados en EEUU para exportación y compactos europeos para el mercado americano. Si los aranceles se mantienen —y la Unión Europea responde con la misma moneda—, ambos bloques comerciales acabarán perjudicándose. La guerra comercial automotriz no tendría ganadores. Solo China, con sus agresivos precios en vehículos eléctricos, parece observar desde la tribuna con una sonrisa contenida.

¿Un modelo británico para Alemania?

Las automotrices germanas observan con interés el reciente acuerdo firmado entre Estados Unidos y el Reino Unido, que redujo significativamente los aranceles a la importación de coches británicos, en particular para marcas icónicas como Rolls Royce. Usar ese texto como modelo base para replicar un pacto similar con la UE —o al menos con Alemania— es ahora parte de la estrategia alemana.

La pregunta es si el expresidente y actual candidato Donald Trump, famoso por su retórica proteccionista, estará dispuesto a ceder. Los analistas lo describen como cada vez más «gallina» cuando los mercados tiemblan, un líder impulsivo que se envalentona con la amenaza, pero frecuentemente busca acuerdos que pueda presentar como victorias políticas.

La incertidumbre como constante

El panorama aún es incierto. Aunque la Casa Blanca no ha dado señales oficiales, la posibilidad de un pacto bilateral limitado —o una versión revisada del acuerdo UE-EEUU— sigue sobre la mesa. La diferencia entre un arancel plano del 10% y el 25% actual no es menor en una industria que ya opera con márgenes cada vez más estrechos.

Para las automotrices alemanas, lograr un entendimiento con Washington es una necesidad estratégica. No solo aliviaría sus finanzas, sino que les daría margen de maniobra para competir contra el fenómeno de los autos eléctricos chinos, cuyo ascenso meteórico y precios agresivos están sacudiendo los cimientos del mercado global.

Con Trump, todo puede cambiar en el último segundo. Pero Volkswagen, BMW y Mercedes no están dispuestas a esperar pasivamente el desenlace. Esta vez, la diplomacia industrial corre sobre ruedas.

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