Por Augusto Fabrini – analista
Como Paraguay, gigante hidroeléctrico de América del Sur, podría necesitar del átomo para garantizar su demanda de energía hasta 2035.
La encrucijada energética de Paraguay: entre el pasado hidroeléctrico y el futuro
Durante décadas, Paraguay construyó su reputación como una potencia hidroeléctrica silenciosa. Con Itaipú Binacional, una de las mayores usinas del planeta y Yacyretá, el país se convirtió en sinónimo de energía limpia y barata. Ese modelo garantizó estabilidad macroeconómica, baja inflación energética y un diferencial competitivo regional, sin embargo, detrás de esa imagen de abundancia se esconde una dependencia estructural: casi el 100% de la generación eléctrica paraguaya viene de las aguas.
El crecimiento económico acelerado de los últimos años, combinado con la urbanización y la digitalización de la economía, empieza a tensionar la matriz. Proyecciones apuntan que, manteniendo el actual ritmo de consumo y de expansión industrial, la demanda máxima del país superará la capacidad firme antes de 2032, creando una brecha crítica de 3,5 gigawatts hasta 2035.

Para llenar ese vacío, el país necesitará invertir cerca de US$ 18 mil millones en el sector eléctrico en apenas una década, una cifra expresiva para cualquier economía emergente.
Además, el régimen de lluvias, cada vez más irregular, ya impuso caídas relevantes en la producción de Itaipú y Yacyretá. En años de sequía, la generación puede caer más de 20%, comprometiendo exportaciones y el abastecimiento interno. La dependencia hídrica, otrora un símbolo de soberanía, se torna ahora un punto de vulnerabilidad estructural. Sin energía, el crecimiento económico queda limitado, y el sueño de una industrialización plena permanece distante.
“La energía es el cemento invisible del desarrollo y de la calidad de vida. Sin ella, no hay industria, tecnología ni futuro confortable”.
Ese es el trasfondo del dilema paraguayo: mantener el confort de la dependencia hidroeléctrica o invertir en una nueva ancla energética capaz de garantizar estabilidad y diversificación.
Es en ese contexto que surge la propuesta de explorar el potencial de la energía nuclear, especialmente bajo la forma de los Pequeños Reactores Modulares (SMRs).
El paradójico gigante hídrico
Paraguay es, paradójicamente, un país de energía abundante y vulnerable. Con una capacidad instalada total de alrededor de 7,9 GW, el país ostenta una de las tarifas más bajas de América Latina cerca de US$ 0,05 por kWh, sin embargo, esa ventaja se basa en un insumo natural sujeto a variaciones climáticas extremas.
En 2024, por ejemplo, la generación de Itaipú cayó aproximadamente un 20% en relación al año anterior debido a la baja afluencia de los ríos.
El problema no es solo climático: es estructural.
El sistema eléctrico paraguayo carece de fuentes alternativas firmes como térmicas a gas, carbón o nucleares que puedan compensar eventuales reducciones hídricas. Esa fragilidad se torna aún más preocupante cuando observamos el crecimiento proyectado de la demanda industrial, impulsada por sectores como el frigorífico, soja, metalúrgica, y más recientemente, data centers y servicios de computación en la nube.

El país también enfrenta cuellos de botella logísticos severos. El costo de transporte y la deficiencia en transmisión eléctrica aumentan el costo total de la energía entregada a la industria. Aunque la electricidad sea barata en la generación, las pérdidas operacionales y la ineficiencia logística erosionan parte del diferencial competitivo.
El resultado es un paradójico: energía barata, pero no siempre disponible donde y cuando se la necesita.
Sin una diversificación de la matriz, Paraguay corre el riesgo de transformar uno de sus principales activos, la energía, en un cuello de botella para el crecimiento.
El ser humano y su demanda energética: el consumo total de energía de una vida
Se realizó un estudio para calcular la energía total que un ser humano promedio consume, sumando electricidad residencial, combustibles para transporte (autos, aviones), calefacción, y la energía indirecta utilizada en la producción de bienes y servicios.
Utilizando una estimación de alto consumo (estilo de vida occidental en un país desarrollado) de aprox. 58.000 kWh/año (equivalente al consumo de energía total per cápita) que a lo largo de 80 años (estimación de vida promedio en Occidente) puede llegar al monto de aproximadamente 4.650.000 kWh.
Uranio enriquecido necesario (combustible)
Considerando la densidad energética del Uranio-235 de aproximadamente 24.000.000 kWh/kg y el enriquecimiento típico del combustible (aproximadamente 4%), tenemos una masa de Uranio enriquecido de aproximadamente 4,85 kg.
El volumen de ese combustible nuclear sólido, en forma de pastillas de dióxido de uranio (UO2), sería de aproximadamente 440 ml.
Esto significa que “Todo el residuo nuclear generado por suplir toda la energía (electricidad, transporte, industria) de una persona durante 80 años cabe en una lata de refresco de 473 ml”.
El problema de la seguridad operativa y la gestión de residuos
La energía nuclear se presenta como una necesidad estratégica para Paraguay, que busca garantizar su demanda energética hasta el 2035. La adopción de Pequeños Reactores Modulares (SMRs) exige enfocarse en dos pilares esenciales: seguridad operativa y gestión de residuos, siendo la seguridad el factor que transforma el átomo en un ancla energética sustentable.
- Seguridad operativa y riesgo mitigado
- Marco regulatorio: La transición a una matriz híbrida exige reformas, incluyendo la creación de una agencia reguladora nuclear independiente y la ratificación de acuerdos con la Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La adhesión a estos estándares no es solo una obligación, sino una ventaja competitiva, atrayendo capital institucional y facilitando alianzas estratégicas.
- Rareza estadística de accidentes: El estándar global para clasificar eventos nucleares es la Escala Internacional de Eventos Nucleares y Radiológicos (INES). Históricamente, en decenas de miles de «años-reactor» acumulados, solo dos eventos alcanzaron el nivel más alto (INES 7 – Accidente Grave): Chernóbil (1986) y Fukushima Daiichi (2011). Esta tasa de falla catastrófica es extremadamente baja, demostrando la alta resiliencia inherente de los diseños de contención.
- Seguridad comparativa: Cuando se evalúa por la métrica de fatalidades por Teravatio-hora (TWh), la energía nuclear es una de las fuentes más seguras.
- El carbón es responsable de 24,6 muertes por TWh.
- La energía nuclear registra solo 0,07 muertes por TWh, un número comparable a las mejores fuentes renovables y significativamente inferior a los combustibles fósiles.
- El carbón causa 263 veces más muertes que la nuclear, convirtiendo la transición a fuentes limpias en un imperativo de salud pública.
- Innovación de los SMRs: Los Pequeños Reactores Modulares (SMRs) y la Generación IV representan un avance crucial en seguridad, migrando de sistemas de seguridad activos (que dependen de bombas y electricidad de emergencia) a sistemas pasivos. Estos sistemas pasivos utilizan leyes de la física (gravedad, convección) para garantizar el enfriamiento y apagado seguro del reactor, eliminando el vector de falla que condujo al desastre de Fukushima y convirtiendo el sistema en intrínsecamenteseguro.
- Sustentabilidad del ciclo del combustible (el reciclaje es posible)
- El desafío de los residuos: El volumen total de la basura nuclear generada al suplir toda la energía (electricidad, transporte, industria) de una persona por 80 años cabe en una lata de refresco de 473 ml, dada la extrema densidad energética del uranio. El problema central es la radiotoxicidad a largo plazo de los residuos de alto nivel.
- Cierre del ciclo: El futuro de la sustentabilidad nuclear reside en el cierre del ciclo del combustible a través del reprocesamiento y los Reactores de Neutrones Rápidos (Fast Reactors).
- Reducción de Volumen y Toxicidad: El reprocesamiento permite separar los productos de fisión, reduciendo el volumen de residuos de alto nivel a ser almacenados en depósitos geológicos en hasta un 95%. Al «quemar» los actínidos (metales de transición interna) de vida larga, el proceso reduce el tiempo de aislamiento seguro necesario para la basura nuclear de cientos de miles de años a solo unas centenas o milenios.
- Recurso Inagotable: Los Reactores de Neutrones Rápidos tienen la capacidad de convertir el uranio-238 (que constituye cerca del 99% del uranio natural) en plutonio-239, un nuevo combustible físil. Esto los transforma en reactores reproductores (breeders) y garantiza que las reservas mundiales de uranio se conviertan en un recurso prácticamente renovable e inagotable por cientos de años.
Al adoptar los SMRs, Paraguay invierte en una tecnología que ofrece seguridad intrínseca y se alinea con el futuro dominio de un ciclo de combustible completo, que puede transformar el pasivo ambiental en un activo estratégico de seguridad de recursos a largo plazo, especialmente considerando los indicios de reservas de uranio en el país. La energía nuclear es el seguro de estabilidad para la era digital y una herramienta esencial de adaptación climática.
El despertar nuclear: la nueva ola global de energía
El mundo vive una revalorización del nuclear. Tras décadas de resistencia política y ambiental, la transición energética global y la crisis climática recolocaron la energía atómica en el centro del debate. Países como Francia, Reino Unido, Estados Unidos y hasta Polonia y Corea del Sur anunciaron planes de expansión nuclear para alcanzar sus metas de neutralidad de carbono.
En 2022, la Unión Europea dio un paso decisivo al clasificar la energía nuclear como “verde” dentro de su taxonomía de finanzas sostenibles. Esa decisión abrió las puertas para miles de millones de euros en inversiones verdes destinados a proyectos nucleares. El mensaje es claro: no hay descarbonización sin energía nuclear.
Además de limpia, la energía nuclear es densa y constante. Mientras un reactor nuclear emite menos de 15 gramos de CO₂ por kWh, el gas natural supera los 400 g, y el carbón puede llegar a 800 g. En términos de eficiencia, un kilo de uranio produce tanta energía como millones de kilos de carbón. Ninguna otra fuente combina tamaña densidad, estabilidad e independencia climática.
“El nuclear no es lo opuesto a lo verde; es lo verde en su forma más concentrada”.
Para Paraguay, que busca consolidar una economía de base tecnológica y exportar servicios digitales, la energía nuclear sería un nuevo diferencial competitivo.
Data centers, minería de criptoactivos, industrias de semiconductores e inteligencia artificial no toleran interrupciones.
Un apagón de minutos puede costar millones.
La energía nuclear, en ese contexto, ofrece la confiabilidad que el país necesita para atraer inversión de alto valor agregado.
Oportunidad Paraguaya: SMRs y soberanía energética
El modelo tradicional de usinas nucleares, de gran porte, siempre fue criticado por los altos costos de capital y los largos plazos de construcción. Los Pequeños Reactores Modulares (SMRs) surgen como una alternativa disruptiva. Construidos en módulos estandarizados, fabricados en ambiente controlado y transportados hasta el lugar de instalación, los SMRs reducen drásticamente el riesgo de atrasos y sobrecostos.
Cada módulo puede generar entre 100 y 500 megawatts, suficiente para abastecer ciudades enteras o grandes complejos industriales. Además, la escalabilidad permite que nuevos módulos sean añadidos conforme la demanda crece. El costo de capital proyectado es del orden de US$ 2.000 a US$ 2.500 por kWe(Kilovatio-eléctrico), con una vida útil superior a 60 años.
Paraguay tiene un diferencial adicional: indicios de reservas de uranio en su territorio, particularmente en las ciudades de Yuty y Oviedo, exploradas por la Uranium Energy Corp (UEC).

Aunque aún no confirmadas como reservas comerciales, esas yacimientos refuerzan el potencial de una cadena de valor nuclear integrada, desde el combustible hasta la generación. Esto representaría no solo autonomía energética, sino también una nueva frente de exportación tecnológica y mineral.
Desde el punto de vista ambiental, el impacto territorial de los SMRs es mínimo. Una usina modular de 500 MW ocupa menos de 10 hectáreas, mientras que una hidroeléctrica de potencia equivalente requiere cientos de kilómetros cuadrados de área inundada.
Además, la generación nuclear no depende de lluvias ni emite gases de efecto invernadero.
Viabilidad económica y retorno estratégico
La viabilidad económica de la energía nuclear no se resume al costo por megawatt. Lo que está en juego es el valor estratégico de la energía. En un escenario de volatilidad hídrica y aumento de la demanda, tener una fuente estable reduce riesgos macroeconómicos y aumenta la previsibilidad fiscal.
Un SMR de 500 MW requeriría una inversión aproximada de US$ 1,25 mil millones, con un retorno proyectado en cerca de 14 años, considerando tarifas promedio de US$ 23/MWh. El retorno puede acelerarse si la energía se vende a consumidores premium como industrias de IA, minería de datos o exportadores de energía limpia para países vecinos. Contratos de largo plazo (PPAs) pueden garantizar estabilidad de ingresos y atractividad para inversores institucionales.
Además, la introducción de energía nuclear libera la energía hidroeléctrica para exportación, generando divisas y fortaleciendo las reservas internacionales. Cada megawatt-hora añadido por SMRs amplía el margen fiscal y comercial del país.
Desafíos institucionales y caminos para el éxito
La transición hacia una matriz híbrida hidro-nuclear requiere reformas profundas.
Paraguay necesitará:
- Crear una agencia reguladora nuclear independiente, con capacidad técnica y credibilidad internacional;
- Ratificar acuerdos de cooperación y salvaguardas con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA);
- Formar recursos humanos especializados en ingeniería nuclear, seguridad y operación de SMRs;
- Establecer un marco jurídico y fiscal que ofrezca previsibilidad a los inversores;
- Desarrollar asociaciones estratégicas con países que ya dominan la tecnología modular, como Canadá, EEUU, Corea del Sur y Francia.
Esas medidas exigen tiempo y coordinación, pero el beneficio potencial es inmenso. Paraguay puede ser pionero en América del Sur al integrar energía hidroeléctrica y nuclear en un modelo complementario y sostenible.
“La energía nuclear es el seguro de estabilidad de la era digital. Quien lo adopta primero, cosecha el dividendo de la confianza”.
Un nuevo contrato energético para el siglo XXI
La integración entre el legado hídrico y el futuro nuclear no es una sustitución, sino una evolución natural. La energía de las aguas y de los átomos pueden coexistir armoniosamente, formando la columna vertebral de una economía de innovación.
Al adoptar los SMRs, Paraguay conseguiría:
- Garantizar autosuficiencia energética de largo plazo
- Estabilizar el sistema durante sequías o picos de demanda
- Atraer inversiones de alto valor tecnológico
- Fortalecer su posición geopolítica en el Cono Sur
- Diversificar su matriz y reducir riesgos fiscales y ambientales. Esa transición no precisa ocurrir de forma abrupta.
Un plan en tres fases sería el más prudente:
- 2025–2028: estudios de viabilidad, creación de un marco regulatorio y asociaciones internacionales
- 2028–2032: implantación de una unidad piloto de 100 MW y formación de recursos humanos
- 2032–2040: expansión modular hasta 1 GW, integración con el sistema eléctrico nacional y exportación de conocimiento técnico
Con disciplina institucional y visión de Estado, Paraguay puede convertirse en el laboratorio energético de América del Sur.
Conclusión: Entre el agua y el átomo
Paraguay enfrenta una decisión histórica. Continuar dependiente de un recurso natural cada vez más volátil o construir una base energética resiliente, firme y tecnológica. La energía nuclear, sobre todo en su forma modular y segura, no es un capricho futurista; es una necesidad estratégica.
En 2035, cuando la demanda supere la oferta y las hidroeléctricas alcancen su límite físico, será tarde para iniciar esa transición.
El momento es ahora. “Paraguay siempre fue un país de agua. Pero, si quiere seguir siendo un país de energía, necesita aprender a dominar el fuego del átomo”.
Augusto Fabrini
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