La calificación BBB- cambia la posición de Paraguay en el sistema financiero internacional y redefine el tipo de capital que empieza a mirar al país: menos oportunista, más estructural y de largo plazo.
Para Mario Contreras, consultor estratégico y gerente comercial de Altea SA, el verdadero desafío no es acceder al financiamiento, sino transformar esa credibilidad en inversión productiva, infraestructura y desarrollo institucional.
El acceso de Paraguay al Grado de Inversión marca un antes y un después en la conversación económica del país. No se trata solo de una mejora técnica en la calificación crediticia, sino de un cambio profundo en la percepción de riesgo, en el acceso al capital y en las exigencias que se imponen a la política económica.
En esta entrevista con PLUS, Mario Contreras analiza cómo este nuevo escenario impacta en el Estado y el sector privado, qué sectores se beneficiarán primero y por qué la calificación BBB- representa más una responsabilidad que un premio en una región acostumbrada a la volatilidad.
PLUS: ¿Qué cambios estructurales habilita para la economía paraguaya el acceso al Grado de Inversión y cuáles de estos efectos pueden observarse en el corto, mediano y largo plazo?
Mario Contreras: El acceso al Grado de Inversión marca un cambio estructural en la percepción de riesgo país de Paraguay. No es un efecto puntual, sino una nueva posición dentro del sistema financiero internacional.
En el corto plazo, el impacto más visible es reputacional: Paraguay entra con fuerza al radar de inversionistas institucionales que antes no podían considerar al país por restricciones internas. Esto mejora el diálogo financiero, amplía el universo de potenciales financiadores y contribuye a reducir gradualmente las primas de riesgo.
En el mediano plazo, el efecto se traslada al costo y disponibilidad de financiamiento. El Estado puede acceder a crédito externo en mejores condiciones, y el sector privado empieza a beneficiarse de líneas de mayor plazo, menor costo y más profundidad de mercado. Esto favorece la inversión en infraestructura, energía, industria y desarrollo inmobiliario formal.
En el largo plazo, el Grado de Inversión habilita algo aún más relevante: planificación de desarrollo. Cuando el financiamiento deja de ser una restricción crítica, el foco se desplaza hacia la calidad de los proyectos, la productividad y el fortalecimiento institucional. Ahí es donde el impacto se vuelve verdaderamente estructural.
¿Cómo impactará la calificación BBB- en el costo de financiamiento del Estado y del sector privado, y qué sectores productivos podrían beneficiarse primero?
Mario Contreras: La calificación BBB- implica una reducción del riesgo percibido, lo que se traduce en menores tasas de interés y mejores plazos de financiamiento.
Para el Estado, esto abre la posibilidad de emitir deuda con spreads más bajos, reducir el costo del servicio de la deuda y mejorar la gestión fiscal en el tiempo. En un contexto regional donde varios países enfrentan restricciones crecientes de financiamiento, este punto es especialmente relevante.
Para el sector privado, el efecto es gradual, pero significativo. Bancos internacionales, fondos de inversión y organismos multilaterales pueden estructurar financiamiento con menor prima de riesgo, lo que reduce el costo del capital para empresas paraguayas.
Los primeros sectores en beneficiarse tienden a ser aquellos con capacidad de absorber capital y generar efectos multiplicadores: infraestructura y construcción; energía y logística; agroindustria con valor agregado; desarrollo inmobiliario formal y de escala; e industria orientada a exportación.
¿Qué factores fueron determinantes para que Standard & Poor’s otorgue el Grado de Inversión a Paraguay y qué riesgos podrían comprometer su sostenibilidad?
Mario Contreras: El otorgamiento del Grado de Inversión responde a una combinación de factores consistentes en el tiempo. Entre los principales, destacan la disciplina fiscal relativa y niveles de deuda pública manejables; el historial de cumplimiento de obligaciones financieras; una política monetaria creíble y el rol institucional del Banco Central; un crecimiento económico sostenido por encima del promedio regional; y una estabilidad macroeconómica comparativamente favorable en América Latina.
Sin embargo, la sostenibilidad de esta calificación no está garantizada. Los principales riesgos son el deterioro fiscal estructural; el uso ineficiente del mayor acceso al crédito; el debilitamiento institucional; la falta de reformas que acompañen el crecimiento; y choques externos mal gestionados.
El Grado de Inversión exige más disciplina, no menos.
En el contexto regional, ¿cómo cambia el posicionamiento de Paraguay frente a otros países de América Latina y qué tipo de inversor internacional podría empezar a mirar al país con mayor interés?
Mario Contreras: En una región marcada por alta volatilidad macroeconómica, Paraguay pasa a ocupar un posicionamiento diferencial: estabilidad relativa, bajo endeudamiento y, ahora, Grado de Inversión.
Esto no convierte al país en una economía desarrollada, pero sí en una alternativa atractiva dentro del riesgo emergente. Paraguay empieza a competir no por tamaño, sino por previsibilidad.
El perfil de inversor que podría aumentar su interés incluye fondos institucionales de largo plazo; fondos de infraestructura; inversores inmobiliarios regionales y extra regionales; capital estratégico que privilegia estabilidad por sobre rentabilidad especulativa; y empresas que evalúan relocalización productiva o expansión regional.
El cambio es cualitativo: menos capital oportunista, más capital estructural.
PLUS: ¿Estamos ante una oportunidad histórica para acelerar el desarrollo económico y social del país, y qué reformas o decisiones clave deberían tomarse ahora para capitalizar plenamente el Grado de Inversión?
Mario Contreras: Sí, estamos ante una oportunidad histórica, pero también ante un punto de inflexión. El Grado de Inversión no es el objetivo final; es la herramienta.
Para capitalizarlo plenamente, Paraguay debería avanzar en consolidación fiscal responsable; priorización de inversión pública de alto impacto; fortalecimiento institucional y regulatorio; mejoras en educación, capital humano y productividad; y desarrollo de mercados de capitales locales más profundos.
El mayor riesgo no es perder el Grado de Inversión, sino no aprovecharlo. La diferencia entre países que transforman esta calificación en desarrollo y los que no, está en la calidad de las decisiones que se toman inmediatamente después.
Yo lo interpreto más como un punto de inflexión que como una meta en sí misma. La calificación BBB- confirma que Paraguay logró algo poco frecuente en la región: construir una trayectoria de estabilidad y previsibilidad que el mercado internacional considera creíble. Eso no es menor. Cambia la conversación, cambia el tipo de inversor que mira al país y amplía de forma concreta el acceso al capital.
Pero el Grado de Inversión no se capitaliza automáticamente ni por decreto. Es una oportunidad que exige decisiones de calidad. El verdadero desafío empieza ahora: transformar ese mayor acceso a financiamiento en inversión productiva, en infraestructura bien ejecutada, en logística, en energía, en capital humano y en instituciones que reduzcan fricciones en lugar de crearlas.
Si el país utiliza esta credibilidad para financiar gasto sin retorno o posterga reformas necesarias, el beneficio se diluye e incluso se pone en riesgo la calificación. En cambio, si se usa con disciplina y prioridades claras, el Grado de Inversión puede convertirse en una palanca real de desarrollo.
En ese sentido, más que un premio, lo veo como una responsabilidad: la de tomar mejores decisiones cuando el margen de error es menor, pero el potencial es mucho mayor.
Perfil – Mario Contreras
Profesional con formación en administración, economía y marketing. Inició su carrera en Chile, país de origen, desempeñando funciones de gestión y liderazgo.
Posteriormente residió cerca de seis años en Suecia, donde desarrolló experiencia en entornos industriales y educativos, con foco en mejora continua, control de calidad y análisis operativo, complementada con formación en negocios y análisis digital, dentro de un contexto altamente estructurado.
Actualmente se desempeña como consultor estratégico y ocupa la gerencia comercial de Altea SA, con foco en desarrollo de proyectos y posicionamiento, integrando experiencia corporativa, visión internacional y conocimiento del mercado local.
Hoy en día cursa otros estudios administrativos, en modalidad online en Estados Unidos, como parte de un proceso de formación continua orientado a seguir profundizando sus estudios.
En el ámbito personal, valora el aprendizaje continuo, el bienestar y el equilibrio entre vida profesional y personal.
