Las proyecciones para la soja zafriña ubican la producción entre 1,3 y 1,6 millones de toneladas, con una superficie estimada de hasta 800.000 hectáreas y foco en semillas de alta calidad.
El maíz zafriña podría alcanzar 6,5 millones de toneladas, impulsado por mejores condiciones de siembra y un crecimiento sostenido del consumo local y regional.
El ciclo agrícola de invierno consolida su importancia estratégica en Paraguay. Con expectativas favorables tanto en soja como en maíz zafriña, el sector apunta a maximizar la eficiencia por hectárea, mejorar la gestión del suelo y responder a una demanda interna en expansión, en un contexto de costos crecientes y mayor exigencia tecnológica.
Las expectativas para la cosecha de soja y maíz zafriña se mantienen en niveles optimistas, con rindes promedio que permiten dimensionar volúmenes de eficiencia acordes al potencial productivo del país. Así lo señaló Alex Roman, director ejecutivo de Agrotec, empresa del grupo Agrihold, al analizar el escenario del ciclo agrícola de invierno.
La cosecha de soja de invierno comenzará a finales de abril y se extenderá durante mayo. En términos de productividad, las estimaciones ubican el volumen entre 1,3 y 1,6 millones de toneladas, abarcando una superficie de entre 600.000 y 800.000 hectáreas. Más allá del volumen, la soja zafriña cumple un rol clave como base semillera, al priorizar la obtención de semillas de alta calidad que aseguren un buen punto de partida para las campañas siguientes.
En este marco, la rotación soja–maíz gana terreno como estrategia para mejorar la rentabilidad y la estabilidad productiva. La adopción de este esquema permite aprovechar mejor el perfil del suelo y distribuir riesgos, en un contexto climático que viene mostrando episodios de lluvias intensas.
Uno de los puntos de atención del actual ciclo es la compactación del suelo. El tránsito de maquinaria pesada y el exceso hídrico del último año obligan a medir y corregir esta variable para no comprometer los rindes. La respuesta técnica se apoya en la rotación de cultivos, prácticas de remoción controlada y un manejo integrado de plagas y enfermedades, con el objetivo de recuperar estructura y eficiencia productiva.
Desde una mirada más amplia, el sistema productivo atraviesa una nueva fase. Tras el paso del arado a la siembra directa y la posterior evolución en el uso de agroquímicos, hoy se incorporan insumos biológicos que buscan equilibrar productividad y cuidado ambiental, alineando las prácticas agrícolas con criterios de sustentabilidad.
Maíz zafriña: más área y mejores condiciones
Para el maíz zafriña, las proyecciones también son alentadoras. La siembra temprana de la soja de verano habilitó una mayor ventana para el maíz, lo que podría traducirse en un área de entre 1,1 y 1,2 millones de hectáreas. Con rindes promedio estimados entre 5.500 y 6.000 kilos por hectárea, la producción total rondaría los 6,5 millones de toneladas.
El destino de ese volumen muestra un cambio estructural relevante: el consumo interno ganará peso. La puesta en marcha de nuevas plantas de etanol y la expansión de la industria frigorífica podrían absorber hasta 3 millones de toneladas en el mercado local. A esto se suma una mayor demanda desde Brasil, impulsada por el crecimiento de la producción ganadera, aviar y porcina.
Eficiencia por hectárea, el eje del negocio
Con costos de producción en alza, el desafío central para los productores pasa por lograr más kilos por hectárea. Esto implica un manejo cada vez más preciso del suelo, la correcta elección de semillas y decisiones basadas en datos. En ese sentido, la interpretación de variables agronómicas y el uso de tecnología aplicada al campo se vuelven determinantes para sostener márgenes.
El escenario que se perfila para la zafriña de invierno combina buenos fundamentos productivos con una demanda en expansión. La clave estará en capitalizar estas condiciones mediante prácticas que mejoren la eficiencia, cuiden el recurso suelo y consoliden un crecimiento sostenible del sector agrícola paraguayo.
