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Mientras Brasil pierde fábricas, Paraguay las gana: ¿cambio estructural en el Mercosur?

Por Alexandre Perini

Durante décadas, Paraguay ocupó un lugar marginal en la narrativa industrial de América del Sur. Sin litoral marítimo, con una economía pequeña y una reputación internacional marcada más por el contrabando que por la manufactura, el país parecía condenado a un rol secundario. Sin embargo, en los últimos años esa imagen comenzó a resquebrajarse. Mientras Brasil —la mayor potencia industrial de la región— ve salir fábricas, Paraguay empieza a recibirlas.

El fenómeno no es anecdótico. Medios internacionales como The Wall Street Journal han destacado el traslado de empresas manufactureras brasileñas hacia territorio paraguayo, atraídas por un combo que hoy resulta difícil de ignorar: costos más bajos, incentivos fiscales claros, energía abundante y un marco regulatorio más simple. Para los inversionistas, la pregunta ya no es si el movimiento existe, sino si se trata de una oportunidad estructural o de una ventaja que podría diluirse con el tiempo.

El contexto: cuando la industria busca previsibilidad

Desde 2013, decenas de fábricas brasileñas han comenzado a operar en Paraguay, especialmente en zonas como Ciudad del Este y Hernandarias. El traslado responde a una lógica empresarial clásica: proteger márgenes y asegurar previsibilidad operativa. En Brasil, hasta el 40% del costo de producción industrial puede estar asociado a impuestos, además de una compleja legislación laboral y elevados costos energéticos. El resultado es una estructura que penaliza la eficiencia.

Paraguay ofrece el contraste. Un régimen impositivo simple, energía eléctrica competitiva gracias a Itaipú y Yacyretá, y menores cargas laborales crean un entorno donde producir resulta sensiblemente más barato. Según datos citados por el Wall Street Journal, el impacto ya es tangible: más de 13.000 empleos industriales creados directamente, con efectos multiplicadores en servicios, logística y comercio.

Para un país de casi siete millones de habitantes, estas cifras no son menores. Representan no solo empleo, sino transferencia de know-how, incorporación de tecnología y un cambio en la matriz productiva.

Más que costos bajos: el valor de las reglas claras

Reducir el fenómeno a una simple “competencia por costos” sería un error. El capital productivo no se mueve solo por salarios más bajos. Busca, sobre todo, reglas claras y estabilidad. En este punto, Paraguay ha sabido construir una propuesta atractiva: impuestos previsibles, incentivos bien definidos —como el régimen de maquila— y menor incertidumbre regulatoria.

En contraste, Brasil ocupa el puesto 123 de 190 en el ranking de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial, una señal de alerta para cualquier directorio industrial. No se trata de falta de mercado o de talento, sino de fricciones institucionales que encarecen cada decisión.

Para el inversionista, la ecuación es clara: menos tiempo dedicado a cumplir trámites significa más tiempo para producir, innovar y escalar. Paraguay, hoy, ofrece justamente eso.

El desafío silencioso: infraestructura y capital humano

Sin embargo, atraer fábricas es solo el primer paso. Consolidar una ventaja competitiva exige resolver desafíos estructurales. La infraestructura logística sigue siendo un cuello de botella: rutas, puertos fluviales, transporte multimodal y conectividad son claves para sostener un proceso de industrialización más profundo.

El capital humano es otro factor crítico. La industria que llega hoy demanda mano de obra, pero la industria que Paraguay quiere atraer mañana requerirá técnicos especializados, ingenieros, mandos medios capacitados y sistemas de formación alineados con las necesidades productivas. Sin inversión sostenida en educación y capacitación, el riesgo es quedar atrapados en actividades de bajo valor agregado.

A esto se suma la estabilidad institucional. La confianza del inversor no se construye solo con incentivos fiscales, sino con la certeza de que las reglas no cambiarán de forma abrupta. La ventaja paraguaya puede ser duradera, pero no es automática.

¿Hub industrial del Mercosur o oportunidad pasajera?

El movimiento de fábricas desde Brasil hacia Paraguay refleja una tendencia global: el capital productivo se relocaliza hacia territorios que combinan eficiencia, previsibilidad y visión de largo plazo. En ese sentido, Paraguay tiene una oportunidad histórica de posicionarse como un hub industrial del Mercosur, especialmente para manufactura orientada a exportación.

Pero la historia regional está llena de ejemplos de países que ganaron inversiones rápidamente y las perdieron igual de rápido por falta de planificación. Competir solo por costos es una carrera de corto plazo. Competir por institucionalidad, talento e infraestructura es una estrategia de desarrollo.

Para el inversor, Paraguay ofrece hoy una ventana atractiva: un país que empieza a integrarse a las cadenas industriales regionales, con ventajas claras frente a sus vecinos. Para el país, la decisión es más profunda: transformar este flujo de capital en desarrollo sostenible o limitarse a ser un destino fiscalmente conveniente.

Una decisión estratégica

La pregunta final no es si Paraguay puede atraer industria —eso ya está ocurriendo—, sino si puede convertir esa atracción en una plataforma de crecimiento de largo plazo. El capital productivo ya dio una señal clara: está dispuesto a cruzar la frontera. Ahora, el desafío es consolidar un entorno donde esas fábricas no solo lleguen, sino que se queden, crezcan y se integren a una estrategia nacional de desarrollo.

En un Mercosur que busca redefinirse, Paraguay tiene la posibilidad de jugar en otra liga. La ventaja existe. Lo que falta definir es si será pasajera o estructural.

Alexandre Perini 

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