Por Alexandre Perini
Reducir la informalidad laboral dejó de ser solamente una consigna social. En Paraguay, empieza a convertirse en una variable estratégica que el capital —local e internacional— observa con atención creciente.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Paraguay se encuentra entre los países con mayor tasa de informalidad laboral en Sudamérica. Comparte ese grupo con Ecuador y Perú, mientras que Bolivia registra los niveles más elevados, cercanos al 80 %. En contraste, Uruguay y Chile muestran porcentajes significativamente menores. No se trata solo de una comparación estadística: es un indicador de madurez institucional.
La informalidad laboral implica empleos sin contrato formal, sin aportes previsionales y sin cobertura de salud. En la práctica, significa trabajadores fuera del sistema administrado por el Instituto de Previsión Social (IPS), sin acceso a jubilación futura y con escasa protección ante contingencias. Para miles de personas, es una realidad cotidiana. Para los inversionistas, es una señal estructural que impacta en productividad, previsibilidad y calidad del entorno de negocios.
Una economía con alta informalidad tiende a recaudar menos, a generar competencia desigual entre empresas formales e informales y a sostener niveles más bajos de productividad promedio. También limita la sofisticación del aparato productivo y dificulta la integración en cadenas de valor más complejas.
Consciente de este escenario, el Gobierno nacional promulgó en agosto 2025 el Decreto N.º 4.416, que establece la Estrategia Integrada de Formalización del Empleo 2025–2028. Más allá del lenguaje normativo, el mensaje es claro: la formalización es una prioridad de política pública.
La estrategia busca simplificar normas, fortalecer controles, incorporar herramientas tecnológicas y articular acciones entre instituciones públicas y el sector privado. El objetivo concreto es aumentar en 6 % la cantidad de trabajadores incorporados al IPS entre 2025 y 2028, tomando como base los 707.638 aportantes registrados en 2023.
Los primeros datos muestran señales alentadoras. El Instituto Nacional de Estadística reportó que en el tercer trimestre de 2025 hubo 146.304 personas más fuera del empleo informal en comparación con el mismo período de 2024. No es aún una transformación estructural definitiva, pero sí una tendencia que marca dirección.
Desde la perspectiva del capital, la formalización tiene efectos multiplicadores. Más trabajadores formales significan ingresos declarados, mayor acceso al crédito, ampliación de la base contributiva y fortalecimiento del sistema previsional. También implica mayor estabilidad laboral, menor rotación y mejores condiciones para la capacitación y el desarrollo de talento.
Paraguay ha construido en los últimos años una reputación basada en estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y atractivo tributario. Sin embargo, la calidad del empleo es la pieza que completa el rompecabezas del desarrollo sostenible. La formalización no solo mejora indicadores sociales; también reduce riesgos regulatorios futuros y fortalece la percepción de seguridad jurídica.
Para fondos institucionales, multinacionales o family offices regionales, esta transición puede representar una oportunidad temprana. Las economías que atraviesan procesos de mejora institucional suelen generar ventanas de entrada interesantes antes de que los indicadores consolidados reflejen plenamente el cambio.
No obstante, el desafío es significativo. Gran parte de la informalidad está vinculada a microemprendimientos y actividades de subsistencia, donde los costos de formalización pueden percibirse como barreras. El equilibrio será clave: facilitar la incorporación al sistema sin desalentar la iniciativa privada.
Aquí el sector privado también juega un papel central. Soluciones digitales para simplificar trámites, esquemas de financiamiento vinculados a la formalización y programas de capacitación pueden acelerar el proceso. La formalización no debe verse únicamente como una obligación regulatoria, sino como un paso hacia mayor competitividad.
Reducir la informalidad laboral es, en esencia, una apuesta por el largo plazo. Implica fortalecer el tejido productivo, ampliar la base de contribuyentes y mejorar la calidad institucional. No es un cambio inmediato, pero sí un proceso que, de consolidarse, puede redefinir el perfil de riesgo país.
Para el inversionista estratégico, las transformaciones estructurales suelen ser más relevantes que los ciclos coyunturales. Paraguay enfrenta aún un camino exigente, pero si logra sostener esta agenda y profundizar la transición hacia mayor formalidad, la recompensa no será únicamente social: será económica.
La nueva frontera de inversión en Paraguay no pasa solo por incentivos fiscales o costos competitivos. Pasa por la capacidad de convertir estabilidad macroeconómica en desarrollo institucional. Formalizar para crecer no es un eslogan; es una señal al mercado.
Fuente
Organización Internacional del Trabajo (OIT)
Instituto Nacional de Estadística (INE), datos de empleo 2025
Decreto N.º 4.416 – Estrategia Integrada de Formalización del Empleo 2025–2028.
Alexandre Perini
Suscribirte en mi Newsletter en LinkedIn
