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Una oportunidad gigante para el gigante

Por Marcelo Berenstein – Socio en Vinculadores

Hace apenas unos días, YPF anunció lo que puede ser el proyecto de inversión privada más grande de la historia argentina: el LLL Oil. Se trata de un megaproyecto enmarcado en el RIGI —el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones— que prevé perforar 1.152 pozos en el corazón de Vaca Muerta, alcanzar una producción de 240.000 barriles diarios de petróleo a partir de 2032 y generar exportaciones por 6.000 millones de dólares anuales. La inversión total: 25.000 millones de dólares en quince años.

Es una cifra que marea. Pero lo más importante para nosotros no es lo que pasa en la Patagonia argentina, sino lo que ese anuncio significa para Paraguay.

¿Qué tiene que ver Vaca Muerta con Paraguay?

Todo. Y es que Vaca Muerta no es solo petróleo. Es también la segunda reserva de gas natural no convencional más grande del mundo. Y Argentina tiene un problema: toda esa energía está atrapada en el sur del continente, lejos de los grandes mercados consumidores. El crudo del LLL Oil irá al Atlántico por el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur. Pero el gas —que también se produce en cantidades gigantescas en esa formación— necesita un camino al norte, hacia Brasil, que consume 70 millones de metros cúbicos diarios y cuya principal fuente de abastecimiento, Bolivia, está en franca declinación.

Ese camino pasa por Paraguay.

El gasoducto que puede cambiar todo

Paraguay lleva más de un año trabajando en el proyecto del Gasoducto Bioceánico. La idea es construir un ducto de más de 1.050 kilómetros que conectaría los yacimientos argentinos con el estado de Mato Grosso do Sul en Brasil, atravesando el Chaco paraguayo siguiendo el mismo trazado de la Ruta Bioceánica.

Los números del proyecto son concretos: 110 kilómetros de tubería en suelo argentino hasta Pozo Hondo, en la frontera del Chaco; 530 kilómetros a través del territorio paraguayo hasta Carmelo Peralta; y 410 kilómetros más del lado brasileño hasta Campo Grande. Una inversión estimada de 2.000 millones de dólares, que aportaría el sector privado. La capacidad inicial sería de 10 millones de metros cúbicos diarios, con posibilidad de crecer hasta 30 millones.

El avance diplomático ha sido notable. En febrero de 2025 se firmó un memorando de entendimiento con Brasil; en junio, otro con el estado de Mato Grosso do Sul; y en julio, durante la Cumbre del MERCOSUR en Buenos Aires, Paraguay firmó otro memorando con Argentina, comprometiendo a ambos gobiernos a crear un grupo de trabajo técnico binacional. El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, la CAF, ya confirmó respaldo financiero para los estudios de armonización normativa.

¿Por qué el anuncio del LLL Oil importa para el gasoducto?

Porque cambia la ecuación de urgencia. Hasta ahora, el gasoducto Bioceánico era un proyecto interesante, pero sin la presión de los mercados. El LLL Oil lo convierte en una necesidad estratégica: Argentina va a tener enormes volúmenes de energía para exportar y necesita corredores. El corredor por Paraguay es, según los estudios técnicos, el más eficiente y competitivo para llevar gas al centro-oeste de Brasil.

Dicho de otra forma: cuanto más grande sea el boom de Vaca Muerta, más urgente se vuelve la infraestructura que Paraguay puede ofrecer.

Y no es solo tránsito. El viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, ha sido claro en que Paraguay tiene interés en reservar parte del volumen para consumo interno: generación eléctrica, industria y, en un contexto donde los centros de datos y la inteligencia artificial demandan cantidades crecientes de energía, también para ese sector tecnológico emergente.

¿Qué puede ganar Paraguay?

Primero, ingresos por peaje. Como corredor de tránsito energético, Paraguay recibiría tarifas por cada metro cúbico que pase por su territorio, una fuente de ingresos estable durante décadas.

Segundo, gas a precio competitivo para su nuestra propia industria. Hoy Paraguay depende casi exclusivamente de su generación hidroeléctrica. Eso es una fortaleza, pero también una vulnerabilidad: ante un escenario de sequía o de aumento de la demanda, el país no tiene una segunda fuente de energía confiable. El gas natural cambiaría eso.

Tercero, desarrollo del Chaco. El trazado del gasoducto coincide con la Ruta Bioceánica, lo que significa que ambas infraestructuras se potencian mutuamente. La llegada de gas a Mariscal Estigarribia y a Carmelo Peralta transformaría esas zonas en polos productivos reales, con industrias que hoy no pueden instalarse allí por falta de energía firme.

Cuarto —y esto es quizás lo más estratégico— Paraguay se convertiría en un hub energético del Cono Sur. No un simple país de paso, sino un nodo central en la red energética de Sudamérica. Eso tiene un valor geopolítico y económico que va mucho más allá del gas en sí.

¿Qué falta?

El proyecto todavía tiene obstáculos reales. Los memorandos firmados establecen grupos de trabajo técnico, pero no comprometen obras ni desembolsos. No hay ingeniería de detalle publicada, no hay contratos de construcción adjudicados, no hay consorcio privado comprometido.

El principal freno hoy es normativo: Paraguay necesita aprobar una ley de hidrocarburos moderna que permita a consorcios privados operar con garantías jurídicas claras. Mientras esa legislación no esté promulgada, los potenciales inversores internacionales no pueden comprometerse. El propio viceministro Bejarano lo reconoció: «Antes de hablar de plazos, necesitamos que el negocio sea viable desde el punto de vista técnico y legal.»

Además, existe una competencia real: el gasoducto Bolivia-Brasil ya existente podría ser reconvertido para llevar gas de Vaca Muerta directamente, sin pasar por Paraguay. Esa alternativa es de menor costo inicial y el mercado privado podría preferirla si los plazos del corredor paraguayo se extienden demasiado.

El tiempo, entonces, es el factor crítico.

 

Lo que Paraguay debe hacer ya

Primero, aprobar el marco legal. La ley de hidrocarburos que permita concesiones claras a privados no puede seguir esperando. Es la condición sine qua non para pasar de los memorandos a los contratos reales.

Segundo, cerrar los contratos de offtake. Los inversores no construyen infraestructura sin demanda garantizada. Paraguay debe consolidar compromisos de compra de gas —tanto para consumo propio como para compradores brasileños— antes de que los privados pongan el primer caño.

Tercero, crear incentivos para la industrialización del Chaco. No alcanza con que el gas pase por Paraguay. El país debe diseñar zonas económicas especiales a lo largo del trazado que atraigan industrias intensivas en energía —química, alimentaria, tecnológica— que justifiquen el consumo interno y hagan el negocio más robusto.

Cuarto, mantener la presión diplomática. El momentum es ahora. El LLL Oil puso a Vaca Muerta en todos los titulares del mundo. Paraguay debe aprovechar esa visibilidad para acortar los plazos de negociación con Argentina y Brasil, y no dejar que las conversaciones técnicas se enfríen.

La ventana no va a estar abierta para siempre

Bolivia está en declinación. Brasil necesita gas. Argentina tiene el recurso. Y Paraguay tiene la geografía.

Pocas veces en la historia un país pequeño tiene la oportunidad de posicionarse en el centro de un corredor energético de escala global. El LLL Oil no es solo una noticia argentina: es el mejor argumento que Paraguay ha tenido en años para acelerar una decisión que ya lleva demasiado tiempo en estudio.

La pregunta no es si Paraguay puede convertirse en hub energético del Cono Sur. La pregunta es si va a tener la velocidad institucional para aprovechar este momento antes de que alguien más lo haga por otra ruta.

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