Hoy parece normal llevar una computadora en el bolsillo, escuchar miles de canciones desde un dispositivo pequeño o abrir una computadora sin necesidad de entender cómo funciona por dentro. Pero durante buena parte de la historia de la informática, la tecnología no estaba pensada de esa manera. El comienzo de ese cambio vino de Apple.
Las computadoras eran grandes, complejas y estaban asociadas principalmente a empresas, universidades y especialistas. En ese contexto, dos jóvenes de California comenzaron a imaginar algo diferente: que una computadora también podía estar en una casa y ser utilizada por una persona común. Esta historia inicia con dos Steve y una computadora hecha a mano.
A mediados de 1971, un amigo en común llamado Bill Fernández, presenta a Steve Wozniak, de 21 años, a Steve Jobs, de apenas 16 años en ese entonces. Para 1975, ambos asistían a la Homebrew Computer Club, un espacio donde aficionados a la informática compartían sus experimentos. Cuando en 1976 Steve Wozniak había finalizado la composición de su propia versión de computadora, este veía una máquina funcional e interesante; no obstante, su amigo y colega, Steve Jobs, vio algo más: un producto revolucionario.
Junto con Ronald Wayne, fundaron Apple Computer Company el 1 de abril de 1976. El primer producto fue la Apple I, una computadora diseñada y construida por Wozniak. Para reunir dinero para el proyecto, Jobs vendió su Volkswagen y Wozniak su calculadora.
Aquella primera máquina todavía estaba lejos de la idea de una computadora lista para cualquier hogar. Pero la Apple II, presentada en 1977, comenzó a mostrar el camino: una computadora más cercana a un producto de consumo, con teclado, carcasa y gráficos en color. Con el tiempo se convirtió en uno de los primeros grandes éxitos de la computación personal.
Apple había encontrado una idea que atravesaría buena parte de su historia: la tecnología debía acercarse a las personas. La acogida de la Apple II fue simplemente excelente: para 1980, había producido alrededor de US$ 117 millones en ventas, a un precio minorita de US$ 1.295 (US$ 6.900 ajustado a 2025). Se estima que vendió unas 7 millones de unidades entre 1978 y 1982.
En 1984, Apple presentó la Macintosh. La gran apuesta estaba en cambiar la manera de interactuar con una máquina. En lugar de depender únicamente de comandos escritos, el usuario podía moverse por una interfaz gráfica utilizando un mouse. La Macintosh ayudó a popularizar una forma más visual e intuitiva de relacionarse con las computadoras personales.
Los conflictos
Pese al arranque auspicioso, la historia de Apple estuvo lejos de ser una sucesión perfecta de éxitos. La buena recepción y las innovadoras prestaciones de la Macintosh no fueron suficientes para lograr unos números de ventas igual de buenos ni para compensar el enorme gasto en publicidad, incluido el icónico comercial “1984”, producido por US$ 1.5 millones de la época (aproximadamente US$ 4.6 millones actuales), dirigido por Ridley Scott y emitido en el medio tiempo del SuperBowl.
En 1985, luego de perder el trono en el mercado de las microcomputadoras contra la gigante IBM y su producto estrella, IMB PC, se desencadenaron una serie de conflictos internos. En enero de ese año, Wozniak, uno de los cofundadores, abandonaría la compañía por frustración con los manejos internos y la necesidad de encarar proyectos personales, centrados principalmente en la programación. Más adelante, en abril, el CEO de aquel entonces de Apple, John Sculley, depuso a Steve Jobs de su cargo y de la empresa que había ayudado a fundar.
Durante los años siguientes Apple lanzó productos importantes, pero también atravesó una etapa de pérdida de dirección, proyectos fallidos y una línea de productos cada vez más confusa.
A mediados de los años noventa, la empresa estaba en una situación complicada. Y entonces ocurrió uno de los regresos más conocidos de la historia empresarial.
Steve Jobs y Apple vuelven por lo alto
En 1996, Apple compró NeXT, la empresa que Jobs había creado después de abandonar Apple. La operación también significó su regreso a la dirección de la compañía.
Su estrategia no comenzó lanzando decenas de nuevos dispositivos. Comenzó reduciendo. “Si yo dirigiera Apple, exprimiría al máximo el Macintosh y me pondría manos a la obra con la próxima gran innovación. La guerra de los PC se acabó. Se acabó. Microsoft ganó hace mucho tiempo”, declaró Jobs en una entrevista, lo que daría una señal clara del rumbo que tomaría con su dirección.
Apple tenía una oferta extensa y difícil de entender. Jobs simplificó el catálogo y concentró los esfuerzos de la compañía en pocos productos. La empresa recuperó una idea central: no competir por tener más opciones, sino por construir productos claramente diferenciados.
En 1998 llegó la iMac. Su diseño colorido rompía con la estética de las computadoras beige que dominaban el mercado. Apple comenzaba a demostrar que una computadora también podía ser un objeto de diseño. En solo 20 semanas, superó las 800.000 unidades vendidas. Era el inicio de una nueva etapa.
Mil canciones en el bolsillo
En 2001, Apple entró en un negocio diferente: la música. Primeramente, sacudiría el mercado discográfico con el lanzamiento de iTunes, una herramienta que evolucionaría en poco tiempo en una tienda digital y, en noviembre de ese año, lanzó el iPod.
El iPod no fue el primer reproductor de música digital. Esa es una parte importante de la historia de Apple: muchas veces su mayor capacidad no estuvo en ser la primera empresa en entrar a una categoría, sino en entender cómo hacer que una tecnología fuera más fácil de usar y más deseable.
El iPod simplificó la experiencia de llevar una biblioteca musical completa en un dispositivo pequeño. Después, la integración con iTunes permitió construir un ecosistema alrededor de la música digital. Hasta su descontinuación en 2022, la línea iPod vendió más de 450 millones de unidades.
La computadora ya no era el centro de todo. Apple estaba comenzando a rodear al usuario con productos conectados entre sí.
El día que Apple dejó de ser una empresa de computadoras
En enero de 2007, Steve Jobs presentó el iPhone.
Ese mismo año, la compañía eliminó la palabra “Computer” de su nombre corporativo y pasó de Apple Computer, Inc. a Apple Inc.
El cambio decía mucho sobre el futuro que imaginaba la empresa.
El iPhone combinó teléfono, navegación por internet y reproducción multimedia en un dispositivo controlado principalmente mediante una pantalla táctil. Con el tiempo, su ecosistema de aplicaciones transformó al teléfono en una plataforma para trabajar, comunicarse, comprar, entretenerse y crear contenido.
Desde entonces, Apple continuó ampliando ese ecosistema con el iPad, Apple Watch, AirPods, servicios digitales y chips diseñados por la propia compañía. La trayectoria de la empresa pasó por productos exitosos, crisis profundas y reinvenciones, pero mantuvo una característica: integrar hardware y software dentro de una experiencia controlada de principio a fin.
La idea detrás de Apple
La historia de Apple puede contarse a través de sus productos, pero hay otra forma de entenderla. La compañía de la manzana ayudó a cambiar la relación entre las personas y la tecnología.
La computadora pasó del escritorio especializado al hogar. La música pasó de discos y archivos dispersos a una biblioteca en el bolsillo. El teléfono dejó de ser solamente un aparato para llamar. Y distintos dispositivos comenzaron a funcionar como partes de un mismo ecosistema.
Ese fue uno de los mayores logros de la empresa: hacer que tecnologías complejas se sintieran simples, personales y, con el tiempo, cotidianas.
Y quizás ahí esté la pregunta más interesante para contar la historia de Apple:
¿Cuántas veces una empresa puede cambiar antes de dejar de ser la misma empresa?
En el caso de Apple, la respuesta parece haber sido otra: cambiar de producto, de industria y de escala, manteniendo una obsesión constante por la forma en que las personas usan la tecnología.
