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La próxima competencia de Paraguay será por el talento

Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios

Hay algo que empezó a llamarme la atención hace un tiempo. No llegué a esta conclusión leyendo un informe ni revisando una estadística. La descubrí después de escuchar la misma conversación una y otra vez en reuniones con empresas que analizan invertir o expandir sus operaciones en Paraguay.

Las primeras reuniones suelen seguir un recorrido parecido. Hablamos del proyecto, del mercado, de la estrategia y de cómo estructurar la operación. Sin embargo, cuando la inversión empieza a convertirse en una decisión concreta, la conversación cambia. El foco deja de estar en el país y pasa a concentrarse en el funcionamiento del negocio. Es entonces cuando aparece una pregunta que hace algunos años casi nunca escuchaba: ¿vamos a encontrar las personas que necesitamos para hacer crecer este proyecto?

Al principio pensé que era una preocupación puntual. Con el tiempo entendí que la misma pregunta empezaba a repetirse en empresas de distintos sectores y de diferentes países. Fue entonces cuando tuve la impresión de que Paraguay estaba entrando en una nueva etapa.

No porque falte talento ni porque el país haya perdido competitividad. Más bien ocurre lo contrario. A medida que Paraguay atrae proyectos más sofisticados, también aumenta la demanda de técnicos, ingenieros, especialistas en tecnología y líderes capaces de acompañar ese crecimiento. Las necesidades de las empresas ya no son las mismas que hace diez años.

Durante mucho tiempo, el gran desafío fue atraer inversiones. Paraguay necesitaba demostrar que podía ofrecer estabilidad macroeconómica, energía competitiva y un entorno favorable para hacer negocios. Ese proceso dio resultados y hoy el país forma parte del radar de empresas que antes ni siquiera lo consideraban para expandir sus operaciones.

Sin embargo, una vez tomada la decisión de invertir, esas ventajas dejan de ser suficientes. La conversación pasa a girar alrededor de una cuestión mucho más concreta: si el país será capaz de acompañar el crecimiento de esa inversión durante los próximos años.

Es ahí donde el capital humano adquiere una dimensión diferente. Construir una planta industrial, incorporar tecnología o ampliar la infraestructura requiere inversión y planificación. Formar personas, en cambio, demanda tiempo, experiencia y continuidad. Es un proceso mucho más lento y, precisamente por eso, uno de los activos más difíciles de desarrollar.

Tengo la impresión de que el talento dejará de ser un tema vinculado únicamente a la educación o al mercado laboral. Cada vez estará más relacionado con la competitividad económica. No porque sea una idea atractiva desde el punto de vista académico, sino porque son las propias empresas las que están empezando a plantearlo en sus procesos de decisión.

Dentro de algunos años, cuando una empresa evalúe instalar una nueva operación en Paraguay, las preguntas sobre energía, infraestructura e incentivos seguirán siendo importantes. Pero sospecho que ninguna será tan decisiva como una mucho más simple: ¿vamos a encontrar las personas que necesitamos para hacer crecer este proyecto?

Si esa tendencia continúa, Paraguay habrá dado un paso importante en su desarrollo. El desafío ya no será únicamente atraer inversiones, sino crear las condiciones para que esas inversiones crezcan, permanezcan y vuelvan a apostar por el país. Porque atraer una inversión siempre será una buena noticia. Conseguir que encuentre el talento necesario para consolidarse será, probablemente, uno de los grandes desafíos de la próxima década.

 

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