A 70 años de su fundación, la compañía incorpora una nueva planta, amplía sus marcas propias y proyecta llegar a Japón, Inglaterra y Chile.
En la foto: Rafael Alfaro, Eduardo Alfaro, María Teresa Alfaro, Myrna Amarilla de Alfaro, Carlos Alfaro y Miguelangel Alfaro
Indega llega a sus 70 años con una nueva etapa de crecimiento. La empresa familiar paraguaya avanza en el fortalecimiento de su capacidad industrial mediante la adquisición de una planta, el desarrollo de nuevas categorías y una estrategia que también apunta a ampliar su presencia internacional.
Fundada en 1956 por el Dr. Carlos Alfaro Sangiouli, la compañía cuenta actualmente con cerca de 700 colaboradores y mantiene involucradas a nuevas generaciones de la familia fundadora.
Carlos Alfaro, director de Indega y nieto del fundador, explicó que uno de los factores determinantes para sostener siete décadas de trayectoria fue la capacidad de la empresa para transformarse y adaptarse a nuevos escenarios.
“La decisión más importante fue no quedarnos quietos. Indega empezó en algo muy distinto a lo que hace hoy, y cada etapa exigió animarse a cambiar”.
En ese recorrido, la compañía desarrolló marcas propias como Yerba Mate Indega y Primicia, al mismo tiempo que incorporó representaciones y diversificó su portafolio. Para Alfaro, ese proceso estuvo acompañado por reinversión, relaciones de largo plazo y el trabajo de las personas que integraron la organización.
La adquisición de una nueva planta marca uno de los principales movimientos de esta etapa. La inversión permitirá sumar capacidad productiva e ingresar a una nueva categoría con productos propios. El crecimiento de la operación será progresivo y también contempla la incorporación de personal conforme aumente la demanda.
“Es una inversión de largo plazo en industria nacional. Nos permite sumar capacidad productiva y entrar a una categoría nueva con marca propia”, señaló Alfaro.
La expansión coincide con el ingreso de la compañía a la categoría de snacks, a través del lanzamiento de Smaily y una nueva línea de Primicia.
La decisión se apoya, según el directivo, en capacidades que la empresa, ya desarrolló a lo largo de su trayectoria: experiencia en alimentos, conocimiento del consumidor y una estructura de distribución consolidada.
En esta primera etapa, la compañía no establece una meta pública de participación para los nuevos productos. La prioridad estará en desarrollar su presencia comercial y lograr la aceptación del consumidor.
“Lo primero es que el producto esté en la góndola, que la gente lo pruebe y que vuelva a elegirlo. Si eso pasa, la participación viene sola”, afirmó.
Nuevos destinos en el mapa
La expansión de Indega también mira hacia el exterior. Actualmente, sus productos llegan a España, República Checa, Estados Unidos, México y Argentina, mientras trabaja para ingresar a Japón, Inglaterra y Chile.
Para acompañar ese proceso, la empresa prevé continuar invirtiendo en capacidad, certificaciones y desarrollo comercial. La estrategia, explicó Alfaro, prioriza la consolidación de cada destino antes que una expansión acelerada.
“Preferimos pocos mercados bien trabajados, con socios serios, antes que estar en muchos lugares sin continuidad”, sostuvo.
De los derivados de la ganadería a un portafolio diversificado
La transformación forma parte de la historia de la compañía. Indega inició sus actividades como Industria de Derivados de la Ganadería, dedicada al acopio, procesamiento y exportación de subproductos ganaderos. En 1957 exportó soja paraguaya desde el puerto de Asunción con destino a Holanda y, en 1966, adoptó su actual denominación.
Décadas después llegaron nuevos negocios y marcas. En los años 80 nació Yerba Mate Indega, actualmente con molino propio en Encarnación; en 1997 se incorporó Primicia y, desde 2000, la compañía amplió su unidad de representaciones.
Hoy, el portafolio combina marcas propias y representadas, mientras la compañía mantiene presencia en Fernando de la Mora, Coronel Oviedo, Encarnación, Ciudad del Este y Concepción.
Con la tercera generación de la familia involucrada en la empresa, el próximo desafío estará puesto en combinar la continuidad de un negocio de siete décadas con una gestión cada vez más profesionalizada.
Alfaro proyecta una compañía con mayor capacidad industrial, marcas propias fortalecidas y una presencia internacional más amplia.
“Me imagino una Indega con más capacidad industrial, marcas propias más fuertes y más presencia afuera. Pero sobre todo una empresa profesionalizada, que funcione con buenos sistemas y buenos equipos, y que no dependa de una sola persona”, expresó.
Para el director, pertenecer a la tercera generación implica también demostrar resultados propios y preparar a la organización para su siguiente etapa.
“El apellido abre pocas puertas si uno no genera resultados propios. Los próximos diez años se ganan igual que los setenta anteriores: trabajando”, concluyó.




