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Ben Silbermann: el hombre que organizó la inspiración de millones

Durante sus primeros meses, Pinterest tenía pocos usuarios, los inversores no terminaban de entenderla y su fundador llegó a contactar personalmente a miles de personas para saber por qué algunas seguían entrando.

Ben Silbermann decidió no perseguir la velocidad que dominaba Silicon Valley. Apostó por guardar aquello que podía inspirar lo que una persona quería hacer después.

Ben Silbermann creció en Iowa dentro de una familia de médicos y durante años parecía encaminado hacia un recorrido mucho más convencional. Estudió en Yale y después trabajó en Google, en un puesto relacionado con publicidad. Estaba dentro de una de las compañías tecnológicas más admiradas del mundo, pero no construía productos directamente. Eso comenzó a incomodarlo.

Silbermann quería crear algo propio y terminó abandonando Google. La decisión parecía mucho más audaz cuando se considera lo que ocurrió después: su primera idea, Tote, una aplicación orientada a compras móviles desarrollada junto con Paul Sciarra, no tuvo el éxito deseado. 

El proyecto tenía demasiadas funciones y llegó en un momento en que el ecosistema de aplicaciones todavía tenía limitaciones. Dentro de aquella experiencia, sin embargo, descubrieron un comportamiento interesante: los usuarios guardaban imágenes de productos que les gustaban. De aquella curiosa observación, apareció otra idea.

Un producto difícil de explicar

Ese comportamiento devino en Pinterest, que fue lanzado en 2010. Su propuesta parecía sencilla: permitir que las personas guardaran imágenes en tableros según sus intereses. 

Pero en aquel momento internet estaba dominado por otro tipo de comportamiento. Facebook y Twitter giraban alrededor de actualizaciones personales y conversaciones en tiempo real. Pinterest era visual, organizado y deliberadamente menos inmediato. El contraste dificultó incluso explicar qué era.

Los inversores no mostraban demasiado entusiasmo y el crecimiento inicial fue lento. En lugar de interpretar aquello como prueba de que el producto estaba equivocado, Silbermann comenzó a observar con atención a quienes sí lo utilizaban, porque aunque eran pocos, parecían entusiasmarse mucho con el proyecto.

Encontrar personas, una por una

A diferencia de muchas historias de Silicon Valley, Pinterest nunca tuvo ese momento inspirador, donde aparecen de un momento a otro millones de usuarios casi de golpe.

Silbermann y su equipo recurrieron a encuentros pequeños, contacto directo con bloggers y conversaciones personales con usuarios. Él mismo respondió solicitudes de soporte desde su correo personal y llegó a incluir su número de teléfono.

También contactó a miles de usuarios para preguntar qué les gustaba y qué no. Evan Sharp, otro de los cofundadores, diría después que probablemente habrían abandonado pocos meses más tarde si Silbermann no hubiera insistido de esa manera. La estrategia tenía un fuerte cariz artesanal para una empresa digital.

No estaban comprando crecimiento masivo. Estaban tratando de comprender por qué una pequeña comunidad sentía que aquel producto era distinto y empezaron a aprender de ella.

Internet como lugar de posibilidades

Silbermann había sido coleccionista desde niño. Guardaba insectos, objetos y cosas que despertaban su curiosidad. Pinterest trasladó parte de esa lógica al mundo digital: no todo lo que una persona encuentra en internet tiene que desaparecer después de verlo.

Puede guardarse, organizarse y convertirse en referencia para decorar una casa, cocinar algo, planificar un viaje, diseñar ropa o imaginar un proyecto todavía inexistente. La plataforma terminó diferenciándose porque no buscaba solamente documentar quién era una persona. También podía revelar quién quería llegar a ser.

Ese matiz cambió su valor comercial. Una fotografía guardada no necesariamente hablaba del pasado. Muchas veces indicaba una intención futura: algo que alguien quería comprar, cocinar, visitar o construir. Pinterest comenzó a convertirse así en un enorme catálogo de intereses.

Crecer después de esperar

La compañía finalmente aceleró su crecimiento y se convirtió en una plataforma global. Pero su origen quedó marcado por aquella primera etapa, cuando la tarea más importante del fundador no consistía en administrar millones de usuarios sino en convencer personalmente a unas pocas personas de que probaran el producto.

Ese comienzo también ayuda a explicar el estilo de Silbermann. Su trayectoria fue menos estridente que la de muchos fundadores tecnológicos de su generación. Pinterest tampoco se construyó inicialmente alrededor de polémica, exposición permanente o el personaje público de su creador.

El producto ocupó el centro. En sus primeros años, mientras otras empresas intentaban capturar cada segundo de atención, Pinterest proponía detenerse frente a una imagen y pensar qué hacer con ella.

Ben Silbermann no acertó porque Pinterest fuera comprendido inmediatamente. Acertó porque encontró a unas pocas personas que sí lo entendían y tuvo la paciencia suficiente para escucharlas. Su historia recuerda que una idea pequeña no siempre necesita parecer enorme desde el comienzo; algunas necesitan primero encontrar a quienes puedan imaginar hasta dónde podría llegar.

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