Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios
Durante mucho tiempo, una de las principales preguntas sobre Paraguay fue cómo atraer más inversiones. Era una preocupación lógica para una economía que necesitaba ampliar su capacidad productiva, generar empleo, diversificar sus exportaciones y atraer capital para financiar nuevos proyectos.
Pero esa discusión está empezando a cambiar.
Paraguay ya no está solamente intentando demostrar que puede recibir inversiones. Los proyectos están llegando, las exportaciones industriales están creciendo y el origen de los capitales que ingresan al país se está diversificando.
Según el Banco Central del Paraguay (BCP), entre 2008 y 2024 Paraguay recibió aproximadamente USD 10.000 millones en flujos netos acumulados de inversión directa. En ese mismo período, el número de países inversores pasó de 39 a 68, mostrando una mayor diversificación del origen de los capitales.
Al mismo tiempo, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) informó que el Régimen de Atracción de Inversiones alcanzó un monto proyectado de USD 448 millones entre enero y julio de 2026, un crecimiento interanual del 32%. En ese período fueron aprobados 116 proyectos, que proyectan la generación de 2.621 nuevos empleos.
Los números muestran una economía con mayor capacidad para movilizar capital.
Pero también plantean una pregunta que considero más importante para la próxima etapa: ¿qué está haciendo Paraguay con ese capital?
No toda inversión produce el mismo resultado
Una inversión puede ampliar la capacidad productiva de una empresa, pero su impacto sobre la economía puede ir mucho más allá de su propio proyecto.
Cuando una nueva industria desarrolla proveedores locales, incorpora trabajadores, introduce tecnología, genera nuevas exportaciones y crea capacidades que pueden ser utilizadas por otras empresas, el efecto económico se multiplica. La inversión deja de ser solamente un proyecto individual y comienza a formar parte de una estructura productiva más amplia.
Por eso, mirar únicamente el monto de una inversión puede resultar insuficiente.
Dos proyectos con valores similares pueden tener efectos muy diferentes sobre el empleo, la productividad, las exportaciones o la creación de nuevas cadenas de proveedores.
Esto no significa que exista una única clase de inversión que Paraguay deba buscar. Una economía necesita distintos tipos de capital y distintos sectores. Pero sí significa que, a medida que aumentan las inversiones, también debería aumentar la capacidad de analizar sus efectos sobre la estructura productiva del país.
La pregunta deja de ser solamente cuánto capital entra.
También importa qué capacidades quedan después de que ese capital entra.
De la inversión al valor agregado
Esta discusión adquiere todavía más importancia cuando observamos la evolución reciente de la industria paraguaya.
Según el MIC, las manufacturas de origen industrial alcanzaron USD 1.313,6 millones en exportaciones entre enero y julio de 2026, con un crecimiento interanual del 35%. En el mismo período, las exportaciones totales del país llegaron a USD 12.133,7 millones, según datos del BCP.
Dentro de este desempeño, las exportaciones bajo el régimen de Maquila alcanzaron USD 860 millones hasta julio, con un crecimiento interanual del 28%. El sector registraba además 38.905 empleos vinculados, un 13% más que un año atrás.
Más allá de los números, lo interesante es la conexión entre inversión, producción y mercados internacionales.
La maquila muestra cómo una inversión puede integrarse a una cadena productiva orientada a la exportación. Los insumos ingresan, son transformados dentro del país y salen nuevamente hacia mercados externos con mayor valor agregado.
Ese proceso es diferente de una economía que simplemente aumenta sus importaciones o exporta productos sin desarrollar nuevas capacidades internas.
Por eso, el próximo desafío de Paraguay no debería ser solamente aumentar la cantidad de inversiones, sino conseguir que una parte cada vez mayor de ellas contribuya a ampliar la complejidad de la economía.
Eso implica más proveedores, más conocimiento, mayor productividad y una participación más profunda de empresas paraguayas en las cadenas de valor.
El capital necesita encontrar una economía preparada
El crecimiento de las inversiones también cambia las exigencias sobre el propio país.
Una empresa puede decidir instalarse en Paraguay por sus costos, su ubicación, el acceso a determinados mercados o las condiciones para producir. Pero una vez tomada esa decisión, necesita encontrar infraestructura, energía, logística, talento y servicios capaces de acompañar la operación.
A medida que aumenta el número de proyectos, estas condiciones dejan de ser solamente factores que ayudan a atraer inversiones y pasan a convertirse en condiciones necesarias para que esas inversiones puedan crecer.
Esta diferencia es importante.
Un país puede ser atractivo para instalar una primera operación y, al mismo tiempo, tener dificultades para acompañar una expansión de gran escala.
Por eso, la agenda de inversiones no puede estar separada de la agenda de infraestructura y productividad. El capital puede llegar rápidamente, pero las capacidades necesarias para sostenerlo requieren planificación y tiempo.
También se necesita más capital nacional
Existe además una parte de esta discusión que muchas veces queda en segundo plano: la capacidad de las empresas paraguayas para invertir y crecer.
La inversión extranjera directa cumple un papel importante como fuente de financiamiento y como mecanismo de integración internacional. El estudio del BCP muestra precisamente una creciente diversificación de los países de origen y una mayor diversificación sectorial, con la manufactura avanzando hacia actividades de mayor valor agregado.
Pero una economía más sofisticada también necesita empresas nacionales capaces de reinvertir, incorporar tecnología, desarrollar nuevos productos y competir fuera del mercado paraguayo.
El desarrollo económico no ocurre solamente cuando una empresa extranjera instala una planta.
También ocurre cuando una empresa paraguaya que comenzó pequeña consigue convertirse en proveedora de una industria internacional, cuando empieza a exportar o cuando desarrolla capacidades que antes tenían que ser importadas.
Por eso, atraer capital extranjero y fortalecer el capital nacional deberían ser partes de una misma conversación.
La próxima discusión será sobre productividad
En última instancia, el valor económico de una inversión depende de lo que consigue producir.
No solamente en términos de volumen, sino también de productividad.
Una empresa que produce más con los mismos recursos, que reduce desperdicios, mejora sus tiempos, incorpora tecnología o consigue acceder a mercados de mayor valor está aumentando su capacidad competitiva.
Esta será una variable cada vez más importante para Paraguay.
El país puede aumentar su stock de capital, ampliar sus exportaciones y recibir nuevos proyectos. Pero si la productividad no acompaña ese proceso, una parte del potencial de crecimiento quedará limitada.
Por eso, la discusión sobre inversiones debería estar cada vez más conectada con la discusión sobre productividad, talento, tecnología e infraestructura.
No como agendas separadas, sino como partes de un mismo proceso.
Paraguay entra en una nueva etapa
Creo que Paraguay está comenzando a superar una etapa en la que el principal desafío era demostrar que podía ser un destino atractivo para los inversores.
La siguiente etapa será más exigente.
El país tendrá que demostrar que puede transformar ese capital en empresas más productivas, cadenas de valor más profundas, exportaciones más sofisticadas y capacidades que permanezcan en la economía.
Eso cambia también la forma de medir el éxito.
El monto proyectado de una inversión sigue siendo relevante, pero ya no cuenta toda la historia. También será necesario observar qué empleos genera, qué proveedores desarrolla, qué tecnología incorpora, cuánto exporta y qué nuevas capacidades crea alrededor de su actividad.
Paraguay tiene hoy una oportunidad importante. El capital está llegando y la economía está ampliando su capacidad productiva.
Pero el verdadero desafío comienza después de la inversión.
Porque atraer capital puede ayudar a financiar el crecimiento.
Lo que definirá la próxima etapa será la capacidad de Paraguay para convertir ese capital en una economía más productiva, más sofisticada y con mayor valor agregado.
