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Dólar cerrará el 2025 cotizando entre 7.100 a 7.300 guaraníes, según proyecciones de Basa Capital

En la foto: Wildo González, economista de Basa Capital.

Impulsada por el consumo y la construcción, la economía paraguaya arrancó 2025 con un crecimiento mayor al esperado; sin embargo, la caída en la confianza del consumidor abre la puerta a un enfriamiento, con proyecciones que oscilan entre 3,8% y 5,2% de expansión anual.

En paralelo, los escenarios macro contemplan un tipo de cambio que podría cerrar el año en un rango de 7.100 a 7.300 PYG/USD, según las estimaciones de Basa Capital.

La economía paraguaya mostró un dinamismo superior a lo esperado en la primera mitad de 2025, con un crecimiento del Imaep de 4,8% interanual en junio y un PIB del primer trimestre en niveles similares. Este desempeño se apoyó en los motores internos y en la resiliencia frente a shocks externos, mientras que el consumo privado continuó siendo un pilar clave, con ventas minoristas creciendo 5,6% anual y un promedio trimestral de 7,3%. La inversión, por su parte, exhibió señales mixtas: fuerte impulso en la construcción y debilidad en maquinaria y equipos.

En contraste con este panorama favorable, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) cayó a 47,8 puntos en julio, permaneciendo por debajo del nivel neutral de 50 por segundo mes consecutivo. Este retroceso podría estar anticipando un consumo privado menos dinámico hacia adelante, dada su alta sensibilidad al mercado laboral, la inflación y la masa salarial. Los datos del primer trimestre ya evidenciaban menor dinamismo en el empleo, y la baja en la confianza sugiere que esta tendencia podría repetirse en el segundo trimestre, con efectos directos sobre la actividad económica en el corto plazo.

Las proyecciones de crecimiento para 2025 se configuran en tres escenarios: uno optimista, con un PIB de 5,2% anual apoyado en la construcción y en un segundo trimestre que rondaría o superaría el 5%; un escenario neutral, en línea con el BCP, con un crecimiento de 4,4% y tasas trimestrales entre 3,6% y 3,3% en la segunda mitad del año; y un escenario pesimista, con mayor debilidad en la confianza y el mercado laboral, que situaría el PIB en 3,8% anual. Estos escenarios también consideran la evolución del tipo de cambio: el “Guaraní 1.0”, vinculado a un ajuste por depreciación para corregir la balanza comercial, y el “Guaraní 2.0”, que proyecta un rango de 7.100 a 7.300 PYG/USD para diciembre de 2025.

1. Actividad económica reciente

En contraste con la debilidad mostrada por el mercado laboral en trimestres anteriores, la economía paraguaya inició 2025 con un dinamismo mayor al esperado, tendencia que se mantuvo durante los meses del segundo trimestre. En términos generales, las señales que podrían anticipar una moderación de la actividad económica —y en particular del consumo privado— aún no se han materializado. Esto plantea riesgos relevantes, dado que la economía ha operado por varios trimestres con un crecimiento muy por encima de las estimaciones del PIB tendencial (e incluso del potencial), lo que podría generar tensiones de estabilidad en algunos sectores.

De acuerdo con datos del Banco Central del Paraguay, el Índice Mensual de Actividad Económica (Imaep) creció 4,8% interanual en junio, mientras que su componente core (que excluye Agricultura y Binacionales) avanzó 5,0%, lo que confirma que los motores internos —no vinculados a recursos naturales— han sostenido un dinamismo importante en los últimos meses. En conjunto, estos resultados sugieren que el PIB del primer trimestre de 2025 se expandió en torno al 4,8% anual, sorprendiendo por su resiliencia frente a shocks climáticos y a la incertidumbre global derivada de la “guerra de tarifas”. Si bien los sectores ligados a recursos naturales mantuvieron un crecimiento intenso pese a la caída de las exportaciones, el desempeño sostenido de los sectores no vinculados a estos recursos plantea una advertencia: varios trimestres consecutivos de expansión por encima de la tendencia podrían no ser del todo saludables, al implicar riesgos de presiones inflacionarias de mediano plazo, reasignaciones ineficientes de recursos y posibles desajustes en sectores específicos de la economía.

El gasto de los hogares continuó siendo un pilar del crecimiento, sostenido por la estabilidad de precios y el acceso al crédito. Las ventas minoristas, medidas por el Estimador Cifra de Negocios (ECN), aumentaron 5,6% interanual, con un promedio trimestral (abril–junio) de 7,3%, destacándose el buen desempeño de los sectores vinculados a bienes de consumo no duradero. En paralelo, las importaciones de este tipo de bienes moderaron su ritmo, pasando de una variación de 18,9% anual en marzo a 5,1% en julio. Sin embargo, esta desaceleración en las importaciones no anticipa una caída significativa en las ventas minoristas, lo que sugiere que el tercer trimestre estaría marcado por la continuidad del dinamismo en el consumo privado.

Los indicadores de coyuntura vinculados a la formación bruta de capital fijo presentaron señales mixtas en el primer trimestre. Considerando el promedio móvil de tres meses, las importaciones de bienes de capital crecieron 5,1% interanual, mientras que los insumos y materiales asociados principalmente a la construcción (bienes intermedios sin combustibles) lo hicieron en torno al 27,1% anual. Esta disparidad evidencia un dinamismo heterogéneo de la inversión, que no siempre queda reflejado en las cifras agregadas. En particular, la formación bruta de capital fijo en maquinaria y equipos estaría mostrando los efectos de shocks externos, lo que limita su expansión. En contraste, la inversión en construcción y otras obras mantiene un fuerte dinamismo, impulsado principalmente por proyectos de edificios residenciales y comerciales.

2. Expectativas de Consumidores (ICC)

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) mide la percepción de los hogares sobre su situación económica actual y sus expectativas para el futuro cercano. Se trata de uno de los pocos —si no el único en nuestro país— denominados soft indicators en los mercados financieros, dado que se basa en encuestas de opinión más que en datos “duros” de la economía. Su relevancia radica en que este tipo de indicadores tienden a anticipar posibles cambios en las condiciones económicas, reflejando tempranamente la confianza o la cautela de los consumidores frente al entorno macroeconómico. En ese sentido, el ICC no proyecta de manera directa el rumbo de la economía, pero sí constituye una señal adelantada sobre tendencias que eventualmente pueden materializarse en la actividad económica, el consumo y la inversión en los meses siguientes.

En julio, el ICC se ubicó en 47,8 puntos, permaneciendo por segundo mes consecutivo por debajo del nivel neutral de 50. ¿Por qué es relevante? Porque valores por encima de 50 reflejan optimismo de los consumidores, mientras que registros por debajo de ese umbral indican pesimismo. Tal como se observa en la figura 7, el indicador no guarda una correlación perfecta con la actividad económica, pero sí sugiere la posibilidad de una desaceleración, en un contexto en el que la actividad ha mostrado resultados favorables muy por encima de la tendencia histórica. Una situación similar se observa en las ventas minoristas (ECN), nuestro mejor proxy del consumo privado, que pese a su volatilidad característica podrían moderar su ritmo de expansión en los próximos meses.

Comúnmente, los indicadores de confianza de los consumidores son especialmente sensibles a la evolución del mercado laboral, la inflación y la capacidad de compra de los hogares, determinada por la combinación entre empleo y salarios. En este contexto, el retroceso reciente del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) podría estar reflejando expectativas menos favorables respecto a estos factores. Los datos disponibles del primer trimestre de 2025 ya evidenciaban un mercado laboral con menor dinamismo; sin embargo, al momento de la redacción de este informe aún no se cuenta con los resultados del segundo trimestre, que serán publicados próximamente. La caída del ICC por debajo del nivel neutral podría estar anticipando un escenario en el que el mercado laboral mantenga un desempeño similar al observado en el primer trimestre, lo que tendría implicancias directas sobre el consumo privado y, en consecuencia, sobre el ritmo de la actividad económica en el corto plazo.

3. Configuración del escenario macroeconómico

La economía paraguaya inició 2025 con un dinamismo mayor al esperado, registrando un crecimiento del Imaep de 4,8% interanual en junio y una expansión similar en el PIB del primer trimestre, impulsada principalmente por los motores internos, en un contexto de resiliencia frente a shocks externos. El consumo privado se mantuvo como un pilar clave de la actividad, con las ventas minoristas (ECN) creciendo 5,6% anual y un promedio trimestral de 7,3%. En contraste, la inversión mostró señales mixtas: fuerte dinamismo en la construcción y mayor debilidad en maquinaria y equipos.

Sin embargo, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) cayó a 47,8 puntos en julio, situándose por debajo del nivel neutral de 50 por segundo mes consecutivo, lo que sugiere un posible enfriamiento del consumo privado. Dado que estos indicadores suelen ser sensibles a la inflación, el empleo y la masa salarial, la baja del ICC podría estar anticipando un mercado laboral menos dinámico, en línea con lo observado en el primer trimestre y a la espera de los datos del segundo trimestre. Esto plantea riesgos de moderación en la actividad económica hacia adelante.

¿Cómo influye esto en las proyecciones de crecimiento? La caída en la confianza de los consumidores contrasta con el dinamismo de la economía, particularmente en el sector no transable —como la construcción—, lo que permite sostener un escenario optimista de crecimiento en torno al 5,2% anual para 2025, con tasas trimestrales del PIB en el segundo trimestre cercanas o superiores al 5% interanual. En un escenario neutral, que incorpora la caída de la confianza y un mercado laboral menos dinámico de lo esperado, la proyección de crecimiento se ubicaría en 4,4% anual, con un ritmo trimestral en el segundo semestre entre 3,6% y 3,3% interanual, en línea con el escenario publicado por el BCP en su último IPoM de junio.

Por su parte, un escenario pesimista, que contemple una persistencia en la caída de la confianza, un debilitamiento mayor del mercado laboral y eventuales shocks externos negativos implicaría un crecimiento por debajo del 3% interanual en el segundo trimestre —posiblemente entre 2,5% y 2,3%—, lo que arrojaría un PIB anual de 3,8%. Si bien este resultado no sería malo en términos absolutos, sí reflejaría una desaceleración respecto a lo inicialmente esperado.

Cabe destacar que en estas proyecciones también están implícitos supuestos de tasa de interés y tipo de cambio. En particular, el escenario pesimista se asemeja al denominado “Guaraní 1.0”, que considera una corrección del déficit de la balanza comercial vía una depreciación cambiaria, encareciendo importaciones y reduciendo presiones sobre exportaciones. En cambio, el escenario neutral, consistente con las proyecciones del BCP, se acerca más al “Guaraní 2.0”, con un rango esperado para diciembre de 2025 entre 7.100 y 7.300 PYG/USD.

 

 

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