por Alexandre Perini
Con crecimiento sólido, grado de inversión y acceso preferencial al mercado europeo, Paraguay enfrenta una ventana histórica. El desafío ahora es convertir estabilidad macro en retornos reales.
Durante años, Paraguay fue percibido como un actor silencioso dentro del Mercosur. Hoy, esa narrativa empieza a cambiar. La activación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea coloca al país en una posición estratégica inédita, abriendo nuevas perspectivas para exportaciones, inversión extranjera directa y transformación productiva.
El presidente Santiago Peña lo resumió con claridad durante el reciente encuentro entre autoridades y líderes del sector privado en Asunción: Paraguay quiere ser competitivo, abierto y protagonista en los mercados del mundo. Más allá del mensaje político, los indicadores acompañan. En 2024, la economía paraguaya creció cerca del 6%, la inflación se mantuvo controlada y el país alcanzó el grado de inversión, un hito que refuerza la confianza del capital internacional.
Aun así, Peña lanzó una advertencia directa: estos logros “no son nada” frente al potencial todavía sin explotar.
Una puerta directa al mercado europeo
El acuerdo con la Unión Europea representa mucho más que una reducción arancelaria. Paraguay fue el primer país del Mercosur en remitir el tratado a su Parlamento, marcando una clara voluntad de avanzar rápido.
Para la ganadería, los granos y la agroindustria, el acceso preferencial a uno de los mercados con mayor poder adquisitivo del mundo abre oportunidades concretas de expansión. Pero Europa no compra commodities sin condiciones. Exige trazabilidad, sostenibilidad y estándares productivos cada vez más rigurosos.
Esto obliga a un salto cualitativo: más tecnología, mayor eficiencia operativa y una integración profunda de toda la cadena de valor. Para el inversor, el mensaje es claro: Paraguay no busca solo exportar más, sino exportar mejor.
Del crecimiento macro a la competitividad real
El gran desafío ahora es transformar estabilidad macroeconómica en competitividad productiva. El país cuenta con ventajas estructurales: abundantes recursos naturales, costos operativos competitivos, energía limpia y una población joven. A esto se suma una ubicación estratégica que lo posiciona como potencial hub logístico del Cono Sur.
El acuerdo con la UE actúa como catalizador. Puede acelerar inversiones en infraestructura, mecanización agrícola, biotecnología, logística y transformación industrial. También abre espacio para proyectos de mayor valor agregado, desde alimentos procesados hasta iniciativas vinculadas a economía verde.
Sin embargo, la apertura implica mayor competencia. Productores locales deberán enfrentarse a jugadores globales con mayor escala. Aquí, el rol del Estado será clave para acompañar al pequeño y mediano productor con acceso a crédito, tecnología y capacitación, evitando que la integración internacional profundice brechas internas.
Más Europa, más región y más Asia
El entendimiento con la UE no solo amplía el acceso al mercado europeo. También reordena el funcionamiento del Mercosur, creando nuevas oportunidades para Paraguay en Brasil y Argentina.
Paralelamente, el Gobierno ya proyecta una estrategia que trasciende Europa, con Asia y Asia Central como próximos grandes desafíos comerciales, en un mundo marcado por la transición energética y la creciente demanda de alimentos.
Para el agro paraguayo, esto significa diversificar destinos, reducir riesgos y consolidarse como proveedor confiable en un escenario global cada vez más volátil.
Un punto de partida, no una solución automática
Lejos de presentar el acuerdo como una solución mágica, Peña lo definió como un punto de partida. Un instrumento capaz de acelerar procesos, atraer inversiones de mayor calidad y posicionar al país en una nueva liga competitiva.
La experiencia internacional muestra que los países que convierten tratados comerciales en desarrollo sostenible son aquellos que alinean sector público y privado, invierten en capital humano y apuestan por innovación. Paraguay tiene ahora la oportunidad de seguir ese camino.
Para los inversionistas, el momento es particularmente atractivo. El país combina estabilidad macro, apertura comercial y un sector agroindustrial con amplio margen de modernización. Las oportunidades abarcan desde proyectos productivos tradicionales hasta soluciones en trazabilidad digital, energías renovables, logística avanzada y transformación alimentaria.
El verdadero partido empieza ahora
“Vale la pena jugar el partido”, afirmó el presidente. La frase sintetiza el momento. Paraguay tiene las condiciones básicas para dar un salto estructural, pero el resultado dependerá de la velocidad de ejecución, la calidad de las inversiones y la capacidad de adaptación.
Con recursos naturales abundantes, una macroeconomía ordenada y acceso ampliado a mercados premium, el país enfrenta una coyuntura histórica. Para el agro, el reto es producir más y mejor. Para el Estado, crear un entorno propicio para el capital. Para los inversionistas, identificar oportunidades antes de que el mercado madure.
Europa abrió la puerta. Ahora, Paraguay debe demostrar que está listo para cruzarla.
Fuentes de información
• Presidencia de la República del Paraguay
• Gobierno de Paraguay – indicadores macroeconómicos 2024
• Encuentro Mercosur–Unión Europea (Asunción)
• Declaraciones oficiales del presidente Santiago Peña

