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Del crecimiento al bienestar: la próxima etapa de Paraguay

Por Alexandre Perini

En las últimas dos décadas, Paraguay ha mostrado una capacidad notable para expandir su economía. Los indicadores financieros del país reflejan consistencia, niveles de deuda manejables y una caída significativa en la pobreza. Sin embargo, la estabilidad macroeconómica ya no garantiza automáticamente mejoras sociales: el verdadero desafío es convertir ese crecimiento en desarrollo sólido y beneficios tangibles para toda la población.

El país enfrenta lo que analistas llaman “éxito económico a nivel macro”: cifras positivas que no siempre se traducen en avances concretos para los ciudadanos. El denominado “efecto derrame”, por el cual la riqueza se distribuye hacia todos los sectores, aún no se materializa plenamente. Entre los factores que explican esta brecha se encuentran instituciones débiles, un sistema tributario limitado, gasto público poco eficiente y la presencia de crimen organizado. En otras palabras, los mecanismos que deberían garantizar la distribución equitativa de los beneficios no funcionan como deberían.

Para los inversionistas, esta realidad es un factor clave. Existen oportunidades para expandirse en el país, pero dependen de un fortalecimiento institucional real. Invertir requiere confianza: claridad en las normas, seguridad jurídica y estabilidad. Esa confianza solo se consolida si las instituciones cumplen su rol de proteger a las personas, sus derechos y su patrimonio, garantizando que la inversión se desarrolle en un entorno predecible.

Gestión fiscal y deuda sostenible

Aunque la deuda de Paraguay se mantiene en niveles moderados, está cerca de sus límites de seguridad. Asegurar la sostenibilidad fiscal no depende solo del endeudamiento, sino de cómo se generan y administran los ingresos del Estado. Es fundamental ampliar la base tributaria y mejorar la eficiencia del gasto público. La formalización de la economía es un componente estratégico: aumenta la recaudación, fortalece la seguridad social y protege a los trabajadores.

Mantener acceso a los mercados de crédito y conservar la calificación de inversión son logros que reflejan disciplina macroeconómica, pero depender únicamente de deuda externa es riesgoso si los recursos internos no crecen de manera sostenible. Para los inversionistas, esto significa que deben considerar tanto la estabilidad financiera como la capacidad del país de generar ingresos propios de forma confiable.

Atractivo para inversión: confianza institucional

Paraguay todavía recibe menos inversión extranjera directa que otros países de la región. Ventajas como un tipo de cambio estable, inflación controlada y crecimiento constante no son suficientes para atraer capital a gran escala. La percepción internacional y la reputación del país son determinantes: para invertir, los actores externos necesitan certezas.

Esto requiere instituciones sólidas, un sistema judicial confiable, cumplimiento de contratos y procesos administrativos simplificados. Proyectos estratégicos podrían movilizar inversión si se desarrollan dentro de un marco institucional robusto. Sin confianza, la infraestructura física y económica disponible no alcanza a liberar todo su potencial.

Reforma tributaria y formalización

El sistema fiscal enfrenta limitaciones estructurales: los ingresos actuales no siempre alcanzan para cubrir las necesidades del Estado, lo que hace urgente ampliar la base tributaria y formalizar la economía. La formalización no solo aumenta la recaudación, sino que brinda protección social a los trabajadores y fortalece la seguridad social.

Una reforma tributaria inteligente puede impulsar la inversión. Impuestos progresivos, bien administrados, fomentan la eficiencia del gasto público, reducen la corrupción y consolidan la credibilidad institucional. Integrar mecanismos de recaudación y seguridad social puede generar un círculo virtuoso: más ingresos, mayor formalización laboral y un entorno más confiable para la inversión.

Asignación de recursos: educación, salud e infraestructura

El crecimiento sostenible depende de cómo se distribuyen los recursos públicos. La inversión debe centrarse en capital humano e infraestructura. En educación, es clave fortalecer la primera infancia y reducir la deserción escolar. En salud, se requiere mejorar la atención primaria y coordinar mejor los servicios públicos.

En infraestructura, las alianzas público-privadas son esenciales. La deuda por sí sola no puede financiar proyectos estratégicos. Invertir con criterio en desarrollo humano y obras de infraestructura no solo eleva la calidad de vida, sino que también hace al país más atractivo para capitales extranjeros.

Ventaja geográfica y oportunidades regionales

Paraguay ocupa una posición estratégica en Sudamérica, con acceso a vías fluviales clave y a la Ruta Bioceánica, que conecta océanos. Combinando estas ventajas con instituciones sólidas, el país tiene potencial para consolidarse como un centro logístico, energético y agroalimentario regional.

Para los inversionistas, la localización geográfica es un activo importante, pero solo alcanza su máximo valor si se cuenta con instituciones confiables, trámites ágiles y un riesgo político controlable.

Perspectiva a mediano plazo: un mercado exigente

En los próximos diez años, el desarrollo de jóvenes capacitados y la expansión de la clase media generarán nuevas demandas en servicios, infraestructura y políticas públicas. Esto representa oportunidades para inversionistas que busquen participar en un mercado que exigirá eficiencia, transparencia y calidad.

El futuro de Paraguay depende de aprovechar su crecimiento económico para fortalecer instituciones, ampliar la protección social y garantizar que la prosperidad llegue a todos. Sin esto, el crecimiento seguirá siendo superficial y vulnerable.

Conclusión: la confianza como motor de desarrollo

El progreso ya no se mide solo por PIB o inflación controlada. La verdadera inversión está en la construcción institucional: reglas claras, justicia efectiva, igualdad de oportunidades y servicios públicos eficientes. Paraguay tiene un alto potencial, pero lograrlo requiere priorizar la credibilidad institucional como eje central de toda inversión.

Crecer con sostenibilidad no es opcional; es una urgencia. El país cuenta con recursos, posición estratégica y bases macroeconómicas sólidas. El éxito dependerá de transformar estabilidad en confianza y confianza en prosperidad compartida.

Alexandre Perini 

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