Los países de la región avanzan en el desarrollo de mercados en moneda local para reducir su dependencia externa.
Sin embargo, debilidades estructurales, baja credibilidad fiscal y mercados poco profundos encarecen el endeudamiento interno.
América Latina impulsa un giro estratégico hacia el financiamiento en moneda local con el objetivo de ganar estabilidad frente a shocks externos. No obstante, según Moody’s Ratings, este proceso enfrenta múltiples obstáculos que limitan su efectividad y mantienen elevados los costos de endeudamiento.
Los mercados emergentes de América Latina han intensificado en los últimos años sus esfuerzos por desarrollar fuentes de financiamiento internas más estables y de menor costo, buscando reducir la dependencia del financiamiento externo y fortalecer su resiliencia ante crisis globales.
Este proceso ha permitido un aumento en la participación de la deuda en moneda local, que se sitúa actualmente en torno al 50% al 55% del total en la región. Sin embargo, el avance no ha sido homogéneo ni suficiente para garantizar menores costos financieros.
Uno de los principales factores que explican esta limitación es que la profundidad del mercado local no siempre se traduce en condiciones más favorables de financiamiento. Incluso economías grandes como Brasil o Colombia, con mercados relativamente desarrollados, enfrentan altos costos debido a la débil credibilidad fiscal y a problemas en la transmisión de la política monetaria.
Asimismo, la capacidad de financiarse internamente depende de variables estructurales como el nivel de ahorro doméstico, la eficacia de las políticas económicas y la infraestructura del mercado financiero. Países con bases de inversores más amplias y marcos macroeconómicos más sólidos, como Chile, logran mejores condiciones de acceso al financiamiento local.
En contraste, economías más pequeñas o con calificaciones crediticias más bajas enfrentan mayores restricciones. La limitada profundidad de sus mercados, la alta dependencia de inversores extranjeros y la menor credibilidad de sus políticas incrementan su vulnerabilidad ante shocks externos y elevan el costo del endeudamiento.
Además, en varios países el financiamiento interno resulta incluso más costoso que el externo, debido al tamaño reducido de los mercados y a la falta de infraestructura financiera adecuada. A esto se suma que los créditos externos suelen contar con condiciones más favorables cuando provienen de organismos multilaterales.
Otro elemento de riesgo es la elevada participación del sistema bancario en la compra de deuda pública, lo que puede generar un efecto de desplazamiento del crédito al sector privado y fortalecer el vínculo entre riesgo soberano y bancario.
En este contexto, Moody’s advierte que, si bien la región ha avanzado en la construcción de mercados financieros locales, aún persisten desafíos estructurales que dificultan consolidar una fuente de financiamiento doméstico eficiente, accesible y sostenible en el largo plazo.
