Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios.
Paraguay está creciendo. Pero la cuestión más importante para los próximos años no será solamente cuánto crecerá, sino qué tipo de economía estará creciendo.
El Producto Interno Bruto registró un crecimiento interanual de 5,8% en el primer trimestre de 2026, con una contribución positiva de los servicios, las manufacturas, la agricultura, la construcción y la distribución de energía eléctrica. Desde la perspectiva del gasto, también contribuyeron el consumo privado, la formación bruta de capital y las exportaciones netas.
El resultado confirma un escenario de dinamismo. Pero una economía puede crecer sin necesariamente modificar de manera profunda su estructura productiva.
Por eso, más que observar solamente la velocidad del crecimiento, considero necesario mirar qué está ocurriendo alrededor de ese crecimiento.
Y allí aparecen señales interesantes.
Una economía que empieza a sumar nuevas capas
Durante décadas, Paraguay construyó buena parte de su posicionamiento internacional sobre una combinación conocida: producción agropecuaria, energía competitiva, estabilidad macroeconómica, ubicación geográfica y costos relativamente atractivos.
Esas condiciones continúan siendo importantes.
El cambio está en lo que empieza a desarrollarse alrededor de ellas.
La agricultura continúa siendo uno de los principales motores de la economía, pero cada vez existe mayor espacio para procesamiento, manufactura, logística y servicios vinculados a la producción. La energía continúa siendo una ventaja estructural, pero también puede convertirse en una plataforma para nuevas actividades industriales. La ubicación geográfica mantiene su importancia, pero adquiere mayor valor cuando puede ser utilizada para producir y exportar desde Paraguay hacia mercados regionales y extrarregionales.
En otras palabras, la oportunidad ya no está solamente en las ventajas que Paraguay posee, sino en la capacidad de transformar esas ventajas en actividades económicas cada vez más complejas.
Los datos de inversión directa muestran que ese proceso también está acompañado por una mayor diversificación del origen del capital. Un estudio conjunto del Banco Central del Paraguay y el Fondo Latinoamericano de Reservas señala que Paraguay acumuló aproximadamente US$ 10.000 millones en flujos netos de inversión directa entre 2008 y 2024, mientras que el número de países inversores pasó de 39 a 68 durante ese período.
La cifra no significa solamente que llegó más capital. Muestra también que Paraguay comenzó a formar parte de las decisiones de un número mayor de inversores internacionales.
Eso es relevante porque una economía pequeña necesita diversificar no solamente sus exportaciones, sino también las fuentes de capital, conocimiento, tecnología y conexiones empresariales que ingresan al país.
La industria empieza a cambiar la conversación
Uno de los indicadores más interesantes de esta transformación aparece en las exportaciones industriales.
Entre enero y julio de 2026, las manufacturas de origen industrial alcanzaron US$ 1.313,6 millones en exportaciones, con un crecimiento interanual del 35%. El Ministerio de Industria y Comercio señaló además que el sector industrial alcanzó una participación del 52% en las exportaciones paraguayas a julio.
La maquila presenta una evolución similar.
Entre enero y julio de 2026, las exportaciones bajo este régimen alcanzaron aproximadamente US$ 860 millones, con un crecimiento interanual del 28%. Durante el mismo período fueron aprobados 42 nuevos programas, que representan US$ 59 millones en inversiones y 1.946 empleos proyectados. A julio, las industrias maquiladoras registraban 38.905 empleos vinculados, un 13% más que un año antes.
Pero hay un elemento adicional que merece atención.
El 78% de las exportaciones acumuladas de las industrias maquiladoras tuvo como destino países del Mercosur, aunque también hubo envíos hacia Países Bajos, Estados Unidos, Chile y Bolivia, entre otros mercados.
Esto muestra que la industria paraguaya todavía está fuertemente conectada con la región, pero comienza también a ampliar su alcance internacional.
No significa que Paraguay se haya convertido en una potencia industrial.
Significa algo más concreto: la industria está adquiriendo suficiente escala como para comenzar a modificar la composición de la economía.
El verdadero efecto aparece entre los sectores
Es aquí donde considero que está uno de los puntos centrales para interpretar el próximo ciclo.
Una fábrica no necesita solamente un terreno y energía. Necesita transporte, proveedores, servicios financieros, profesionales, tecnología, mantenimiento, seguros y acceso a mercados.
Cuando aumenta el número de empresas industriales, también aumenta la demanda por esas actividades.
Lo mismo ocurre con la agroindustria. Una mayor producción genera oportunidades para procesamiento, almacenamiento, logística, comercialización y servicios especializados.
La expansión de la logística genera nuevas necesidades de infraestructura y tecnología. La expansión de los servicios empresariales aumenta la demanda por talento especializado. El crecimiento de las exportaciones exige mejores conexiones y mayor capacidad operativa.
El desarrollo económico comienza a ganar profundidad cuando estas actividades dejan de crecer de manera aislada y empiezan a generar oportunidades unas para otras.
Ese proceso todavía está lejos de estar consolidado en Paraguay. Pero algunas de sus primeras señales ya son visibles.
Por eso, quizás sea un error buscar cuál será “el próximo gran sector” de la economía paraguaya.
El próximo ciclo probablemente no dependerá de un único sector.
Dependerá de la capacidad de varios sectores para crecer simultáneamente y reforzarse entre sí.
Más exportaciones, pero también más valor
Las cifras de comercio exterior refuerzan esta lectura.
A julio de 2026, las exportaciones totales paraguayas alcanzaron US$ 12.133,7 millones, un aumento del 25,2% frente al mismo período de 2025. Las exportaciones registradas crecieron 20,5%, hasta US$ 7.884,3 millones, mientras que las exportaciones realizadas bajo el Régimen de Maquila alcanzaron US$ 858,7 millones, un 32,1% más que un año antes.
El crecimiento es relevante, pero nuevamente conviene mirar más allá del porcentaje.
Paraguay necesita exportar más, pero también necesita capturar una mayor proporción del valor generado alrededor de sus exportaciones.
Procesar. Industrializar. Desarrollar proveedores. Incorporar tecnología. Crear servicios especializados. Formar trabajadores capaces de operar actividades más sofisticadas.
Ese es el verdadero salto cualitativo.
Una economía puede aumentar sus exportaciones sin modificar sustancialmente su estructura. Otra puede aumentar sus exportaciones mientras desarrolla nuevas capacidades productivas alrededor de ellas.
La diferencia entre ambos procesos puede determinar buena parte del crecimiento de la próxima década.
El desafío ahora es absorber la inversión
Este escenario también cambia la naturaleza del desafío paraguayo.
Durante años, la prioridad fue atraer inversión.
Ahora comienza a ser igualmente importante qué ocurre después de que la inversión llega.
¿La empresa encuentra proveedores locales?
¿Consigue talento?
¿Puede ampliar su operación?
¿Genera nuevas exportaciones?
¿Introduce tecnología?
¿Reinvierte?
¿Forma trabajadores?
¿Aparecen nuevas empresas alrededor de ella?
Estas preguntas son fundamentales porque una inversión aislada genera actividad, pero una inversión que genera proveedores, conocimiento, empleo especializado, exportaciones y nuevas inversiones puede generar algo mucho más importante: capacidad económica acumulativa.
Por eso, la próxima etapa de la política de desarrollo no debería medirse solamente por el volumen de capital anunciado o por la cantidad de proyectos aprobados.
También debería observarse la capacidad del país para convertir esos proyectos en operaciones sostenibles y, sobre todo, en nuevas capacidades productivas.
El crecimiento como punto de partida
Paraguay tiene hoy una oportunidad que hace algunos años era más difícil de visualizar.
No porque haya dejado atrás sus problemas. Tampoco porque todos los sectores estén creciendo al mismo ritmo.
La oportunidad existe porque varias piezas comienzan a moverse simultáneamente.
El PIB crece. Las exportaciones aumentan. La industria gana participación. La maquila genera más empleo y exportaciones. La inversión directa llega desde una base de países más diversificada.
Tomados individualmente, ninguno de estos datos demuestra una transformación estructural.
Pero observados en conjunto, permiten identificar una tendencia.
Paraguay está comenzando a construir una economía más conectada entre sectores, mercados y capacidades productivas.
Ese proceso todavía necesita infraestructura, talento, financiamiento, logística y mejores condiciones para que las empresas puedan escalar.
Pero justamente allí estará buena parte de la discusión económica de los próximos años.
El objetivo ya no debería ser solamente crecer más.
Debería ser hacer que el crecimiento produzca más profundidad económica.
Porque el verdadero cambio no ocurre cuando una empresa llega.
O cuando una fábrica abre.
O cuando una exportación aumenta.
El cambio ocurre cuando esas decisiones empiezan a generar otras decisiones.
Cuando una inversión atrae proveedores. Cuando una industria genera servicios. Cuando una exportación crea logística. Cuando una empresa forma talento. Cuando ese talento permite que llegue otra empresa.
Ahí es cuando el crecimiento comienza a transformarse en desarrollo.
Y esa puede ser la diferencia entre una buena etapa de expansión y un verdadero cambio de ciclo para Paraguay.
