Ferrero nació en una Italia de posguerra donde el cacao era costoso y difícil de conseguir.
De aquella pequeña pastelería surgieron Nutella, Kinder, Tic Tac y Ferrero Rocher. Hoy el grupo vende en más de 170 mercados y demuestra cómo una solución nacida de la escasez pudo convertirse en la base de una de las mayores compañías de productos dulces del planeta.
Ferrero comenzó formalmente en 1946 en Alba, una pequeña localidad del Piamonte italiano. Pietro Ferrero experimentaba con recetas que permitieran elaborar productos de chocolate en un momento en que el cacao seguía siendo caro después de la Segunda Guerra Mundial. La región, en cambio, contaba con abundantes avellanas, y esa disponibilidad impulsó una mezcla de avellanas, azúcar y una proporción menor de cacao que podía producirse a mayor escala y venderse a un precio más accesible.
El primer resultado relevante fue Giandujot, una preparación sólida que podía cortarse en rodajas y colocarse sobre pan. Con el tiempo, la empresa refinó la textura y convirtió esa combinación en una crema mucho más fácil de consumir. La evolución culminó en 1964 con el lanzamiento de Nutella, una marca que transformó una solución derivada de la escasez en un producto asociado al desayuno, la indulgencia y el consumo familiar en numerosos países.
La empresa también combinó el trabajo creativo de Pietro con la capacidad comercial de su hermano Giovanni, quien desarrolló una red de distribución que permitió llevar los productos más allá de Alba. Más tarde, Michele Ferrero lideró una etapa de expansión internacional y diversificación que convirtió el apellido familiar en un grupo de marcas independientes, cada una construida alrededor de una ocasión de consumo específica.
Una marca distinta para cada momento
El crecimiento de Ferrero no dependió únicamente de Nutella. En 1968 apareció Kinder Chocolate, concebido alrededor de porciones pequeñas y consumo familiar, mientras que en 1969 llegó Tic Tac, que permitió a la compañía entrar en una categoría completamente distinta al chocolate, el de los caramelos duros. Durante los años siguientes, Ferrero continuó construyendo productos con personalidades muy definidas en lugar de colocar el mismo nombre corporativo sobre todo su portafolio.
En 1974 se lanzó Kinder Sorpresa, que combinó chocolate y juguete dentro de una misma experiencia, y en 1982 apareció Ferrero Rocher, presentado desde el inicio como un producto vinculado con regalos y celebraciones. El envoltorio dorado, la caja transparente y la forma individual ayudaron a convertirlo en una alternativa accesible con códigos visuales relacionados con el lujo. Así, el grupo consiguió ocupar desde el desayuno hasta la compra impulsiva o los momentos especiales sin hacer competir directamente a sus propias marcas.
Durante el siglo XXI, Ferrero añadió otra herramienta a su estrategia: las adquisiciones. Incorporó compañías y líneas de negocio para entrar en galletas, snacks y nuevas categorías, ampliando su presencia más allá de la confitería clásica. En septiembre de 2025 cerró la adquisición de WK Kellogg Co., operación que volvió a extender el alcance del grupo hacia alimentos para el desayuno y reforzó su presencia en el mercado norteamericano.
De Alba a más de 170 mercados
El ejercicio fiscal terminado el 31 de agosto de 2025 cerró con una facturación consolidada de €19.300 millones, un crecimiento del 4,6% frente al período anterior. Ferrero operaba 36 plantas de fabricación y había invertido cerca de €1.100 millones durante el ejercicio, mientras su plantilla global alcanzaba 48.697 empleados. Al tratarse de una compañía privada, el grupo no publica una cifra de utilidad neta comparable con la que suelen divulgar las empresas que cotizan en bolsa.
Actualmente, sus productos se comercializan en más de 170 mercados y su portafolio supera las 35 marcas. A pesar de esa escala, Ferrero continúa bajo control familiar y ya transita su tercera generación, algo poco habitual entre compañías de alimentos que alcanzaron una presencia mundial semejante. La continuidad familiar se combina con adquisiciones y expansión internacional, pero mantiene elementos históricos como la atención al detalle, la innovación de producto y la construcción de marcas separadas para públicos diferentes.
El contraste con 1946 resume el recorrido. Ferrero empezó intentando utilizar menos cacao porque el ingrediente era escaso y terminó construyendo un grupo de casi €20.000 millones anuales alrededor de productos reconocidos en prácticamente todo el mundo. Una avellana que funcionó como respuesta a una limitación se convirtió en el punto de partida de Nutella y, desde allí, en una puerta hacia un portafolio mucho mayor que transformó una pequeña pastelería italiana en un gigante mundial.
