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Microsoft: la empresa que imaginó una computadora en cada escritorio

Cuando Bill Gates y Paul Allen fundaron Microsoft en 1975, las computadoras eran herramientas costosas y lejos de la vida cotidiana, reservada para universidades y grandes corporaciones.

Sin embargo, ambos compartían una convicción que, para muchos, parecía imposible: algún día habría una computadora en cada escritorio y en cada hogar.

La Altair 8800 fue el primer microcomputador lanzado en los EEUU. Cuando la misma fue tapa de la edición de enero de 1975 de Popular Electronics, Allen corrió a mostrárselo a su amigo de la secundaria, Bill Gates. Vieron un potencial increíble en este mercado y tanto Allen como Gates dejaron el trabajo y la universidad respectivamente para embarcarse en el proyecto que pronto llamaron Microsoft, proveniente de la unión de “micro”, para hacer referencia a la escala de los ordenadores domésticos, y software.

Gates comprendió muy temprano que, a medida que las computadoras se volvieran más accesibles, el verdadero valor estaría en los programas que permitieran utilizarlas de manera sencilla y eficiente.

Los primeros pasos llegaron con el desarrollo de un intérprete del lenguaje BASIC para la Altair 8800, una de las primeras microcomputadoras disponibles para aficionados. Ese proyecto les permitió ingresar en un mercado que recién comenzaba a crecer. Sin embargo, el gran punto de inflexión llegó en 1980, cuando IBM buscaba un sistema operativo para su nueva computadora personal.

La revolución ofimática

Microsoft no contaba con uno propio. En lugar de empezar desde cero, adquirió un software llamado QDOS, lo adaptó y lo convirtió en MS-DOS. Más importante aún fue la decisión comercial que acompañó ese acuerdo: en vez de vender el programa definitivamente a IBM, conservó los derechos para licenciarlo a otros fabricantes. Aquella estrategia permitió que MS-DOS se convirtiera en el sistema operativo dominante de la naciente industria de las computadoras personales y sentó las bases del crecimiento de la empresa durante las décadas siguientes.

A mediados de los años ochenta llegó otro de sus mayores hitos: Windows. Aunque las primeras versiones tuvieron una recepción moderada, Microsoft insistió en perfeccionar la interfaz gráfica hasta convertirla en una plataforma mucho más intuitiva que los sistemas basados únicamente en comandos. La llegada de Windows 95 marcó un antes y un después. El botón de Inicio, la barra de tareas y las ventanas se transformaron rápidamente en elementos familiares para millones de usuarios alrededor del mundo.

Al mismo tiempo, la compañía desarrolló herramientas que hoy forman parte de la rutina diaria de oficinas, escuelas y universidades. Word simplificó la creación de documentos; Excel revolucionó el análisis de datos y PowerPoint cambió la manera de presentar ideas. Microsoft construyó un ecosistema que acompañó el crecimiento de la informática personal y se convirtió en un estándar para empresas y organizaciones de todo tipo.

Los desafíos de la diversificación

Durante los años noventa y principios de los 2000, Microsoft dominó el mercado del software para computadoras personales. Sin embargo, la empresa también enfrentó desafíos importantes, por ejemplo, en la expansión del mundo del internet, la aparición de nuevos competidores y un histórico juicio antimonopolio en Estados Unidos obligaron a replantear parte de su estrategia y demostraron que el liderazgo tecnológico también implicaba una enorme responsabilidad.

Lejos de quedarse en el éxito de Windows, Microsoft comenzó a diversificar sus negocios. En 2001 ingresó al mercado de los videojuegos con Xbox, una apuesta que parecía arriesgada frente a competidores ya consolidados. Con el tiempo, la consola logró posicionarse entre las más importantes del mundo y abrió las puertas a nuevos servicios digitales y plataformas de entretenimiento.

La transformación más profunda llegó años después con la computación en la nube. Bajo el liderazgo de Satya Nadella, quien asumió como director ejecutivo en 2014, Microsoft dejó de concentrarse exclusivamente en el software instalado en computadoras y apostó por servicios conectados a internet. Azure pasó a convertirse en uno de los principales proveedores mundiales de infraestructura en la nube, permitiendo que miles de empresas desarrollaran y administraran sus operaciones digitales desde cualquier lugar del mundo.

En paralelo, Microsoft fortaleció su presencia en inteligencia artificial. La compañía invirtió miles de millones de dólares en OpenAI e integró estas tecnologías en productos como Microsoft 365, Bing, GitHub y Windows. El objetivo ya no era únicamente ofrecer herramientas para trabajar, sino crear asistentes capaces de colaborar con las personas en tareas cada vez más complejas.

A más de medio siglo del sueño

Cinco décadas después de su fundación, Microsoft continúa siendo una de las compañías más influyentes del planeta. Su historia demuestra que el verdadero impacto de una empresa no siempre está en fabricar el dispositivo más innovador, sino en desarrollar las herramientas que permiten que millones de personas estudien, trabajen, creen y se comuniquen de maneras más simples.

Aquella visión de Bill Gates y Paul Allen —poner una computadora en cada escritorio y en cada hogar— parecía inalcanzable en 1975. Hoy, cuando la inteligencia artificial marca una nueva etapa de la revolución tecnológica, Microsoft vuelve a enfrentar un desafío similar: imaginar cómo será la próxima forma en que las personas interactuarán con la tecnología y construir las herramientas para hacerla posible.

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