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Ciclo de política monetaria del BCP: la pregunta ya no es si las tasas pueden bajar, sino hasta dónde

Por Rodrigo Serafini, de Avalon Administradora de Fondos Patrimoniales.

En política monetaria, muchas veces la conversación pública se concentra en una sola pregunta: si las tasas van a subir o van a bajar. Pero, en realidad, la discusión de fondo suele ser más compleja. No se trata únicamente de mirar el último dato de inflación, sino de entender en qué punto del ciclo se encuentra la economía, cuál es la tasa neutral y qué riesgos pueden alterar el escenario.

Ese es el punto central del análisis elaborado por Rodrigo Serafini, de Avalon Administradora de Fondos Patrimoniales, sobre el ciclo de política monetaria del Banco Central del Paraguay.

El BCP redujo la Tasa de Política Monetaria en 50 puntos básicos durante 2026, con recortes en enero y febrero, hasta ubicarla en 5,50%. A simple vista, una inflación interanual de 1,9% en marzo, muy por debajo de la meta de 3,5%, podría sugerir que existe espacio para seguir bajando tasas. Sin embargo, la lectura no es tan lineal.

La tasa neutral como punto de partida

Una de las claves del análisis está en estimar la tasa neutral: ese nivel de tasa que no estimula ni enfría la economía. Según el análisis, la tasa nominal neutral del BCP se ubicaría en torno a 5,5%–6,0%. Esto implica que, con una TPM actual de 5,50%, el Banco Central ya se encuentra en el límite inferior de la zona neutral.

Este punto es relevante porque cambia la interpretación del ciclo. El BCP ya no estaría operando con una postura contractiva. Tampoco necesariamente expansiva. Está, más bien, en una zona de equilibrio. Por eso, cualquier recorte adicional tendría una señal distinta: bajar a 5,25% implicaría entrar en terreno levemente expansivo, mientras que una TPM de 5,0% ya estaría claramente por debajo del nivel neutral.

En otras palabras, la discusión no es solo si la inflación permite recortes. La verdadera pregunta es si la economía necesita una política monetaria más expansiva.

Una economía cerca de su potencial

El análisis también incorpora la brecha del producto, es decir, qué tan por encima o por debajo de su crecimiento potencial opera la economía. Para 2026, se estima un crecimiento real de 4,2% frente a un PIB potencial cercano a 4,0%, lo que deja una brecha positiva de apenas 0,2%.

Esa lectura sugiere que la economía paraguaya estaría operando cerca de su nivel potencial. No hay señales claras de sobrecalentamiento que obliguen a mantener una política monetaria restrictiva, pero tampoco existe una brecha negativa importante que exija acelerar los recortes.

Este matiz es importante. Una inflación baja puede abrir espacio, pero una economía que todavía crece cerca de su potencial invita a la prudencia. El margen para bajar existe, pero no es automático.

Qué dice la Regla de Taylor

El trabajo de Serafini también utiliza una versión simplificada de la Regla de Taylor, una herramienta que permite estimar una tasa de política monetaria sugerida a partir de la inflación esperada, la meta de inflación y la brecha del producto.

Bajo ese enfoque, con expectativas inflacionarias de 3,7%, meta de 3,5%, tasa real neutral de 2,0%, crecimiento potencial del 4,0% y crecimiento esperado de 4,2%, la tasa sugerida se ubica alrededor de 5,9%, por encima de la TPM actual de 5,50%.

Esto no significa necesariamente que el BCP deba subir tasas. Pero sí ayuda a entender por qué la autoridad monetaria puede optar por pausar. Si bien la inflación observada está baja, las expectativas y los riesgos externos siguen siendo determinantes.

Tres escenarios para 2026

El análisis plantea tres caminos posibles para la TPM durante 2026.

En un escenario favorable, con consolidación de un cese de tensiones en Irán/Ormuz, caída del Brent hacia la zona de USD 70–80 e inflación convergiendo a 2,5%–3,0%, el BCP podría habilitar nuevos recortes y llevar la TPM hacia 4,75%–5,00%.

En el escenario de expectativas de mercado, con una normalización parcial y una inflación convergiendo hacia 3,5%–3,7%, el BCP podría aplicar uno o dos recortes adicionales de 25 puntos básicos, llevando la TPM hacia 5,00%–5,25%.

En un escenario adverso, con escalada del conflicto, petróleo por encima de USD 110, inflación local superando 4,5%–5,0% y presión sobre el tipo de cambio, el BCP podría pausar el ciclo o incluso verse obligado a endurecer nuevamente su postura.

El mensaje para el mercado

La conclusión más relevante es que Paraguay ya ingresó en una etapa más fina del ciclo monetario. El debate dejó de ser simplemente “cuánto más puede bajar la tasa” para convertirse en una conversación sobre consistencia macroeconómica, expectativas y riesgos.

Para inversionistas, empresas y administradores de portafolios, esto tiene implicancias concretas. Una TPM estable o con recortes moderados afecta el atractivo relativo de instrumentos de renta fija, la duración de los portafolios, el costo de financiamiento corporativo y las decisiones de liquidez.

También obliga a mirar con más atención los riesgos externos. El análisis identifica al choque Irán/Ormuz como un factor clave: si las expectativas de inflación suben a 4%, la Regla de Taylor indicaría una TPM de 6,35%, lo que modificaría por completo la lectura del ciclo.

Prudencia, no inercia

El BCP tiene espacio para seguir recortando, pero ese espacio no es ilimitado. Depende de que la inflación confirme su convergencia a la meta, de que las expectativas permanezcan ancladas y de que el entorno externo no vuelva a presionar precios de energía, tipo de cambio y costos internos.

En ese contexto, la palabra clave no parece ser agresividad, sino prudencia.

La política monetaria paraguaya se encuentra en una zona donde cada decisión tiene más peso. Un recorte adicional puede acompañar la actividad y aliviar condiciones financieras. Pero también puede marcar el paso hacia una postura más expansiva que debe estar justificada por datos, expectativas y riesgos bajo control.

Esa es, probablemente, la lectura más importante del momento: el ciclo de bajas no terminó necesariamente, pero entró en una fase donde el margen de maniobra es más estrecho y la calidad del análisis importa más que la dirección del próximo movimiento.

Porque cuando una tasa ya está cerca de su nivel neutral, el verdadero desafío no es bajar por bajar. Es saber hasta dónde conviene hacerlo.

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