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La singapur que prometemos

Crédito columna: Marcelo Berenstein, socio en Vinculadores.

Te quiero hablar de un sueño hermoso. Uno que escuchamos en cada campaña política, en cada foro de inversores, en cada presentación con diapositivas de un ministro recién nombrado: Paraguay, la Singapur de Latinoamérica.

Impresionante. Ambicioso. Inspirador.

Y completamente, pero completamente, prematuro.

Singapur es una ciudad – estado que en cincuenta años pasó del tercer mundo a tener el ingreso per cápita más alto del planeta. Tiene uno de los puertos más eficientes del mundo, un sistema educativo que le da clases magistrales al resto, instituciones que funcionan como reloj suizo y una corrupción que es prácticamente anecdótica.

¿Qué nos falta en Paraguay para ser Singapur? Hagamos el ejercicio. Con respeto. Con datos. Y con el nivel justo de ironía que el tema merece.

Punto uno: las instituciones

Singapur tiene una de las burocracias más eficientes y menos corruptas del mundo. Abrir una empresa tarda menos de un día. Los contratos se cumplen. Los jueces son independientes.

En Paraguay, abrir una empresa puede tardar semanas si encontrás al funcionario correcto, el trámite correcto y la ventanilla correcta. No estamos diciendo que no hay avances, porque los hay. Sin embargo, la distancia entre «ventanilla única» en el discurso y «ventanilla única» en la práctica sigue siendo, digamos, considerable.

Punto dos: la educación

Singapur invierte en educación como si de eso dependiera su supervivencia, porque literalmente es dependiente. No tienen petróleo, no tienen minerales, no tienen soja. Tienen capital humano. Punto.

Paraguay tiene una alta tasa de abandono escolar; tenemos maestros que cobran salarios que no les alcanzan para vivir dignamente. Tenemos escuelas rurales donde la inversión más importante del año fue el techo nuevo (si es que hubo).

¿Singapur? Sus maestros son los profesionales mejor pagados del gobierno. Aquí todavía debatimos si hay que pagarle el seguro médico al docente rural.

Punto tres: la infraestructura

Singapur tiene un puerto que mueve el veinte por ciento del comercio mundial de electrónica. Paraguay tiene el río homónimo, que es potencialmente uno de los corredores fluviales más importantes del continente y que seguimos gestionando como si fuera 1987.

La Hidrovía Paraguay – Paraná mueve millones de toneladas de soja. Bien. Pero los puertos privados se modernizaron más que los públicos, el dragado siempre está en conversación y cuando el río sube o baja —porque aquí el río hace lo que quiere— la cadena logística tiembla.

Singapur resolvió eso. Nosotros siempre lo estamos considerando resolver.

Punto cuatro: la energía

Acá Paraguay se puede dar un lujo tremendo: generamos tanta energía hidroeléctrica que somos exportadores netos. La luz es barata. Ese es un activo real, competitivo y estratégico.

Pero —siempre hay un pero— esa energía abundante y barata no se tradujo automáticamente en industrialización. Tenemos la electricidad más barata de la región y sin embargo no somos el polo industrial que deberíamos ser. Porque la energía es condición necesaria, no suficiente. También necesitamos mano de obra calificada, infraestructura logística, certeza jurídica y todos los puntos anteriores.

Punto cinco: la visión de largo plazo

Aquí viene el golpe más duro.

Singapur fue construida por una generación de líderes que pensaron en cincuenta años. Lee Kuan Yew era autoritario, inflexible, muchas veces criticado, pero tenía una cosa que es ra rísima en política: una visión de largo plazo que resistía los ciclos electorales.

Paraguay cambia de plan con cada gobierno. Cada cinco años, nueva estrategia de desarrollo. Nuevo logo. Nueva sigla. Nuevo consultor externo. Y el país vuelve a fojas cero en términos de continuidad institucional.

No podemos construir un hub de servicios financieros, tecnológicos o logísticos si cada nuevo gobierno empieza desde el principio como si el anterior no hubiera existido.

Entonces, ¿es imposible? ¿Paraguay nunca va a ser Singapur?

No digo eso.

Lo que digo es que la distancia entre el eslogan y la realidad es enorme. Y que nombrar esa distancia no es pesimismo, es el primer paso para cerrarla.

Paraguay tiene activos reales: energía barata, posición geográfica, un mercado laboral que crece, una economía estable y una incipiente clase media joven con hambre de hacer cosas.

Pero Singapur no se construyó con potencial. Se construyó con ejecución. Con instituciones. Con exigencia. Con visión.

El día que Paraguay deje de compararse con Singapur en los discursos y empiece a trabajar como Singapur en los detalles, ese día la conversación cambia.

Hasta entonces, seguiremos siendo la Singapur en construcción permanente.

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