Crédito columna: Irmina Vega, Senior Manager de AMARAL.
El sector forestal paraguayo atraviesa una etapa de expansión y consolidación que lo posiciona como una actividad cada vez más estratégica dentro de la economía nacional.
El crecimiento de la superficie plantada, la mayor capacidad industrial y la evolución de las exportaciones hacia la producción y comercialización de productos con más valor agregado muestran que el negocio forestal está dejando de ser visto únicamente como una actividad primaria para convertirse en una plataforma de desarrollo productivo, inversión y generación de divisas. Esta transformación obliga también a revisar la manera en que el valor del negocio es interpretado desde la perspectiva financiera, porque una parte sustancial de ese valor no siempre aparece reflejada con claridad en los estados contables.
A diferencia de otros sectores, en los que el resultado económico se vuelve visible principalmente al momento de comercializar el producto, en la actividad forestal la creación de valor comienza mucho antes de que se genere el ingreso por la venta. En efecto, el crecimiento biológico de las plantaciones modifica de manera continua el volumen, la calidad, el rendimiento esperado y, en definitiva, la capacidad del activo para generar beneficios económicos futuros.
Cada año de desarrollo agrega valor, aun cuando todavía no exista cosecha ni facturación asociada. Cuando esa evolución se analiza únicamente bajo enfoques de valuación de activos basados en costos históricos, el balance puede mostrar una imagen parcial o conservadora del negocio, subestimando activos que ya están generando riqueza económica para la entidad.
Esta diferencia entre creación de valor y reconocimiento contable no es solo una cuestión técnica reservada al área contable. Tiene consecuencias concretas en la gestión del Directorio, porque influye en la lectura de la situación patrimonial, en la interpretación de la rentabilidad y en la manera en que se evalúan proyectos de expansión, procesos de industrialización o necesidades de financiamiento.
Una empresa con plantaciones en etapa de maduración, perspectivas favorables de cosecha y precios internacionales atractivos puede exhibir indicadores que no capturan plenamente su potencial económico. En contextos donde la calidad de la información es determinante para negociar con inversores, entidades financieras o socios estratégicos, esta brecha puede afectar la percepción del riesgo y limitar la capacidad de crecimiento de la empresa.
En este contexto, la lógica de la Norma Internacional de Contabilidad Nº 41 – Agricultura (NIC 41) emitida por el International Accounting Standards Board (IASB) adquiere especial relevancia al proponer que los activos biológicos se midan, en términos generales, a valor razonable menos los costos de venta o comercialización. Este criterio busca acercar la información financiera a la realidad económica del negocio, reconociendo que la transformación biológica también genera valor.
En el caso forestal, ello implica considerar variables como la edad de la plantación, su crecimiento físico, la especie, la calidad esperada de la madera, los precios de mercado y los costos esperados de la cosecha y la comercialización. Más que un cambio técnico, se trata de una manera distinta de representar el negocio: una que intenta reflejar de forma más fiel el valor que se construye antes de la venta.
Sin embargo, adoptar este enfoque también exige un nivel superior de disciplina técnica y de gestión. La medición a valor razonable requiere modelos de valuación consistentes, supuestos verificables, criterios homogéneos y una trazabilidad robusta de la información. No alcanza con reconocer que el activo cambia: es necesario demostrar de qué manera ese cambio se traduce en valor económico y qué fundamentos técnicos se siguen.
Para organizaciones que aspiran a profesionalizar su gestión y a relacionarse con mercados más sofisticados, la confiabilidad de estos modelos se vuelve tan importante como la propia producción forestal. La fortaleza del dato técnico, de los supuestos financieros y de los controles internos pasa a formar parte del activo reputacional de la empresa.
Resulta interesante mencionar también que la Norma de Información Nº 16 “Agricultura, ganadería y forestación” emitida por el Consejo de Contadores Públicos del Paraguay prevé también que las entidades podrán optar por medir los activos biológicos y productos pecuarios, del agro y forestal bajo el criterio del costo o del valor neto de realización.
Para el Directorio, el mensaje de fondo es claro. En una industria que está ganando escala en Paraguay, profundizando su integración industrial y aumentando su exposición a mercados internacionales, la información financiera deja de ser un simple registro del pasado y pasa a convertirse en una herramienta estratégica para interpretar el presente y proyectar el futuro. Medir adecuadamente los activos forestales mejora la transparencia de los estados financieros, fortalece la evaluación de inversiones y permite comunicar con mayor solidez el verdadero valor del negocio.
En definitiva, el crecimiento del sector forestal paraguayo no solo demanda producir más o exportar mejor, sino que también exige una forma más precisa de medir y comunicar el valor que ya se genera durante el ciclo biológico.
En una actividad donde el valor se va construyendo antes de la venta, la ventaja competitiva no estará únicamente en crecer, sino en presentar y revelar contablemente ese crecimiento con información financiera sólida, comparable y alineada con estándares internacionales.
