Quiero hablar de ese sueño geopolítico y comercial que, después de décadas de promesas, por fin tiene olor a asfalto fresco: el Corredor Bioceánico.
Esa mega obra logística que va a unir los puertos del Atlántico en Brasil con los del Pacífico en Chile, cruzando por el corazón de nuestro Chaco y el norte argentino. Y hay que decirlo con todas las letras: Paraguay está haciendo muy bien la tarea.
Crédito columna: Marcelo Berenstein, socio en Vinculadores
A mediados de este 2026, el puente entre Carmelo Peralta y Porto Murtinho está a punto de unirse físicamente. Además, la pavimentación avanza a paso firme hacia Pozo Hondo con la mira puesta en terminar para 2027. Pero, como en todo gran proyecto de integración regional, siempre hay un «pero». Y hoy, ese gran «pero» tiene bandera celeste y blanca.
«Ese eslabón perdido» es el tramo que falta construir del lado argentino.
Porque, seamos realistas, de nada sirve que Paraguay llegue con una autopista de primer nivel hasta Pozo Hondo, si al cruzar a la Argentina los camiones se topan con un embudo.
Para ponerlos en el mapa: estamos hablando de la Ruta Provincial 54 en la provincia de Salta, Argentina. Son unos 140 kilómetros críticos que van desde el paso fronterizo de Misión La Paz hasta Tartagal. Hoy por hoy, esa infraestructura simplemente no existe para soportar el flujo de cientos o miles de bitrenes cargados de soja brasileña o productos asiáticos. Falta asfalto, faltan defensas para las crecidas del Pilcomayo y falta un centro de control fronterizo decente.
Después de cruzar el futuro nuevo puente, desde Misión La Paz hay 160 kilómetros de Ruta 54 en mal estado y 30 kms. de ripio, hasta el empalme con la R34. Además de graves problemas con la cota de inundación y varias comunidades indígenas movilizadas que prefieren que nada cambie en la frontera.
Y aquí es donde la geografía choca de frente con la política. El presidente argentino, Javier Milei, cerró el grifo a la obra pública a nivel nacional.
Entonces, la gran pregunta que resuena en las oficinas de inversores en San Pablo, en Asunción y en Santiago de Chile es: ¿Existen posibilidades reales de que Argentina termine esta obra?
La respuesta corta es sí. Pero la respuesta larga es que no lo va a hacer el gobierno nacional argentino. La salida vendría de otros tres motores.
- El primer motor es la Provincia de Salta. El gobierno provincial sabe que esta es su oportunidad histórica. Ya anunciaron que quieren convertir a la zona en su gran nodo logístico y aseguran tener recursos para licitar la Ruta 54. ¿Por qué no arrancan? Porque están esperando que Paraguay y Argentina terminen de definir la licitación y el diseño del nuevo puente internacional. No van a asfaltar una ruta hacia la nada.
- El segundo motor, y quizás el más pesado, es el sector privado. Específicamente, el boom del litio. El norte argentino está desesperado por sacar su producción minera hacia el Pacífico. Para ellos, el Corredor Bioceánico no es un favor que le hacen a Brasil y Paraguay; es su propia vía de escape hacia los puertos chilenos. Las mineras están presionando fortísimo.
- Y el tercer motor son los organismos multilaterales. Ante la ausencia del Estado nacional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y FONPLATA —que ya financian el lado paraguayo— están en la mira de Salta para estructurar créditos directos. E incluso, no se descarta un modelo de concesión privada: que una empresa construya la ruta y cobre peaje, pagándose sola con el tráfico internacional.
Claramente, Brasil y Paraguay tendrán sus deberes listos para 2027. Pero lamentablemente, habrá un desfasaje de tiempo. Paraguay viene con un cronograma acelerado. Salta recién va a mover la maquinaria pesada cuando el nuevo puente internacional sea una realidad, lo que significa que el tramo argentino podría demorar uno o dos años más, como mínimo.
El corredor se va a hacer. La presión económica es demasiado gigantesca como para que un camino de tierra frene miles de millones de dólares. Pero habrá que tener paciencia con los tiempos de la política argentina.
Porque al final del día, la geoeconomía siempre le gana a la coyuntura. Tarde o temprano, el asfalto va a llegar a Misión La Paz.
