El aporte del oriundo de Springwells, Michigan, fue en unir distintas ideas, perfeccionarlas y utilizarlas para alcanzar un objetivo que parecía arriesgado a principios del siglo XX.
Su visión revolucionó la industria, pero también la vida de millones de personas, quienes, de otra forma, podían quedar en la periferia de esta transformación del mundo.
Nació en 1863 en una granja cercana a Dearborn, Michigan. Aunque creció dentro de una familia dedicada al trabajo rural, desde joven se sintió más atraído por las máquinas. A los 16 años dejó la granja y se trasladó a Detroit para trabajar como aprendiz de mecánico. Con el tiempo ingresó a la Edison Illuminating Company, donde llegó a desempeñarse como ingeniero jefe mientras dedicaba sus horas libres a experimentar con motores de combustión.
En 1896 terminó su primer vehículo impulsado por gasolina. Lo llamó Quadricycle porque su estructura se sostenía sobre cuatro ruedas similares a las de una bicicleta. Lo vendió por US$ 200 y utilizó el dinero para seguir desarrollando nuevos prototipos.
El modelo que lo cambió todo
Pese al inicio auspicioso, su camino empresarial lidió con varios fracasos. Su primera compañía automotriz, Detroit Automobile Company, terminó en bancarrota, mientras que abandonó un segundo emprendimiento que posteriormente se convertiría en Cadillac.
Ford recurrió entonces a las competencias de velocidad para demostrar la capacidad de sus motores y atraer inversores. Otro de sus primeros inventos, el vehículo “999”, fue bastante popular e incluso llegó a obtener el récord de velocidad para un vehículo terrestre. En 1903 fundó Ford Motor Company.
Cinco años después apareció el vehículo que cambiaría su historia. El Modelo T fue presentado en 1908 con una propuesta clara: debía ser fácil de manejar, resistente para transitar caminos difíciles y cada vez más económico. Ford no estaba pensando únicamente en fabricar un buen automóvil, sino buscaba desarrollar un sistema que permitiera producirlo en grandes cantidades y hacerlo llegar a una parte mucho mayor de la población.
El gran cambio llegó en 1913, cuando la fábrica de Highland Park incorporó una línea de montaje móvil. En lugar de que un grupo de trabajadores construyera un vehículo completo, cada persona realizaba una tarea específica mientras las piezas avanzaban por diferentes estaciones. Ford combinó componentes intercambiables, división del trabajo y movimiento continuo de materiales. El tiempo necesario para ensamblar un Modelo T pasó de más de doce horas a alrededor de noventa minutos.
Revolución también en lo laboral
La reducción del tiempo también permitió bajar el precio. El Modelo T llegó a costar US$ 260, frente a los US$ 850 de sus primeros años. Entre 1908 y 1927 se fabricaron más de 15 millones de unidades. El automóvil comenzó a integrarse en la vida cotidiana y cambió la manera de trasladarse, trabajar, viajar y relacionar las ciudades con las zonas rurales.
La nueva forma de producción también generó trabajos repetitivos, agotadores y una alta rotación de empleados, por lo que Ford entendió mejor que nadie la importancia de un trabajo bien remunerado y con mayor tiempo de descanso. En 1914, Ford introdujo el pago de cinco dólares diarios (aprox. US$ 161) para determinados trabajadores, una cifra cercana al doble de lo habitual en el mercado en general (US$ 2,34).
En 1926, la compañía fue pionera al adoptar la semana laboral de cinco días y cuarenta horas. Sobre esta decisión, Ford dijo lo siguiente: «Ya es hora de desterrar la idea de que el tiempo libre de los trabajadores es «tiempo perdido» o un privilegio de clase». Estas decisiones, aunque sorprendentes en su contexto, produjeron significativas mejoras tanto para los trabajadores como para el ambiente laboral dentro de Ford.
Henry Ford murió en 1947, pero el modelo industrial que ayudó a consolidar se extendió mucho más allá del sector automotor. Su idea central consistió en observar un producto que parecía inaccesible y preguntarse cómo podía fabricarse de una manera distinta para acercarlo a más personas.
Quería fabricar un vehículo sencillo, resistente y lo suficientemente accesible para dejar de ser un privilegio reservado a unos pocos, sin embargo, su mayor aporte no fue crear el automóvil, fue encontrar una nueva forma de ponerlo en movimiento dentro de la vida cotidiana.
