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Chortitzer invierte más de G. 1.000 millones en genética Nelore para el Chaco

Chortitzer desembolsó más de G. 1.000 millones para incorporar genética Nelore a su esquema ganadero, en una operación que suma 40 vaquillas preñadas provenientes de cuatro cabañas paraguayas.

La inversión marca un nuevo movimiento dentro de la estrategia productiva de la cooperativa y apunta a complementar los rodeos existentes con una raza valorada por su adaptación a condiciones exigentes y por sus características productivas.

Las reproductoras fueron adquiridas a La Emiliana, Rancho Rosalba, Cabaña Unión y Goya S.A., establecimientos que aportaron la genética para esta primera etapa. La operación fue negociada por el equipo directivo y técnico de Chortitzer, con participación de representantes de las cabañas y acompañamiento de la Asociación Paraguaya de Criadores de Nelore (APCN).

La decisión responde a un proceso que comenzó años atrás, cuando la Apcn empezó a impulsar una mayor presencia del Nelore en el Chaco mediante exposiciones, demostraciones y contacto con productores. En paralelo, técnicos y directivos de Chortitzer visitaron establecimientos ganaderos en Paraguay y Brasil para evaluar el comportamiento de la raza en distintos sistemas productivos antes de avanzar con la incorporación.

Para la cooperativa, el interés está menos en sustituir razas que en ampliar las herramientas disponibles para su sistema ganadero. El Nelore será incorporado como complemento de los rodeos que ya maneja Chortitzer, buscando aprovechar atributos como rusticidad, adaptación, fertilidad, crecimiento y rendimiento de carcasa.

La apuesta también refleja un cambio en la utilización de la genética bovina. El Nelore dejó de estar asociado únicamente a la rusticidad y hoy es seleccionado mediante programas de mejoramiento para características vinculadas con precocidad, fertilidad, desempeño productivo y calidad de carne.

Para productores del Chaco, donde las condiciones ambientales imponen exigencias particulares al ganado, esa combinación puede convertirse en un factor relevante de eficiencia.

La operación tiene además una lectura empresarial: la genética pasa a ser tratada como una inversión productiva y no simplemente como una incorporación de animales al rodeo. Las 40 vaquillas constituyen una primera etapa de un proyecto que podría ampliarse posteriormente, dependiendo de los resultados obtenidos y de la evolución del programa de selección.

Para Chortitzer, el desafío estará ahora en medir el desempeño de esta genética dentro de sus propias condiciones de producción y determinar cuánto valor puede generar en términos de reproducción, crecimiento, conversión y calidad del producto final. Más que el monto desembolsado, el resultado de esta apuesta se medirá en los indicadores productivos que logre generar en los próximos años.

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