Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios
Durante muchos años, la estrategia paraguaya para atraer inversiones estuvo construida sobre una lógica relativamente clara: fortalecer las condiciones nacionales para hacer negocios. Estabilidad económica, apertura comercial, disponibilidad de energía y un marco favorable para la inversión formaban parte del argumento con el que el país buscaba posicionarse frente a otros mercados de la región.
Esa estrategia continúa siendo importante. Sin embargo, la economía internacional comienza a mostrar una transformación que merece mucha más atención. Cada vez con mayor frecuencia, las empresas no toman sus decisiones comparando únicamente países. Comparan ciudades.
Puede parecer una diferencia menor, pero tiene implicancias profundas. Cuando una empresa evalúa dónde instalar una nueva operación, rara vez piensa en un territorio de forma abstracta. Lo que analiza es el lugar donde deberá contratar profesionales, conectarse con proveedores, mover mercancías, acceder a infraestructura, incorporar tecnología y sostener el crecimiento del negocio durante los próximos años.
En otras palabras, la competitividad empieza a medirse cada vez más por la calidad de los ecosistemas urbanos.
Esta transformación responde a cambios estructurales de la economía mundial. La inteligencia artificial incrementó la demanda de infraestructura tecnológica. La reorganización de las cadenas globales de suministro aumentó la importancia de la logística. Las industrias intensivas en conocimiento comenzaron a concentrarse allí donde existe talento especializado. Al mismo tiempo, la velocidad con la que evolucionan los mercados obliga a las empresas a reducir incertidumbre y operar en entornos capaces de adaptarse rápidamente.
Todo ello ha reforzado el papel de las ciudades como espacios donde realmente se construye la competitividad.
América del Sur ya ofrece señales de este proceso. Montevideo consolidó su posición como centro regional de servicios corporativos y financieros. Santiago fortaleció un ecosistema que combina innovación, emprendimiento y acceso a capital. En el sur de Brasil, ciudades como Curitiba o Joinville desarrollaron capacidades industriales y tecnológicas que trascienden su importancia dentro del propio país.
El elemento común no es el tamaño de estas ciudades, sino la capacidad para construir identidades económicas propias. Esta nueva realidad también invita a replantear la discusión sobre el desarrollo paraguayo.
Durante años, una parte importante del debate se concentró en explicar por qué invertir en Paraguay. Probablemente la próxima década exija responder otra pregunta: ¿qué ciudades paraguayas pueden convertirse en plataformas competitivas para actividades específicas?
La diferencia no es solamente conceptual.
Pensar el desarrollo desde las ciudades implica fortalecer infraestructura urbana, mejorar la conectividad logística, ampliar la formación de capital humano, promover una mayor articulación entre universidades y empresas, y generar condiciones para que distintas actividades económicas comiencen a reforzarse entre sí.
En este escenario, Asunción puede consolidar su papel como centro corporativo y de servicios especializados. Ciudad del Este dispone de condiciones para profundizar su integración logística y comercial con Brasil. Villeta continúa fortaleciendo su perfil industrial y portuario. Encarnación puede ampliar actividades vinculadas al turismo y los servicios, mientras que el Chaco comienza a abrir nuevas oportunidades relacionadas con energía, agroindustria y sostenibilidad.
No se trata de asignar funciones rígidas a cada ciudad. La economía evoluciona de manera mucho más dinámica que cualquier planificación. Se trata de comprender que la fortaleza del país dependerá cada vez más de la capacidad para desarrollar un sistema de ciudades con perfiles complementarios, en lugar de intentar replicar un mismo modelo de crecimiento en todo el territorio.
La próxima ventaja competitiva de Paraguay probablemente no surja de un único proyecto ni de una única industria. Surgirá de la capacidad para transformar sus ventajas nacionales en ecosistemas urbanos donde empresas, talento, infraestructura e innovación puedan desarrollarse de forma integrada.
Competir como país seguirá siendo indispensable.
Pero competir como un sistema de ciudades puede convertirse en una de las decisiones estratégicas más importantes para el desarrollo económico paraguayo durante la próxima década.
