Según el informe de Avalon Casa de Bolsa, el dólar retrocedió hasta 0,5% y alcanzó su nivel más bajo desde mayo, luego de que el débil dato de empleo de julio modificara las expectativas del mercado sobre la política monetaria de Estados Unidos. La probabilidad implícita de una suba de tasas en septiembre cayó de cerca de 60% a 40%.
El dólar volvió a quedar bajo presión en los mercados internacionales después de que el informe de empleo de Estados Unidos correspondiente a julio mostrara señales de debilitamiento y llevara a los operadores a revisar sus expectativas sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal (Fed).
El movimiento se produjo en un momento especialmente sensible para la divisa, que viene perdiendo fuerza desde finales de junio.
De acuerdo con el reporte de Avalon Casa de Bolsa, el billete verde llegó a retroceder 0,5% alcanzando su menor nivel desde mayo, mientras perdió terreno frente a todas sus principales monedas pares. El yen, por su parte, avanzó favorecido por la debilidad generalizada de la moneda estadounidense.
El dato laboral tuvo un impacto directo sobre las expectativas de tasas. Según las cotizaciones de los swaps de tasas de interés, después de conocerse el informe los operadores asignaban apenas 40% de probabilidad a una suba de tasas en septiembre, frente a aproximadamente 60% antes de la publicación del dato.
La modificación de las expectativas muestra cuánto peso están adquiriendo los indicadores económicos en la formación de precios de los mercados. La falta de señales explícitas sobre el rumbo futuro de la política monetaria por parte del actual titular de la Reserva Federal hace que cada nuevo dato de empleo, inflación o actividad tenga una incidencia mayor en las apuestas de los inversores.
El mercado ya venía moderando sus expectativas
El retroceso de la moneda estadounidense no comenzó con el dato de empleo. Según Avalon, el dólar viene debilitándose desde finales de junio, en paralelo con el proceso mediante el cual los mercados fueron descartando una postura más agresiva de la Fed enfocada en contener la inflación.
Este comportamiento contrasta con lo ocurrido hasta hace pocos días, cuando los operadores habían incrementado sus previsiones alcistas para la moneda estadounidense hasta alcanzar niveles de optimismo que no se observaban desde 2014.
El cambio de percepción resulta relevante porque las expectativas sobre las tasas estadounidenses constituyen uno de los principales factores que inciden sobre el comportamiento del dólar. Una política monetaria más restrictiva tiende a sostener el atractivo de los activos denominados en esa moneda, mientras que una expectativa de tasas más bajas o de menor endurecimiento puede reducir esa demanda.
En este escenario, el mercado deberá prestar especial atención a los próximos datos que puedan modificar nuevamente la trayectoria esperada de la política monetaria.
Septiembre todavía está abierto
El escenario no está definido. Antes de la próxima reunión de la Fed en septiembre, todavía se conocerá un informe adicional de empleo y dos datos de inflación, indicadores que podrían alterar nuevamente las expectativas de los operadores.
Por ello, la reducción de la probabilidad de una suba de tasas no implica que el mercado haya descartado definitivamente cualquier cambio en septiembre. Por el contrario, refleja una mayor sensibilidad frente a los nuevos datos que vayan apareciendo durante las próximas semanas.
En este contexto, la evolución de la inflación será particularmente relevante. Si los precios vuelven a mostrar presiones persistentes, las expectativas podrían modificarse nuevamente; si, en cambio, los indicadores confirman una moderación de la actividad y del mercado laboral, podrían aumentar las apuestas por una política monetaria menos restrictiva.
La energía también entra en la ecuación
El comportamiento del dólar y las expectativas sobre la Fed también están vinculados con el escenario energético internacional. Según el análisis de Avalon, la guerra en Medio Oriente y la volatilidad asociada a los precios de la energía habían sido algunos de los factores que contribuyeron a fortalecer las apuestas por un eventual endurecimiento monetario durante los meses anteriores.
La moderación de esas expectativas luego del dato laboral de julio reduce parte de la presión que venía respaldando al dólar desde el inicio del conflicto. Sin embargo, el mercado continuará siguiendo de cerca la evolución de los precios energéticos, debido a su potencial impacto sobre la inflación estadounidense.
Así, el comportamiento del dólar durante las próximas semanas dependerá de una combinación de factores: empleo, inflación, energía y las señales que surjan en torno a la política monetaria de la Reserva Federal.
Para los mercados, el escenario se vuelve particularmente dependiente de los datos. Con una Fed que, según el reporte, no está ofreciendo orientaciones explícitas sobre la trayectoria futura de las tasas, cada indicador puede provocar ajustes importantes en las expectativas. Por ahora, el débil dato de empleo inclinó la balanza hacia una menor probabilidad de endurecimiento monetario y llevó al dólar a su nivel más bajo desde mayo.
