La mandioca paraguaya enfrenta una amenaza sanitaria que, por ahora, permanece fuera del territorio nacional, pero que ya está presente en países vecinos. El Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) pidió reforzar los controles ante el riesgo de ingreso de la denominada “Escoba de Bruja de la Mandioca”, una enfermedad capaz de provocar pérdidas de entre 80% y 100% del rendimiento del cultivo.
La enfermedad, conocida técnicamente como Cassava Witches’ Broom Disease (CWBD), es causada por el patógeno Ceratobasidium theobromae y está catalogada en Paraguay como una Plaga Cuarentenaria Ausente. Su presencia ya fue confirmada en Argentina, Brasil y Bolivia, además de Guayana Francesa, donde fue detectada en 2023. El escenario regional eleva el riesgo para un cultivo de importancia tanto para el consumo interno como para la actividad de miles de productores.
El problema no se limita a plantas que presenten síntomas evidentes. La principal vía de transmisión son las estacas de mandioca infectadas, que pueden utilizarse para nuevas plantaciones sin mostrar señales visibles de la enfermedad. También existe la posibilidad de transmisión mediante insectos vectores que se alimentan de la savia de las plantas. Una vez que el cultivo resulta infectado, no existe un tratamiento curativo.
Entre los síntomas se encuentran la proliferación anormal de hojas, reducción del tamaño de los pecíolos, necrosis vascular, deformaciones y retraso del crecimiento, además de la formación de estructuras conocidas como “escobas”. El efecto más preocupante, sin embargo, se produce sobre las raíces: la enfermedad puede reducir drásticamente el rendimiento y afectar tanto el valor comercial como la disponibilidad del producto.
Frente a este escenario, el Senave establece como medida obligatoria no introducir ni utilizar material de propagación de mandioca proveniente de zonas o países donde se haya confirmado la enfermedad. Para los productores que generan sus propias estacas, la recomendación es seleccionar plantas sanas, vigorosas y representativas de cada variedad, manteniendo su identidad, pureza y condición sanitaria.
La vigilancia también queda en manos del sector productivo. El organismo insta a realizar inspecciones periódicas y comunicar inmediatamente cualquier síntoma sospechoso, sin esperar una confirmación previa. El objetivo es evitar que una eventual detección se transforme en establecimiento y dispersión de la plaga. Mantenerla fuera del país no es solamente una cuestión fitosanitaria: una incursión podría convertirse en un problema de seguridad alimentaria y en un golpe económico para la agricultura familiar y comercial.
