Antes de que “googlear” se convirtiera en una acción cotidiana, internet era un territorio cada vez más extenso y difícil de recorrer.
Sus fundadores, con orígenes y puntos de vistas casi totalmente diferentes, lograron con el tiempo crear un imperio informático a la altura del número que hacen referencia con su nombre.
Nacieron el mismo año, pero sacando eso, poco tenían en común. Larry Page nació en 1973, en Michigan, y creció en una familia estrechamente vinculada con la informática. Su padre fue profesor de ciencias de la computación e inteligencia artificial, mientras que su madre enseñaba programación. Creció rodeado de computadoras, revistas científicas y piezas electrónicas.
Por su parte, Sergey Brin también nació en 1973, pero en Moscú, entonces parte de la Unión Soviética. Cuando tenía seis años, su familia emigró a Estados Unidos y se instaló en Maryland. Su padre se desempeñó como profesor de Matemáticas y su madre como investigadora científica. Brin estudió Matemáticas y Ciencias de la Computación en la Universidad de Maryland, donde se graduó con honores, antes de trasladarse a Stanford para realizar estudios de posgrado.
Lo único en lo que coincidieron
Page y Brin se conocieron en 1995, cuando Sergey fue asignado para mostrarle el campus de Standford a Larry, que evaluaba estudiar allí. Durante aquel primer encuentro, discutieron sobre casi todo y estuvieron de acuerdo en casi nada, sin embargo, encontraron una curiosidad compartida: ambos querían comprender cómo se relacionaban entre sí las enormes cantidades de información que comenzaban a circular por internet.
En ese momento, los buscadores ordenaban los resultados principalmente por la cantidad de veces que aparecía una palabra dentro de una página. Page comenzó a pensar la red como si se tratara de una comunidad académica. En una investigación científica, una publicación gana relevancia cuando otros trabajos la citan. ¿Podía utilizarse una lógica similar para determinar la importancia de una página web?
A partir de esa pregunta, Page y Brin desarrollaron un sistema que analizaba los enlaces recibidos por cada sitio. No todos los vínculos tenían el mismo valor: una página enlazada por sitios reconocidos podía considerarse más relevante que otra mencionada por espacios poco confiables. El proyecto recibió inicialmente el nombre de BackRub, porque estudiaba los enlaces que apuntaban hacia atrás, y más adelante se convirtió en la base de PageRank, el algoritmo asociado al nacimiento de Google.
El nombre del crecimiento exponencial
La primera versión funcionaba desde los dormitorios de Stanford y utilizaba computadoras ensambladas con los recursos disponibles. El buscador comenzó a llamar la atención dentro de la universidad porque entregaba resultados más útiles que muchas de las alternativas existentes.
BackRub pronto necesitó ajustes importantes y un nombre figuraba en la lista de cambios. Un compañero de Standford, Sean Anderson, sugirió el nombre “Googolplex”, es decir, 10¹⁰¹⁰⁰ o un 1 seguido de un googol (10100), un número tan grande que es físicamente imposible escribirlo. A Page le gustó la idea, pero sugirió acortarlo a solo Googol; cuando Anderson lo buscó para ver la disponibilidad de un dominio, escribió incorrectamente Google.com, pero a Page le gustó cómo lucía y decidieron comprarlo. Del mismo modo, la elección reflejaba la dimensión del desafío que se habían propuesto: organizar cantidades enormes de información y hacerlas accesibles para cualquier persona.
En agosto de 1998, Andy Bechtolsheim, cofundador de Sun Microsystems, les entregó un cheque por US$100.000. Con ese impulso, Google fue constituida formalmente y sus servidores dejaron los dormitorios para instalarse en un garaje de Menlo Park, California, propiedad de Susan Wojcicki quien luego se convertiría en CEO de YouTube.
De la inquietud al gigante global
El éxito no estuvo únicamente en el algoritmo. Page y Brin también comprendieron que la experiencia debía ser rápida y sencilla. Mientras otros portales llenaban sus páginas de noticias, anuncios y enlaces, Google colocó una barra de búsqueda en el centro y dejó que la utilidad del producto hablara por sí misma. La promesa era directa: escribir una pregunta y encontrar, en pocos segundos, una respuesta relevante.
Con el tiempo, el buscador se convirtió en el punto de partida para una compañía mucho más amplia. Google desarrolló servicios como Gmail, Maps, Chrome y Android, además de incorporar plataformas como YouTube. Cada producto siguió una lógica semejante: tomar una actividad compleja, reducir sus dificultades y acercarla a una audiencia masiva.
En 2015 reorganizaron la compañía mediante la creación de Alphabet, una estructura que separó Google de otras iniciativas vinculadas con salud, transporte, investigación y nuevas tecnologías. Page asumió la dirección ejecutiva de Alphabet y Brin ocupó su presidencia. Cuatro años después, ambos dejaron esas funciones operativas y entregaron el liderazgo de Google y Alphabet a Sundar Pichai, aunque anunciaron que continuarían involucrados como cofundadores, accionistas y miembros del directorio.
La historia de Larry Page y Sergey Brin comenzó con una inquietud universitaria, no con la certeza de construir una de las compañías más influyentes del mundo. Su aporte fue observar el desorden creciente de internet y comprender que el verdadero desafío no consistía en reunir más páginas, sino en ayudar a las personas a encontrar lo que realmente necesitaban.
Convirtieron una búsqueda en una puerta de acceso al conocimiento y demostraron que, detrás de una herramienta cotidiana, puede existir una pregunta capaz de cambiar la manera en que el mundo se informa.
