La caída del dólar frente al guaraní comienza a generar efectos más allá del mercado cambiario y alcanza a una actividad vinculada directamente con la economía circular. La Cámara de Industrias Sustentables del Paraguay (CISPY) advierte que las empresas recicladoras están perdiendo competitividad, mientras algunos materiales dejaron de encontrar mercados y la presión ya se traslada a los centros de acopio y a los recicladores de base.
Antonella Silvera, gerente general de la Cispy, señaló que el sector viene alertando sobre esta situación desde el año 2025. A su criterio, el principal problema no es la variación del tipo de cambio en sí, sino la velocidad con la que se está apreciando el guaraní, lo que reduce el margen de adaptación de las empresas. “Lo que nosotros pedimos es que pueda intervenir el Banco Central del Paraguay y pueda acompañar realmente a que esa velocidad pueda ser un poco más progresiva”, sostuvo.
El impacto es especialmente relevante para las empresas que exportan materiales reciclados, debido a que cobran en dólares mientras una parte importante de sus costos se mantiene en guaraníes. Mano de obra, logística, energía y otros gastos operativos no disminuyen necesariamente al mismo ritmo que el tipo de cambio. Silvera ejemplificó que una exportación de USD 100.000, que con un dólar a G. 8.000 representaba G. 800 millones, con una cotización de G. 6.000 equivale a G. 600 millones. “Hoy estamos recibiendo muchísimo menos en moneda local”, lamentó.
La pérdida de competitividad ya tiene efectos concretos sobre determinados materiales. La representante de la CISPY mencionó el caso del polietileno de alta densidad soplado, cuya exportación dejó de resultar competitiva para la industria paraguaya en el mercado brasileño. Esto obliga a las empresas a priorizar qué materiales pueden continuar comercializando, en un escenario en el que los precios internacionales y el tipo de cambio modificaron los márgenes del negocio.
El efecto también alcanza directamente a los recicladores. Según Silvera, el precio del PET pasó de aproximadamente G. 4.000 a G. 3.000 por kilo, mientras que la chatarra ferrosa bajó de cerca de G. 1.500.000 a G. 1.200.000 por tonelada. En el caso del vidrio verde, la situación es todavía más compleja: actualmente ya no tendría precio debido a que dejó de comercializarse para exportación. Los materiales que pierden salida, sin embargo, permanecen dentro de la cadena y pueden terminar acumulados en manos de quienes los recolectan o acopian.
La CISPY estima que unas 130.000 personas trabajan o están vinculadas a este segmento de la economía circular, mientras que existirían alrededor de 2.500 centros de acopio en el país. Por ello, la Cámara advierte que una pérdida prolongada de competitividad podría terminar afectando las operaciones de las empresas y, eventualmente, el empleo asociado a la actividad.
Frente a la posibilidad de utilizar contratos forward para cubrir el riesgo cambiario, Silvera reconoció que se trata de una herramienta habitual para el sector exportador, aunque consideró que no necesariamente resuelve el problema para empresas con contratos de largo plazo. La CISPY sostiene que no busca un tipo de cambio artificial, sino mecanismos que permitan reducir la velocidad de la apreciación del guaraní y dar margen para ajustar costos, renegociar contratos y reorganizar operaciones.
El caso del reciclaje expone así como una variación cambiaria puede extenderse por toda una cadena: el exportador recibe menos guaraníes por sus ventas, pierde competitividad, disminuye la demanda por determinados materiales y el impacto termina alcanzando a los centros de acopio y a los recicladores que dependen de la comercialización de esos productos.
