En un mercado inmobiliario que durante años puso el foco en la ubicación, los metros cuadrados y la estética, una nueva generación de desarrolladores empieza a plantear una pregunta más amplia: ¿qué significa realmente vivir bien? Para Building Innovations, la respuesta pasa por entender que un edificio no termina en la puerta de un departamento, sino que continúa en los espacios compartidos, la relación entre sus habitantes, los servicios, la administración y el vínculo con el barrio.
En la foto: Nicolás Paredes, presidente de Building Innovations
Esa mirada es la que la empresa busca llevar a una nueva etapa con Velvet Mariscal. Nicolás Paredes, presidente de Building Innovations, define el concepto que guía el proyecto como “lujo accesible”: una propuesta en la que la calidad arquitectónica no se limita a una fachada atractiva o a la resolución funcional de una vivienda, sino que incorpora la experiencia cotidiana de quienes la habitan.
“Los edificios, hoy, son el nuevo barrio: lugares donde convivimos y nos relacionamos”, plantea Paredes. Bajo esa premisa, el lujo deja de ser exclusivamente una cuestión de terminaciones o materiales y pasa a incorporar una dimensión más difícil de medir: cómo se siente una persona en el lugar donde vive, cómo utiliza sus espacios y cómo convive con quienes comparten el edificio.
Para Building Innovations, esa experiencia requiere que el producto inmobiliario sea pensado de manera integral. La arquitectura, los espacios comunes, los amenities y la administración forman parte de una misma ecuación. En ese último punto, la compañía pone especial énfasis a través de BI Propiedades, su empresa de administración, que participa en el funcionamiento de los edificios y en la atención de los clientes.
Es una concepción que también busca modificar la forma de entender el valor de una propiedad. Un inmueble puede ser atractivo por su diseño inicial, pero su verdadera capacidad de sostener valor depende también de cómo funciona con el paso del tiempo, cómo se mantiene y qué experiencia ofrece a quienes lo habitan.
La arquitectura atemporal ocupa otro lugar central en esta visión. Paredes explica que hablar de arquitectura clásica no significa necesariamente reproducir estilos grecorromanos, sino recuperar principios como la modulación, el ritmo y el uso adecuado de los materiales. El objetivo es que el edificio no dependa de una tendencia pasajera y pueda conservar su identidad arquitectónica con el transcurso de los años.
“Esto genera un edificio atemporal, que será un ícono en este barrio y que mantendrá su valor arquitectónico, ya que no depende de modas o tendencias”, sostiene.
Una mirada que cruza fronteras
La propuesta también incorpora una perspectiva internacional. El trabajo de los estudios de Martín Olabarrieta y de Florencia Ordóñez y Nik Wenzke aportó, según Paredes, una mirada más amplia al proceso de diseño, basada en experiencias internacionales y en una aproximación multidisciplinaria.
Forma, estilo y función se combinan con una consideración más profunda sobre la manera en que las personas utilizan y experimentan los espacios. Para el desarrollador, esa integración es la que permite elevar el proceso de diseño y diferenciar una propuesta que busca responder a las necesidades concretas de quienes van a habitarla.
En ese sentido, uno de los elementos que Paredes considera menos valorados dentro del concepto tradicional de lujo es precisamente el factor humano. El mercado suele asociarlo principalmente con estética y materiales, mientras que Building Innovations busca incorporar la espacialidad, la calidad de los amenities y la relación con el entorno. A esto suma el componente de atención y administración, como parte de la experiencia posterior a la compra.
La evolución de Velvet tampoco puede separarse de la transformación que atravesó Building Innovations. Paredes describe los últimos seis años como un proceso de cambio administrativo, técnico y constructivo que acompañó el crecimiento de la compañía.
Uno de los principales hitos fue el paso de una empresa familiar a una organización corporativizada. Ese proceso, afirma, permitió modificar la escala de operación y proyectar una nueva etapa de crecimiento. “Hoy podemos duplicar en un año lo hecho en los primeros cinco años de la empresa”, señala.
Detrás de ese crecimiento existe, además, una lectura del mercado que vincula dos variables: la necesidad de vivienda y la oportunidad de inversión. La lógica del negocio, según Paredes, parte de comprender que ambas necesidades pueden encontrarse cuando el producto responde a una demanda real.
Los tres desarrollos anteriores de Building Innovations en el barrio Mariscal también forman parte de ese aprendizaje. La experiencia acumulada permitió observar quién compra, quién alquila, cómo se utilizan los edificios, cómo evoluciona el barrio y de qué manera se conecta con otras zonas de la ciudad.
Velvet Mariscal surge, entonces, como resultado de esa lectura acumulada y no como una propuesta aislada.
Construir mirando hacia 2040
La siguiente pregunta es hasta dónde puede crecer este modelo. Para Paredes, el desarrollo, la construcción y la administración forman un modelo integrado que constituye el motor del Grupo BI. La intención es profundizar ese esquema y ampliar su participación en el mercado inmobiliario paraguayo.
Pero la expansión no se plantea únicamente desde la cantidad de proyectos. La compañía mira también el crecimiento urbano y las necesidades habitacionales que tendrá el país durante las próximas décadas.
“¿Para quién vamos a construir? Esa es la pregunta clave”, afirma Paredes.
La interrogante adquiere relevancia cuando se observa la transformación demográfica y urbana que atraviesa Paraguay. El desafío para los desarrolladores no será solamente construir más, sino entender qué tipo de viviendas demandarán los nuevos habitantes de Asunción y sus áreas periféricas, cómo cambiarán las formas de vivir y qué características tendrán los hogares del futuro.
En última instancia, la visión de Building Innovations apunta a que el éxito de un proyecto inmobiliario no debería medirse únicamente por la cantidad de unidades vendidas. Paredes plantea una relación más directa entre la ocupación del edificio, la utilidad que tiene para sus habitantes y la rentabilidad del inversor.
“Un edificio lleno implica un producto bien pensado y útil a la sociedad”, sostiene.
Desde esa perspectiva, la fidelización del cliente comienza mucho antes de la entrega de una unidad y continúa después de ella. La apuesta es que quien compra hoy pueda seguir encontrando valor en la propiedad dentro de cinco o diez años, tanto por la experiencia de vivir allí como por la posibilidad de que el inmueble mantenga su atractivo para el mercado.
La ecuación termina conectando tres dimensiones que tradicionalmente se analizaron por separado: vivienda, inversión y ciudad. El desafío de los desarrolladores será encontrar el punto en que esas tres necesidades coincidan.
Porque, en un mercado que seguirá transformándose, construir no será solamente levantar edificios. Será anticipar cómo quiere vivir una ciudad y crear espacios capaces de conservar su valor cuando las modas ya hayan pasado.
