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El capital llega: el nuevo desafío de Paraguay

Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios

Durante años, Paraguay tuvo que demostrar que podía ser una alternativa competitiva para quienes buscaban invertir en Sudamérica. Hoy, la conversación empieza a cambiar. El interés ya está llegando. El desafío ahora es saber si el país tiene la capacidad para absorber ese capital y transformarlo en mayor productividad, nuevas empresas y crecimiento sostenible.

Las señales son cada vez más claras. La Red de Inversiones y Exportaciones (REDIEX) identificó durante 2025 a 2.354 nuevas empresas interesadas en invertir en Paraguay, provenientes de 41 países, prácticamente el doble del registro del año anterior. La diversidad de los mercados de origen también resulta significativa: entre ellos aparecen Brasil, Argentina, Estados Unidos, España, Alemania, China, Japón, Corea del Sur y otros mercados desarrollados y emergentes.

El Ministerio de Economía y Finanzas también señaló, después de la obtención del grado de inversión, un creciente interés del mercado internacional en adquirir activos paraguayos. Es una señal relevante porque muestra que la percepción sobre Paraguay empieza a superar la tradicional búsqueda de costos competitivos y alcanza también una mirada más amplia sobre el país como destino de capital.

Pero cuando aumenta la llegada de capital, también aumenta la demanda.

Y aquí aparece una cuestión que considero fundamental.

Una inversión no llega sola. Una empresa que se instala necesita terreno, infraestructura, trabajadores, proveedores, servicios financieros, logística y profesionales. Una persona que decide establecerse necesita vivienda, transporte, educación, salud y otros servicios.

Si esa demanda crece más rápido que la oferta, determinados mercados comienzan inevitablemente a sentir presión.

Esto puede ocurrir con terrenos, viviendas, alquileres, espacios corporativos o determinados perfiles profesionales. No significa necesariamente que exista un problema económico. La valorización de un activo también puede reflejar una mayor expectativa de desarrollo.

La cuestión es otra: qué tan rápido consigue Paraguay aumentar su oferta para acompañar ese crecimiento.

Esta diferencia es importante porque no deberíamos confundir una presión localizada sobre determinados precios con inflación generalizada.

Una economía puede mantener estabilidad macroeconómica y, al mismo tiempo, experimentar una fuerte valorización de determinados activos o zonas. Son fenómenos diferentes y requieren respuestas diferentes.

Por eso, el verdadero desafío no debería ser frenar la llegada de capital.

Debería ser aumentar la capacidad del país para recibirlo.

Paraguay necesita más infraestructura, más vivienda, más talento especializado, mejores servicios y una red más profunda de proveedores locales. Necesita también que las inversiones que llegan puedan crecer y generar nuevas inversiones alrededor de ellas.

Ahí está el verdadero potencial del capital extranjero.

Una empresa que se instala puede generar empleo. Pero también puede desarrollar proveedores, incorporar tecnología, ampliar las exportaciones y crear demanda para nuevas empresas.

Una inversión puede convertirse en otra.

Un proveedor puede convertirse en exportador.

Un trabajador puede adquirir nuevas capacidades.

Y una actividad productiva puede generar toda una cadena de servicios alrededor.

Ese efecto multiplicador es mucho más importante que el valor de la inversión inicial.

Los datos de REDIEX muestran que Paraguay está despertando interés desde una base cada vez más amplia de mercados. La institución señaló que las empresas identificadas durante 2025 representaban una intención de inversión de más de US$1.200 millones, según su balance anual.

No todo interés se convierte automáticamente en inversión efectiva. Y esa es una distinción que también debemos hacer.

Pero la tendencia muestra que Paraguay está entrando en el radar de un número creciente de empresas que evalúan dónde producir, dónde expandirse y dónde colocar capital.

Esto cambia también la naturaleza de la competencia.

Durante mucho tiempo, Paraguay compitió principalmente mostrando que podía ofrecer mejores costos que otros mercados.

Eso sigue siendo importante.

Pero no será suficiente para siempre.

La competitividad sostenible dependerá cada vez más de la productividad, la infraestructura, el talento, la logística, la seguridad jurídica y la capacidad de una empresa para ampliar sus operaciones una vez instalada.

En otras palabras, Paraguay necesita pasar de ser un país atractivo para invertir a ser un país preparado para crecer con la inversión.

Ese cambio parece sutil, pero es enorme.

Porque atraer capital es solamente el comienzo.

El verdadero resultado económico aparece cuando ese capital permanece, reinvierte, desarrolla proveedores, genera empleo especializado, incorpora tecnología y aumenta la capacidad productiva del país.

Por eso considero que la discusión sobre la llegada de capital regional y extranjero debe ir más allá de cuánto dinero está entrando.

La pregunta más importante es qué estamos construyendo alrededor de ese capital.

Si Paraguay consigue aumentar su oferta al mismo ritmo que aumenta la demanda, la valorización de activos puede convertirse en una señal de desarrollo y no en una pérdida de competitividad.

Si consigue transformar nuevas inversiones en empresas, proveedores, talento y exportaciones, el impacto será todavía mayor.

Paraguay no necesita elegir entre atraer capital y preservar su competitividad. Necesita hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Ese será, en mi opinión, uno de los grandes desafíos económicos del país durante los próximos años.

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