Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), sorprendió en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil al quedar por delante del actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, la diferencia fue insuficiente para evitar una segunda vuelta, que se celebrará el próximo 25 de octubre. El resultado deja abierta una disputa que también pondrá en juego dos visiones diferentes sobre el tamaño del Estado, el gasto público, los impuestos y la política económica.
Con el 100% de las secciones electorales totalizadas, Flávio Bolsonaro obtuvo 47,03% de los votos válidos, equivalentes a más de 56,1 millones de sufragios, mientras que Lula alcanzó el 45,16%, con casi 53,9 millones. La diferencia fue de aproximadamente 2,22 millones de votos, en una de las primeras vueltas más estrechas de la historia electoral brasileña.
Ninguno de los dos alcanzó la mayoría absoluta requerida para definir la elección en primera vuelta. Por ello, los brasileños volverán a las urnas el 25 de octubre, en una contienda que parte prácticamente desde cero y en la que ambos candidatos deberán ampliar sus respectivas bases electorales.
Bolsonaro, senador por Río de Janeiro e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, logró así superar las expectativas de varias encuestas previas a la elección. Tras el resultado, sostuvo que el voto representa una señal de que Brasil quiere un cambio.
Lula, por su parte, reconoció que el resultado no fue el esperado y deberá encarar una nueva etapa de campaña para intentar revertir la ventaja de su rival. El presidente busca un nuevo mandato al frente del país después de haber gobernado durante los períodos 2003-2010 y desde 2023.
Un tercer espacio que puede ser decisivo
La diferencia entre ambos candidatos contrasta con el resultado del resto de los postulantes. Augusto Cury consiguió 2,89%, Renan Santos 2,24% y Ronaldo Caiado 2,18%, mientras que Romeu Zema obtuvo 0,27%. En conjunto, los candidatos que quedaron fuera de la segunda vuelta reunieron alrededor de 7,8% de los votos válidos.
Ese caudal será uno de los principales focos de atención durante las próximas semanas. Tanto Bolsonaro como Lula deberán intentar atraer a los votantes de las demás candidaturas, especialmente aquellos que se identifican con posiciones de centro o con sectores de derecha que no respaldaron inicialmente al candidato del PL.
A esto se suma otro factor: la abstención. De un electorado habilitado de 158,7 millones de personas, unos 33,47 millones no acudieron a votar, lo que representó una abstención de 21,08%. El porcentaje fue el más alto para una elección presidencial brasileña desde 1998.
Ese electorado que no participó también constituye un universo relevante para la segunda vuelta, aunque no necesariamente todo ese caudal pueda trasladarse automáticamente a uno u otro candidato.
Más allá de la disputa ideológica, el balotaje pondrá frente a frente dos propuestas diferentes sobre el papel del Estado en la economía. Lula plantea mantener el actual régimen fiscal, con una estructura tributaria en la que los sectores de mayores ingresos contribuyan proporcionalmente más, además de ampliar la inversión pública y sostener programas sociales como Bolsa Familia.
Su propuesta también pone énfasis en educación, salud y reducción de las desigualdades. En materia laboral, plantea reducir la jornada de trabajo dentro de una agenda orientada a mejorar las condiciones de los trabajadores.
Bolsonaro, en cambio, propone un Estado más reducido, con eliminación de ministerios, control del gasto público, avance de privatizaciones y reducción de impuestos. El planteamiento económico se acerca al programa de menor intervención estatal que caracterizó al bolsonarismo durante la administración de Jair Bolsonaro.
La diferencia no es menor para los mercados. La reacción financiera posterior a la primera vuelta fue positiva: la bolsa brasileña registró una fuerte suba y el real se apreció frente al dólar, en un movimiento asociado por analistas a las expectativas de un eventual gobierno con una agenda más orientada al mercado.
No obstante, el resultado electoral todavía no define quién gobernará ni qué programa podrá implementarse. La composición del Congreso y las negociaciones que se produzcan después del balotaje serán determinantes para la capacidad del próximo presidente de avanzar con reformas.
Seguridad: otro eje de la disputa
La seguridad pública también marca una diferencia importante. Lula propone una estrategia centrada en inteligencia, prevención y fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, mientras que Bolsonaro plantea penas más duras, mayor control fronterizo, nuevas cárceles y una utilización más amplia de tecnologías de vigilancia.
El candidato del PL también plantea una postura más dura frente a las principales organizaciones criminales brasileñas, en línea con una de las banderas históricas del bolsonarismo.
En educación y salud también existen diferencias. El programa de Lula prioriza la ampliación de la alfabetización, la educación técnica y universitaria, además del fortalecimiento de la atención primaria y de los programas de vacunación.
Bolsonaro plantea, entre otras medidas, escuelas cívico-militares, vales educativos y una mayor utilización de la telesalud, con énfasis en la atención de adultos mayores y pacientes crónicos.
Son dos enfoques distintos sobre la prestación de servicios públicos: uno con mayor protagonismo estatal y otro que busca incorporar mecanismos alternativos y reducir el peso directo del Estado.
La política ambiental también separa a ambos candidatos. Lula propone avanzar hacia una economía de bajo carbono y alcanzar la deforestación cero en la Amazonía para 2030. Bolsonaro, por su parte, plantea combatir la deforestación ilegal y, al mismo tiempo, ampliar la explotación de hidrocarburos y minerales. El resultado de la elección tendrá además consecuencias que van más allá de las fronteras brasileñas.
Brasil es la mayor economía de América Latina y uno de los principales actores de los BRICS, el Mercosur y el comercio mundial de materias primas. Por eso, el próximo gobierno deberá definir también su relación con Estados Unidos, China y Europa, además de su posición frente a los principales asuntos regionales.
La elección también tendrá implicancias directas para Paraguay, considerando el peso de Brasil en el Mercosur, el comercio bilateral, las inversiones, la energía y las cadenas regionales de producción.
Una elección que todavía está abierta
El resultado de la primera vuelta deja a Bolsonaro con una ventaja inicial, pero no garantiza su victoria. La distancia de 1,87 puntos porcentuales es suficientemente estrecha como para que el resultado del 25 de octubre dependa de la capacidad de ambos candidatos para ampliar sus alianzas y movilizar a nuevos votantes.
Por primera vez en la historia reciente, además, la diferencia entre los dos candidatos más votados en una primera vuelta presidencial brasileña fue inferior a dos puntos porcentuales. Brasil entra así en tres semanas de campaña en las que no solo se definirá quién ocupará el Palacio de Planalto, sino también qué modelo económico, fiscal y de inserción internacional tendrá una de las principales economías emergentes del mundo.
