La agricultura mira hacia 2040 con una meta ambiciosa: alcanzar una producción de entre 40 y 45 millones de toneladas de granos. La proyección contempla un aumento de la superficie cultivada, mayor diversificación y la incorporación progresiva de nuevas zonas a las cadenas productivas.
La estimación fue planteada por Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), quien señaló que el sector agrícola todavía tiene margen para ampliar su capacidad productiva.
Uno de los principales objetivos es llevar la superficie de soja hasta 5 millones de hectáreas, manteniendo al cultivo como el principal rubro agrícola del país. A esto se sumarían unas 2,5 millones de hectáreas de maíz y la recuperación del área destinada al trigo, con una meta de aproximadamente 800.000 hectáreas.
El esquema también contempla una mayor participación de otros cultivos, entre ellos el arroz y aquellos utilizados en rotación, como chía, sésamo, girasol y canola. La diversificación aparece como uno de los componentes de la estrategia para incrementar el volumen producido sin depender exclusivamente de un solo cultivo.
Más allá de la Región Oriental
El crecimiento previsto también implica una expansión geográfica de la actividad agrícola. Pastore señaló que la agricultura está avanzando sobre nuevas zonas de departamentos como Paraguarí, Cordillera y Concepción, donde parte de las tierras tradicionalmente vinculadas a la ganadería están comenzando a incorporarse a la producción agrícola.
Este proceso podría ampliar la base territorial del sector, aunque también supone mayores requerimientos de infraestructura, transporte y servicios para que las nuevas áreas puedan integrarse de manera competitiva a los mercados.
Otro territorio identificado con potencial es la Región Occidental. En el Chaco, Pastore destacó las condiciones de los suelos y el avance de una mayor integración entre agricultura y ganadería, proceso que se desarrolla junto con la infraestructura y la capacidad industrial instalada en las colonias menonitas.
La expansión productiva no se limita a incrementar hectáreas. Desde Capeco también se plantea la necesidad de incorporar a los pequeños productores a las cadenas de valor.
Pastore sostuvo que la integración de los agricultores familiares a los circuitos productivos puede tener efectos sobre los ingresos y las condiciones económicas de las comunidades rurales. En ese sentido, mencionó que entre 2002 y 2022 la pobreza en Paraguay se redujo a más de la mitad, y vinculó parte de ese proceso con la incorporación de campesinos a las cadenas productivas.
La inclusión de más productores dentro de esquemas comerciales y productivos aparece así como otro de los componentes de la expansión proyectada para las próximas décadas.
Una campaña 2026/2027 condicionada por el clima
Mientras la mirada del sector se extiende hasta 2040, la campaña agrícola más inmediata presenta condiciones favorables. La siembra de soja 2026/2027 ya supera el 70% en la Región Oriental, de acuerdo con lo señalado por Pastore, con un escenario climático que hasta el momento acompaña el desarrollo de los cultivos.
El comportamiento de las lluvias resulta particularmente relevante ante la posibilidad de un escenario asociado a El Niño. La disponibilidad de precipitaciones puede favorecer los rendimientos frente a una eventual falta de agua, aunque un exceso también podría convertirse en un problema para el traslado de la producción.
El riesgo, en este caso, no se limita al campo. Mayores volúmenes de lluvia pueden complicar el estado de los caminos y generar dificultades en los procesos de transporte y salida de granos hacia los puertos, un punto particularmente sensible para una economía agrícola y exportadora como la paraguaya.
La meta de llegar a 40-45 millones de toneladas de granos en 2040 implica, por tanto, un desafío que va más allá de producir más. A medida que aumente el volumen agrícola, también crecerá la presión sobre la infraestructura necesaria para movilizar, almacenar y exportar esa producción. Caminos, puertos, capacidad de almacenamiento y logística deberán acompañar la expansión para evitar que una mayor cosecha termine enfrentando restricciones en su traslado hacia los mercados.
La proyección de Capeco plantea así un escenario de mayor escala para la agricultura paraguaya, sustentado en más superficie de soja y maíz, la recuperación del trigo, la incorporación de nuevos cultivos y la expansión hacia territorios que hasta ahora tuvieron una participación menor en la agricultura.
El objetivo es elevar sustancialmente el volumen producido, pero el desafío será convertir esa expansión en mayor competitividad y capacidad efectiva de exportación, sin que las limitaciones de infraestructura y logística terminen condicionando el crecimiento esperado.
