La reciente granizada volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de las aseguradoras y abrió el debate sobre cómo debe evolucionar el sector frente a fenómenos de mayor intensidad. Alberto Duarte, presidente de AZ Consultora, analiza el papel del reaseguro, la prevención y el desafío de ampliar la cultura aseguradora en Paraguay.
La magnitud de los daños registrados durante el último temporal expuso uno de los principales desafíos que enfrenta la industria: responder a una elevada concentración de siniestros en un periodo reducido y, al mismo tiempo, prepararse para escenarios en los que determinados fenómenos puedan presentarse con mayor frecuencia o severidad.
“Estos son justamente los momentos en los que el seguro demuestra su verdadero valor: acompañar al asegurado cuando ocurre aquello que no podía prever ni evitar”, afirmó Duarte.
Todavía es prematuro establecer el impacto económico que tendrá el episodio sobre las compañías. Las aseguradoras continúan recibiendo denuncias, verificando coberturas y evaluando los daños, por lo que será necesario esperar la consolidación de la información.
Entre los reclamos, el impacto más visible se encuentra en los vehículos, con daños en parabrisas, vidrios, carrocerías y otros componentes. Sin embargo, también pueden registrarse afectaciones en viviendas, comercios, depósitos y otras instalaciones. En cada caso, el alcance de la respuesta dependerá de las coberturas contratadas.
El respaldo del reaseguro
Ante eventos capaces de generar numerosos reclamos de manera simultánea, uno de los componentes relevantes para la estabilidad del sistema es el reaseguro.
“El reaseguro cumple un papel fundamental porque permite distribuir parte de los riesgos asumidos por las compañías y evitar que determinados eventos recaigan exclusivamente sobre una aseguradora. Su incidencia dependerá de cómo cada compañía tenga estructurada su protección. Es una herramienta esencial para dar estabilidad y respaldo al sistema frente a eventos de gran magnitud”, explicó.
El episodio también puede incidir en los resultados técnicos de aquellas aseguradoras con mayor exposición en las zonas afectadas. No obstante, su efecto dependerá de factores como la cantidad y severidad de los siniestros, la composición de las carteras, las coberturas contratadas y el respaldo de reaseguro.
Para Duarte, una eventual mayor frecuencia o intensidad de determinados fenómenos obligará al mercado a continuar revisando sus modelos de riesgo.
“El desafío será hacerlo sin perder de vista algo fundamental: que el seguro siga siendo sostenible para las compañías y accesible para las personas”, sostuvo.
El desafío de ampliar la cultura aseguradora
La coyuntura también vuelve a poner el foco sobre la penetración del seguro en Paraguay y sobre la cantidad de familias y empresas que todavía afrontan directamente riesgos que podrían transferirse mediante una cobertura.
“Nuestro desafío como sector no debería ser solamente vender más pólizas, sino lograr que más personas comprendan qué riesgos tienen, qué necesitan proteger y cuál es el costo que podrían afrontar si mañana pierden parte de su patrimonio”, manifestó.
En ese sentido, el especialista considera que acontecimientos de esta magnitud también pueden generar una mayor conciencia sobre el seguro como una herramienta de protección patrimonial.
Hacia adelante, Duarte identifica un cambio de enfoque como una de las principales tareas para la industria. “Creo que la principal enseñanza es que debemos pasar cada vez más de una cultura de reacción a una cultura de prevención”, expresó.
A esto se suma la necesidad de fortalecer la educación aseguradora y generar mayor conocimiento sobre las coberturas contratadas. Para Duarte, los eventos de gran magnitud constituyen una prueba para la industria, pero también una oportunidad para anticiparse mejor a los riesgos y construir un mercado preparado para responder a nuevas realidades.

