El trabajo doméstico representa el 7,6% del empleo total en Paraguay, una de las proporciones más altas del continente. A nivel mundial, el 83,1% de quienes se desempeñan en el sector trabaja en la informalidad, con menores ingresos y brechas persistentes en materia de protección laboral.
El trabajo doméstico tiene un peso significativo en el mercado laboral paraguayo, pero su importancia económica contrasta con los desafíos que enfrenta el sector para garantizar condiciones laborales adecuadas. Paraguay registra una de las mayores participaciones del empleo doméstico en el empleo total de América, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) correspondientes al año 2025 o al último año disponible.
De acuerdo con las cifras difundidas a través del informe del organismo internacional, el trabajo doméstico representa el 7,6% del empleo total en Paraguay, solo por debajo de Trinidad y Tobago, donde alcanza el 8,4%. Le siguen Colombia con el 6,9% y Argentina con el 6,4%.
El dato sitúa a Paraguay entre los países americanos donde esta actividad tiene mayor presencia dentro del mercado laboral. Sin embargo, la proporción no debe confundirse con la tasa de informalidad del sector en el país, indicador para el cual se requiere una cifra nacional específica.
El panorama regional también muestra la dimensión de esta actividad. América Latina y el Caribe reúnen a 14,6 millones de personas trabajadoras domésticas, de las cuales más de tres de cada cuatro se encontraban en la informalidad en el 2025. La región concentra, además, el 18,2% del empleo doméstico mundial.
La informalidad sigue siendo el principal desafío
El problema trasciende las fronteras regionales. El informe La situación del trabajo doméstico en 2025: 15 años después del Convenio núm. 189, publicado por la OIT el 27 de octubre de 2026, estima que 80 millones de personas de 15 años o más trabajan en el sector doméstico en todo el mundo.
De ese total, 66,5 millones se encuentran en la informalidad, equivalentes al 83,1% de la fuerza laboral doméstica mundial. La cifra representa 5,1 millones de personas más que en 2019, lo que evidencia la magnitud del desafío para extender la protección laboral y social.
Aunque hubo avances en numerosos países, el organismo advierte que estos no fueron suficientes para revertir el problema a escala global. Entre 2019 y 2025, la proporción de trabajadores domésticos en situación informal disminuyó o se mantuvo estable en 91 de los 140 países con datos comparables. En los 49 restantes, que reúnen alrededor del 30% de los trabajadores domésticos del mundo, la informalidad aumentó.
La situación resulta relevante para una actividad que comprende tareas esenciales para el funcionamiento cotidiano de los hogares, como limpieza, cocina y cuidado de niños, personas mayores y personas con discapacidad.
Menores ingresos y jornadas extensas
Las diferencias salariales constituyen otra de las principales dificultades identificadas por la OIT. En promedio, las personas trabajadoras domésticas perciben el equivalente al 53,3% del salario mensual medio de los demás asalariados. Entre quienes trabajan en la informalidad, la proporción se reduce al 48,7%.
La brecha también se amplió respecto del 2019, cuando los ingresos mensuales medios del sector equivalían al 56,4% de los percibidos por otros asalariados. Según el organismo, esto no implica necesariamente que los salarios domésticos hayan disminuido en términos absolutos, sino que en muchos países aumentaron a un ritmo inferior al de otras ocupaciones.
Las jornadas laborales presentan igualmente diferencias importantes. En 2025, el 35,2% de las personas trabajadoras domésticas trabajaba al menos 49 horas semanales, mientras que el 14,6% cumplía jornadas de 60 horas o más.
Al mismo tiempo, una parte del sector enfrenta jornadas reducidas, ya sea por falta de oportunidades suficientes o porque distribuye su tiempo de trabajo entre distintos hogares. Esta combinación de jornadas excesivas y subempleo refleja la heterogeneidad de las condiciones laborales dentro de la actividad.
La desigualdad de género también es significativa. Las mujeres representan el 77,2% de las personas trabajadoras domésticas en el mundo y perciben, en promedio, el equivalente al 48% del salario mensual medio de los demás asalariados. Entre los hombres que trabajan en el sector, esa proporción alcanza el 65,8%.
El reto de convertir los derechos en protección efectiva
A 15 años de la adopción del Convenio núm. 189 de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, el organismo sostiene que el reconocimiento jurídico debe traducirse en mejores condiciones concretas de empleo.
Entre las medidas recomendadas figuran facilitar el registro laboral, ampliar la cobertura de la protección social, garantizar la aplicación efectiva de los salarios mínimos y reforzar el cumplimiento de la legislación. También plantea mejorar la protección del tiempo de trabajo, reconocer las competencias de quienes se desempeñan en el sector y promover el diálogo social y la negociación colectiva.
Para Paraguay, donde el trabajo doméstico representa una proporción elevada del empleo total, las cifras regionales e internacionales aportan un marco para examinar la calidad de los puestos de trabajo y el alcance de la formalización. No obstante, para determinar con precisión la situación nacional es necesario complementar estos datos con indicadores locales sobre inscripción laboral, seguridad social, remuneraciones y cumplimiento de los derechos laborales.
El desafío no se limita a la cantidad de personas ocupadas, sino también a las condiciones en las que trabajan. La extensión de la formalidad y de la protección social será determinante para que una actividad esencial para los hogares pueda desarrollarse bajo condiciones laborales adecuadas.
