Por Alexandre Perini
Paraguay ha avanzado de forma sostenida en inclusión financiera en los últimos años. Cada vez más personas utilizan billeteras digitales, realizan pagos con códigos QR y operan dentro del sistema formal. Este crecimiento refleja una transformación importante en el acceso a servicios financieros, especialmente entre sectores históricamente excluidos.
Sin embargo, este avance no ha sido acompañado por un desarrollo equivalente en profundidad financiera. En la práctica, esto significa que, aunque más personas están dentro del sistema, no necesariamente pueden acceder a productos clave como el crédito.
El problema se hace evidente cuando usuarios activos intentan financiar consumo, emprender o invertir. A pesar de tener movimiento constante en sus cuentas, muchos quedan fuera. La razón es estructural: el sistema financiero sigue evaluando con criterios tradicionales, como historial bancario previo, ingresos formales comprobables y garantías clásicas.
Este enfoque deja afuera a una gran parte de la población que sí genera actividad económica, pero que no encaja en esos parámetros. Se trata de trabajadores independientes, emprendedores informales o personas con ingresos variables, que usan herramientas digitales todos los días, pero no logran calificar para un préstamo.
Así se configura una paradoja cada vez más visible. El sistema logra incluir, pero no logra financiar. Es decir, hay acceso, pero no hay desarrollo.
En este contexto, surge una oportunidad concreta a partir del uso de tecnología y datos. Hoy, cada pago digital, cada transferencia y cada operación deja información sobre el comportamiento financiero de una persona. Esa información permite entender hábitos, frecuencia de ingresos y capacidad de pago de una manera más realista.
Aquí entran conceptos como el scoring alternativo, que consiste en evaluar el riesgo crediticio utilizando estos nuevos datos en lugar de depender únicamente de antecedentes bancarios tradicionales. En lugar de preguntar si alguien tuvo un crédito antes, se analiza cómo maneja su dinero en el presente.
Por otro lado, el llamado embedded finance se refiere a integrar servicios financieros, como el crédito, directamente en las plataformas que las personas ya utilizan. Por ejemplo, ofrecer financiamiento dentro de una aplicación de pagos o una billetera digital, sin necesidad de ir a un banco.
Ambas soluciones permiten acercar el crédito a usuarios que hoy están activos en el sistema, pero que siguen excluidos de sus beneficios más importantes.
El desafío para Paraguay no es menor. No se trata solo de seguir sumando usuarios al sistema financiero, sino de aprovechar mejor la información que ya existe para generar más oportunidades. Transformar datos en crédito es el siguiente paso natural.
Cerrar esta brecha entre inclusión y profundidad no solo mejora la eficiencia del sistema, sino que también impulsa el crecimiento económico. Cuando más personas acceden a financiamiento, aumentan las posibilidades de emprender, invertir y mejorar ingresos.
El país ya dio el primer paso con la inclusión. Ahora el desafío es claro: convertir esa inclusión en acceso real al crédito.
Alexandre Perini
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