abdb4a3197dd_Banner_portada

Ley de Maquila en Paraguay: de ventaja en costos a plataforma de valor agregado

Por Alexandre Perini

¿Paraguay sigue compitiendo por costos… o ya empezó a competir por valor agregado?

Durante años, la Ley de Maquila Paraguay fue interpretada como una herramienta para producir barato y exportar. Y, en ese sentido, cumplió su objetivo. El país logró posicionarse como una plataforma eficiente dentro de la región, atrayendo industrias que buscaban optimizar costos y aprovechar su ubicación estratégica.

Sin embargo, lo que está ocurriendo hoy va más allá de una simple evolución operativa. Es un cambio de enfoque. La reciente actualización del régimen no solo apunta a mejorar procesos o reducir burocracia, sino que redefine el tipo de inversión que Paraguay quiere captar en los próximos años.

La incorporación de servicios dentro del esquema, junto con una mayor flexibilidad operativa y el mantenimiento de un régimen fiscal altamente competitivo —basado en una tasa del 1% sobre el valor agregado— marca un punto de inflexión. Ya no se trata únicamente de manufactura básica o procesos intensivos en mano de obra, sino de abrir el juego a actividades más sofisticadas.

Esto incluye servicios tecnológicos, procesos de back office, soluciones digitales e incluso estructuras regionales de operación. En otras palabras, sectores donde el margen no está en el volumen, sino en el conocimiento, la eficiencia y la especialización.

El problema es que el mercado todavía no ajustó su percepción.

Paraguay sigue siendo visto, en muchos casos, bajo una narrativa antigua: bajo costo, baja complejidad, industria ligera. Una visión que fue válida durante años, pero que hoy empieza a quedar desactualizada frente a los cambios que se están implementando.

Y es precisamente ahí donde aparece la oportunidad.

Porque cuando un país combina costos operativos eficientes, estabilidad jurídica, incentivos fiscales claros y, al mismo tiempo, habilita sectores de mayor valor agregado, deja de ser simplemente una alternativa para reducir gastos. Se convierte en una plataforma estratégica para estructurar operaciones con mayor inteligencia.

Ese cambio no siempre es evidente en el corto plazo. No aparece necesariamente en los titulares ni en los indicadores tradicionales. Pero se refleja en el tipo de empresas que comienzan a evaluar el país, en la complejidad de los proyectos que se estructuran y en el perfil del capital que empieza a interesarse.

Paraguay está entrando en esa etapa.

Una transición donde el diferencial ya no es únicamente cuánto cuesta producir, sino qué tipo de valor se puede generar desde el país.

Y como suele ocurrir en estos procesos, hay una asimetría de información. Mientras algunos siguen analizando Paraguay con un marco mental del pasado, otros ya están posicionándose con una visión más alineada a lo que viene.

Ahí es donde se construye la ventaja.

No en reaccionar al cambio, sino en anticiparlo.

Porque en mercados en transición, el mayor riesgo no es equivocarse en el timing… es llegar tarde a una oportunidad que ya empezó a consolidarse.

Paraguay no dejó de ser competitivo en costos. Pero limitar el análisis a ese punto hoy es perder de vista lo más relevante: el país está comenzando a competir, cada vez más, por valor.

Y ese cambio —aunque todavía silencioso para muchos— es el que probablemente defina el tipo de inversiones que lideren la próxima etapa de crecimiento.

Comentarios