La expansión de nuevas cadenas productivas, el desarrollo de proteínas animales y una mayor inserción internacional aparecen como las principales oportunidades para fortalecer el crecimiento del sector agropecuario.
En la foto: Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP)
El agro paraguayo mantiene actividades que desde hace décadas sostienen su protagonismo en la economía nacional, como la soja, el maíz y la producción de carne vacuna. Sin embargo, detrás de esos rubros consolidados comienza a tomar forma una nueva etapa de desarrollo, en la que el crecimiento ya no depende únicamente de aumentar la producción, sino de transformar las materias primas, diversificar la oferta y generar mayor valor dentro del país. Para el presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), Héctor Cristaldo, ese será el principal desafío de los próximos años.
Más que hablar de rubros aislados, el dirigente propone analizar la evolución de las cadenas de valor, entendidas como el conjunto de actividades que permiten transformar la producción primaria en alimentos y productos con mayor procesamiento.
“Convertir la proteína vegetal en proteína animal tiene un valor mucho mayor que la simple venta de granos”, sostiene al explicar que el verdadero potencial del país está en aprovechar su capacidad agrícola para desarrollar industrias vinculadas a la alimentación animal, la producción cárnica y otros procesos que incrementen el valor de las exportaciones.
La importancia de consolidar nuevos negocios
Cristaldo considera que el crecimiento de estas actividades dependerá, en gran medida, de la capacidad de Paraguay para insertarse de manera sostenida en los mercados internacionales. Con un mercado interno reducido, la expansión de la producción encuentra rápidamente un límite si no logra conquistar nuevos destinos de exportación.
“Nuestro mercado es muy chico. La velocidad de expansión la va a determinar la inserción en los mercados internacionales”, afirma.
Sin embargo, advierte que acceder a esos mercados requiere mucho más que producir. La continuidad en el abastecimiento y la capacidad para responder a grandes volúmenes de demanda siguen siendo uno de los principales desafíos para varios sectores emergentes.
“Hay que cumplir con calidad, cantidad y continuidad. Si no tenés continuidad, colocás un embarque, pero en el mercado no figurás”, explica al referirse a la importancia de construir relaciones comerciales de largo plazo.
Proteínas animales, el próximo gran salto
Dentro de ese proceso de transformación, Cristaldo identifica a las proteínas animales como uno de los segmentos con mayor potencial para convertirse en un motor de crecimiento durante los próximos años.
La producción de carne de cerdo, aves, leche y sus derivados aparece como una oportunidad para ampliar el procesamiento de materias primas nacionales y aumentar el valor de las exportaciones, aprovechando la disponibilidad de granos producidos en el país.
A estos sectores se suman las cadenas frutihortícolas, el algodón, que vuelve a expandirse principalmente en el Chaco y cultivos como la chía, que si bien ya posicionan a Paraguay entre los principales jugadores internacionales, todavía presentan un amplio margen para seguir creciendo.
“Los rubros más importantes serán la producción de carne de cerdo, los lácteos, las aves y toda la cadena del balanceado. Ahí está el salto de calidad y la diversificación que necesita nuestra producción”, concluye.
Mercados más exigentes y un escenario cambiante
Para el presidente de la UGP, la consolidación de nuevas cadenas de valor también dependerá de la capacidad del sector para adaptarse a un contexto internacional cada vez más dinámico. Si antes las decisiones de inversión estaban determinadas principalmente por los precios y la demanda, hoy factores como la geopolítica, los conflictos internacionales y los cambios en las reglas comerciales tienen un peso creciente.
“La calidad sigue siendo fundamental para el consumidor y el precio para el productor, pero hoy esas variables están condicionadas por la geopolítica, los aranceles y las guerras, que alteran el flujo comercial y elevan los costos”, explica.
Ese escenario obliga a los productores a evaluar cuidadosamente cada inversión, considerando tanto el potencial de sus establecimientos como las oportunidades de acceso a nuevos mercados. Cuando existe demanda sostenida y condiciones favorables, asegura, las cadenas productivas responden rápidamente.
Como ejemplo menciona el caso del arroz, uno de los rubros que más creció en las últimas décadas. Mientras a comienzos de la década de 1990 Paraguay producía unas 30.000 toneladas sobre aproximadamente 10.000 hectáreas, hoy supera el millón de toneladas y ronda las 200.000 hectáreas cultivadas, una evolución que atribuye a la consolidación de toda la cadena productiva y a su inserción en el mercado internacional.
Infraestructura para sostener el crecimiento
Además de las inversiones privadas, Cristaldo considera que el desarrollo del agro dependerá de una infraestructura capaz de acompañar la expansión de la producción. Las inversiones en maquinaria agrícola, silos, galpones y establecimientos para la producción porcina continúan creciendo, pero advierte que existen obras que resultan indispensables para mantener la competitividad.
Entre ellas menciona especialmente la red vial, clave para el traslado de productos altamente perecederos, como la leche.
“La vaca se ordeña todos los días y esa leche tiene que llegar a la planta. Si los caminos no permiten transitar, se pone en jaque todo el trabajo del productor”, sostiene.
A ello suma la necesidad de fortalecer la conectividad y el acceso a internet en las zonas rurales, herramientas que hoy considera fundamentales para incorporar tecnología, acceder a información y mejorar la gestión de los establecimientos productivos.
Consolidar lo construido y abrir nuevas oportunidades
Al proyectar los próximos años, Cristaldo sostiene que el desafío será preservar la competitividad de los rubros ya consolidados, como la soja, el maíz y la carne vacuna, mientras se impulsa la expansión de cadenas con mayor valor agregado, como la producción frutihortícola, porcina, avícola y láctea. A su criterio, Paraguay tiene el potencial para consolidarse como un proveedor estratégico de alimentos para el mundo, siempre que continúe desarrollando infraestructura, energía y nuevos productos que fortalezcan su inserción internacional. “Tenemos que sumar nuevos productos que posicionen a Paraguay como productor de alimentos para el mundo. Los alimentos siempre van a tener demanda”, concluye Cristaldo.
