Un documento físico que debe viajar de una ciudad a otra, ser verificado, endosado y comunicado al banco puede convertirse en un registro electrónico negociable en cuestión de horas.
Esa es una de las transformaciones que se encuentra detrás de la nueva infraestructura que busca desarrollar Cavapy y que podría modificar la forma en que determinados instrumentos financieros se negocian en Paraguay.
En la foto: Marcelo Prono, gerente general de Cavapy
Marcelo Prono, gerente general de Cavapy, explicó que una de las reglamentaciones que se encuentra en desarrollo apunta a dar forma al endoso mediante anotación en cuenta y a la inmovilización de instrumentos físicos, particularmente los Certificados de Depósito de Ahorro (CDA).
El objetivo es conservar el instrumento físico como respaldo, pero transformar su representación y circulación en un registro electrónico.
La diferencia puede ser significativa. Actualmente, una operación con un CDA puede demandar entre dos y tres días, debido a procesos manuales que incluyen el traslado físico del documento, la verificación de su autenticidad, el endoso y la comunicación con la entidad bancaria emisora para registrar el cambio de titularidad. El circuito puede complicarse todavía más cuando el documento se encuentra en otra ciudad o sucursal.
Con el nuevo esquema, el CDA físico permanecería inmovilizado como subyacente, mientras Cavapy registraría electrónicamente al nuevo tenedor. El proceso incluiría mecanismos de validación con el banco emisor para confirmar la autenticidad del instrumento y establecer quién es su titular en tiempo real.
La diferencia entre ambos modelos es, esencialmente, de velocidad. Prono estimó que una operación que actualmente puede tardar dos o tres días podría llegar a concretarse en una o dos horas una vez implementado el sistema. Más que una mejora administrativa, el cambio puede tener una consecuencia financiera: aumentar la liquidez disponible para las casas de bolsa y los inversores.
El mecanismo no se limitaría a los CDA. La reglamentación contempla otros instrumentos susceptibles de ser inmovilizados, entre ellos pagarés y cheques, mientras que las facturas avanzan por su propio proceso de digitalización.
La operación se desarrollaría dentro del mercado extrabursátil (OTC), donde las partes negocian bilateralmente en lugar de participar de un mecanismo abierto de concurrencia de ofertas y demandas. Esto permitiría que instrumentos que hoy circulan mediante procesos predominantemente físicos puedan ingresar a un circuito electrónico de registro, liquidación y negociación.
El interés por acelerar este proceso responde también a una cuestión de negocio. Una casa de bolsa que necesita vender determinados activos para obtener liquidez puede perder una oportunidad de inversión si debe esperar varios días para completar la operación. Reducir ese plazo significa que el capital puede volver a estar disponible mucho más rápido y circular con mayor frecuencia.
Prono señaló que existe interés del regulador en avanzar con este esquema, aunque la iniciativa para impulsar su desarrollo también provino del sector privado debido a los riesgos y costos operativos del procedimiento actual. La reglamentación específica se trabaja en paralelo al paquete general de nuevas reglas para el mercado.
El cambio puede parecer técnico, pero tiene una lectura mucho más amplia: transformar un documento físico en un activo registrado electrónicamente no solo elimina papeles y traslados. Puede reducir tiempos, bajar fricciones operativas y crear nuevas condiciones para que instrumentos financieros que hoy tienen una circulación limitada puedan negociarse con mayor velocidad.
En un mercado que busca aumentar su número de inversores y profundizar la liquidez, esa transformación puede terminar siendo tan importante como el crecimiento de los volúmenes de negociación.
