abdb4a3197dd_Banner_portada

Paraguay ante una nueva geografía de las inversiones

Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios

Durante mucho tiempo, cuando una empresa analizaba dónde instalar una nueva operación, la respuesta parecía estar principalmente en los costos: producir más barato, estar cerca de los mercados y aprovechar las ventajas de cada país.

Ese cálculo sigue siendo importante. Pero ya no explica todo.

En los últimos años, las empresas comenzaron a mirar con otros ojos sus cadenas de suministro. La pandemia mostró el riesgo de depender demasiado de un solo proveedor. Las tensiones geopolíticas aumentaron la incertidumbre. La inteligencia artificial está transformando los procesos industriales y la demanda de energía está creciendo con rapidez.

Todo esto está produciendo un cambio que merece mucha más atención: las cadenas globales de suministro están empezando a definir dónde se concentrará la próxima generación de inversiones.

La eficiencia ya no es suficiente

Durante décadas, la lógica fue relativamente sencilla: concentrar la producción, reducir costos y aprovechar las economías de escala.

El problema es que una cadena extremadamente eficiente también puede ser extremadamente vulnerable.

Por eso, muchas empresas están buscando ahora algo diferente: mayor diversificación geográfica, continuidad operativa y capacidad para responder cuando las condiciones cambian.

No significa que la globalización haya terminado. Significa que está siendo reorganizada.

Y esa reorganización puede generar oportunidades para economías que antes no ocupaban un lugar central dentro de determinadas cadenas de valor.

Paraguay debería prestar atención a ese movimiento.

La oportunidad no está en una sola ventaja

Paraguay tiene varios elementos que pueden resultar atractivos para empresas que buscan diversificar sus operaciones: energía renovable, ubicación estratégica en el Cono Sur, crecimiento de la maquila, acceso a mercados regionales y un entorno macroeconómico relativamente estable.

Pero hay algo que considero todavía más importante.

Esas ventajas no deberían analizarse por separado.

Una industria necesita energía. La industria genera demanda de infraestructura. La infraestructura mejora la conexión con los mercados. La conectividad atrae nuevas empresas. Y, cuando ese proceso incorpora tecnología y talento, el resultado puede ser mucho mayor que la suma de cada ventaja individual.

Ese es, probablemente, uno de los grandes desafíos de Paraguay.

No se trata solamente de atraer inversiones, sino de conseguir que cada nueva inversión ayude a construir las condiciones para atraer la siguiente.

Infraestructura, energía y tecnología

La nueva geografía industrial tampoco estará determinada únicamente por carreteras, puertos o corredores logísticos.

La infraestructura física comienza a integrarse cada vez más con la infraestructura digital. Una empresa necesita mover productos, pero también necesita mover información, anticipar interrupciones, coordinar proveedores y tomar decisiones en tiempo real.

La energía también está adquiriendo una importancia diferente.

El crecimiento de los centros de datos, la inteligencia artificial y la electrificación de distintos procesos industriales está aumentando la necesidad de contar con electricidad confiable y disponible a largo plazo.

Para Paraguay, esto representa una posibilidad concreta de avanzar hacia actividades de mayor valor agregado.

Pero también plantea una responsabilidad: transformar sus ventajas energéticas y de infraestructura en capacidad productiva.

Competir como ecosistema

Las nuevas cadenas de suministro están haciendo que las empresas miren más allá de una fábrica o de un país.

Buscan lugares donde puedan producir, acceder a energía confiable, utilizar infraestructura logística, incorporar tecnología, encontrar proveedores y conectarse rápidamente con otros mercados.

La competencia, por lo tanto, comienza a desplazarse desde las ventajas individuales hacia la calidad del ecosistema.

Y aquí Paraguay tiene una oportunidad que no debería pasar desapercibida.

La reorganización de las cadenas globales no ocurre de un día para otro. Se construye a través de cientos de decisiones empresariales: una fábrica que cambia de ubicación, un proveedor que busca una nueva región, un centro logístico que se instala en otro mercado.

Cuando esas decisiones comienzan a avanzar en la misma dirección, el mapa económico cambia.

Paraguay todavía tiene tiempo para posicionarse dentro de ese movimiento.

Pero la cuestión ya no debería ser solamente cómo atraer la próxima inversión.

La pregunta más estratégica es otra:

¿Cómo convertir cada inversión en parte de un ecosistema que haga que la próxima sea más fácil de atraer?

Comentarios