La cercanía, la movilidad y la calidad de vida ganan peso entre las preferencias de los compradores, mientras el crecimiento del sector exige infraestructura capaz de acompañar una ciudad más densa.
En la foto: Francisco Gómez, presidente de Fortaleza.
Vivir más cerca de los lugares donde transcurre la vida cotidiana comienza a pesar cada vez más en las decisiones inmobiliarias. La dificultad para desplazarse, la concentración de los centros de empleo y la búsqueda de mayor calidad de vida están devolviendo a la ubicación un papel central, incluso por encima de características que durante los últimos años ganaron protagonismo en los proyectos.
Para Francisco Gómez, presidente de Fortaleza, el sector atraviesa un momento favorable, respaldado por la respuesta de los consumidores y los niveles de ocupación de las unidades. A esto se suma la expectativa de una nueva dinámica de proyectos, luego de un periodo marcado por las presiones derivadas de los costos de construcción.
El ejecutivo identifica además un factor que empieza a adquirir mayor peso dentro del mercado: la incorporación de extranjeros, no solamente como inversores, sino también como nuevos residentes, ampliando y diversificando la demanda inmobiliaria local.
“El mercado está en un gran momento. Los consumidores responden a través de la ocupación de las unidades y vemos un impulso importante por la inserción de extranjeros, no solamente en materia de inversión”, señaló.
La ubicación vuelve al centro
Uno de los principales cambios observados por Gómez está relacionado con las prioridades del comprador. Frente a criterios como la tipología de la propiedad o la cantidad de amenities, la ubicación vuelve a ocupar un lugar determinante en la decisión.
Esta preferencia está estrechamente vinculada con las dificultades de movilidad y con la concentración de los principales centros de empleo, factores que llevan a los consumidores a valorar cada vez más la posibilidad de reducir las distancias de sus desplazamientos cotidianos.
“La famosa frase ‘ubicación, ubicación, ubicación’ se pone por encima de otras premisas anteriores, como la tipología, el tipo de propiedad y hasta las amenidades. El consumidor elige y va a elegir una ciudad de distancias cortas”, afirmó.
Esta transformación plantea nuevas exigencias para los desarrolladores. Ya no se trata únicamente de incorporar más unidades al mercado, sino de identificar productos capaces de responder a necesidades específicas y generar una propuesta diferenciada.
Desde la experiencia de Fortaleza, Gómez considera que la escala puede representar una ventaja para los consumidores, siempre que esté acompañada por atributos que distingan al proyecto y contribuyan a mejorar la experiencia de quienes lo habitan.
“La oportunidad está en la diferenciación. La escala, acompañada de diferenciación y calidad de vida, representa una oportunidad para el mercado”, sostuvo.
Infraestructura para acompañar la inversión
El crecimiento inmobiliario también enfrenta condicionantes. Entre los principales, Gómez identifica los costos constructivos y las limitaciones de infraestructura pública, particularmente en energía, vialidad y provisión de agua.
Se trata de factores que adquieren mayor relevancia a medida que la expansión inmobiliaria aumenta la presión sobre determinadas zonas de Asunción y su área metropolitana.
Para el presidente de Fortaleza, la evolución reciente de la ciudad también estuvo influenciada por distintos motores económicos. El turismo corporativo impulsó parte del desarrollo, mientras el retail acompañó cambios en los patrones de consumo, incluso a escala regional. A estos movimientos se sumó posteriormente el segmento residencial, generando nuevas concentraciones de actividad y alternativas habitacionales.
Esta interacción entre actividad económica, comercio y vivienda permite entender por qué el desarrollo inmobiliario tiende a concentrarse alrededor de determinados polos y, al mismo tiempo, abre oportunidades para propuestas alternativas en otras zonas.
Una Asunción con mayor densidad
Al proyectar el mercado hacia la próxima década, Gómez plantea un escenario de fuerte crecimiento urbano y considera que Asunción podría duplicar su población en un horizonte de diez años. Ante esa posibilidad, señala que la expansión inmobiliaria deberá estar acompañada por inversiones públicas capaces de sostener una ciudad más poblada y con mayor densidad.
“Si tengo que pensar a diez años, pienso que Asunción va a duplicar su población. El Estado tiene la responsabilidad de acompañar esto con infraestructura, seguridad y reglas claras para los propietarios, los desarrolladores y las instituciones que financian el desarrollo inmobiliario”, expresó.
Su visión para los próximos años también incorpora una mayor vinculación entre los proyectos privados y el espacio público. Gómez visualiza desarrollos orientados a aprovechar y potenciar áreas existentes, así como nuevos espacios generados mediante iniciativas de articulación público-privada.
La seguridad y la calidad de vida aparecen nuevamente como factores centrales para definir los productos que responderán a las necesidades de una ciudad en transformación.
En comparación con otros mercados de la región, el presidente de Fortaleza identifica entre las ventajas competitivas de Paraguay la previsibilidad, los precios, el tamaño del mercado potencial y la flexibilidad para el retiro de rendimientos, condiciones que pueden seguir posicionando al país como destino para el capital inmobiliario.
Para Gómez, el potencial del sector estará determinado no solamente por la capacidad de seguir construyendo, sino por la forma en que los nuevos proyectos respondan a los cambios demográficos y urbanos, a las necesidades de movilidad y a una demanda que otorga cada vez mayor valor al entorno en el que decide vivir.

