Crédito columna: Alexandre Perini, economista, desarrollador de negocios.
Durante mucho tiempo, la competencia por atraer inversión internacional se construyó alrededor de una serie de ventajas relativamente fáciles de comparar: costos de producción, impuestos, disponibilidad de recursos, estabilidad macroeconómica y acceso a mercados.
Paraguay también construyó buena parte de su posicionamiento internacional alrededor de esos factores.
Pero la forma en que el capital analiza los mercados está cambiando.
La inversión extranjera directa hacia América Latina y el Caribe aumentó 14% en 2025, hasta aproximadamente US$188.000 millones, según ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Sin embargo, el valor de los nuevos proyectos greenfield anunciados en la región cayó de manera significativa. Es decir, hubo más capital, pero no necesariamente más proyectos productivos nuevos. La señal es relevante: los recursos financieros continúan disponibles, pero las decisiones de localización se están volviendo más selectivas.
Para Paraguay, esta transformación llega en un momento particularmente interesante. El país está recibiendo más atención internacional, pero el desafío empieza a ser diferente: ya no se trata solamente de demostrar que Paraguay es atractivo, sino de demostrar que un proyecto puede ejecutarse aquí de manera competitiva y crecer con el tiempo.
Más interés no significa automáticamente más inversión
Los datos recientes muestran que el interés existe. Durante 2025, Rediex identificó 2.354 nuevas empresas de 41 países que manifestaron interés en invertir en Paraguay, prácticamente el doble del registro del año anterior. Las consultas abarcaron servicios globales, industria, construcción, logística, agronegocios e industrias creativas, además de sectores emergentes como energías renovables e infraestructura.
Rediex también informó que durante ese año atendió a más de 2.400 empresas interesadas, asociadas a más de US$1.200 millones en intenciones de inversión. Pero una intención no equivale a una inversión efectivamente realizada. Entre la primera consulta y el desembolso de capital existe un proceso de análisis, estructuración, negociación, due diligence y ejecución que puede determinar si una oportunidad llega o no a convertirse en una operación.
El Banco Central del Paraguay registró un flujo neto de inversión directa de US$931 millones en 2024, un aumento de 15% respecto al año anterior. El saldo acumulado de inversión directa llegó a US$10.395 millones y los inversores procedían de 68 países.
La diferencia entre estos datos permite entender mejor el momento que atraviesa Paraguay. Existe un flujo creciente de empresas que consideran al país, pero el verdadero desafío está en convertir una parte cada vez mayor de ese interés en capital efectivamente instalado, nuevas operaciones y reinversión.
Qué está mirando realmente el inversor
Cuando un fondo internacional analiza Paraguay, la conversación rápidamente deja de ser una comparación de incentivos. Aparecen preguntas mucho más concretas.
La primera es la escala. ¿Qué tamaño puede alcanzar el proyecto? Para muchas empresas, el mercado paraguayo por sí solo no será suficiente para justificar una inversión de gran dimensión. La oportunidad aparece cuando Paraguay puede funcionar como plataforma para atender mercados regionales y participar en cadenas de valor más amplias.
La segunda es la previsibilidad. En diciembre de 2025, Standard & Poor’s elevó la calificación soberana de Paraguay a BBB-, otorgándole el grado de inversión. En julio de 2026, Moody’s confirmó su calificación Baa3, también dentro del grado de inversión. Fitch mantiene BB+, aunque con perspectiva positiva.
Es un avance importante porque reduce la percepción de riesgo soberano y mejora el posicionamiento financiero del país. Pero no elimina el análisis específico de cada proyecto. Un fondo seguirá preguntándose cómo funciona la regulación de su sector, cuánto demorará la ejecución, qué riesgos operativos existen y qué capacidad tendrá la empresa para expandirse.
La tercera cuestión es precisamente la ejecución.
Un proyecto puede ser atractivo en un modelo financiero y encontrar dificultades cuando llega al terreno. Conseguir un inmueble adecuado, obtener permisos, conectar servicios, encontrar determinados perfiles profesionales, desarrollar proveedores y organizar la logística son factores que pueden modificar el costo y el plazo de una inversión.
Por eso, una ventaja competitiva nacional solamente adquiere verdadero valor cuando puede convertirse en una ventaja operacional para una empresa concreta.
La energía es un buen ejemplo. No alcanza con disponer de una matriz eléctrica competitiva. Para una industria, importa saber dónde está disponible la capacidad, qué calidad y confiabilidad tiene el suministro y si la infraestructura puede acompañar una futura expansión.
Lo mismo ocurre con la logística, el talento y la infraestructura digital. Para un proyecto determinado, estos elementos no son complementarios: forman parte de la decisión de inversión.
Paraguay está entrando en una etapa diferente
Los avances recientes indican que el país ya está comenzando a transformar algunas de esas condiciones en actividad empresarial. En 2025, Paraguay aprobó más de 140 proyectos de inversión por aproximadamente US$699 millones, con una proyección de más de 5.500 puestos de trabajo. Bajo la Ley 60/90, el monto aprobado llegó a US$650 millones hasta agosto, un récord para ese régimen.
La evolución de la maquila también muestra una mayor capacidad de integración productiva. El régimen alcanzó nuevos niveles de exportación y continuó atrayendo proyectos vinculados a autopartes, confecciones, metalurgia, plásticos, alimentos y servicios.
Estos movimientos son importantes porque muestran una transición desde la simple atracción de capital hacia la construcción de capacidades productivas.
Pero también elevan la exigencia.
Cuanto más sofisticado sea el proyecto que Paraguay quiere atraer, más importante será la calidad del ecosistema que lo rodea. Un centro de servicios necesita talento y conectividad. Una industria necesita energía, logística y proveedores. Una empresa tecnológica necesita profesionales especializados. Un proyecto de infraestructura necesita financiamiento, regulación y capacidad de ejecución.
No existe una única fórmula de competitividad.
El verdadero desafío: convertir interés en permanencia
Desde mi perspectiva, este es uno de los cambios más importantes que Paraguay debería incorporar a su discusión sobre inversión.
Durante años, la pregunta principal fue cómo atraer al inversor. Ahora comienza a ser cómo acompañarlo después de que llega.
Una política de atracción de inversiones no debería terminar con la aprobación de un proyecto. Ese es apenas el comienzo. El objetivo debería ser que la empresa pueda iniciar operaciones, desarrollar proveedores, contratar talento, aumentar productividad y, eventualmente, reinvertir.
La diferencia es importante porque una inversión inicial puede ser un dato positivo, pero una empresa que decide ampliar su operación después de algunos años está ofreciendo una señal mucho más profunda sobre la competitividad del país.
Por eso, el éxito de Paraguay no debería medirse únicamente por cuántas empresas expresan interés o por el monto de los proyectos anunciados. También será necesario observar cuántos llegan efectivamente a operar, cuántos amplían su capacidad y cuánto valor consiguen generar dentro de la economía local.
El contexto internacional ofrece una oportunidad, pero también aumenta la competencia. Las empresas están revisando sus cadenas de suministro, sus riesgos y sus decisiones de localización. Paraguay puede beneficiarse de ese proceso, pero tendrá que competir no solamente contra otros países, sino contra proyectos concretos que ofrecen alternativas al mismo capital.
El país ya consiguió algo importante: entrar en el radar de un número creciente de inversores internacionales.
La siguiente etapa es más exigente.
Convertir esa atención en inversiones que puedan ejecutarse, crecer y permanecer en Paraguay.
Ahí estará una parte importante de la verdadera competencia por el capital internacional en los próximos años.
