Crédito columna: Marcelo Berenstein, socio en Vinculadores.
Esta es una historia con dos lados, y las dos tienen el mismo rostro.
Mientras ustedes leen esto, en Bangkok, Tailandia, comenzaron las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Es una de las citas económicas más importantes del planeta, con ministros de finanzas, presidentes de bancos centrales e inversores de todo el mundo. Y quien las preside, como Chairman, es Carlos Carvallo Spalding, presidente del Banco Central del Paraguay.
Atentos al dato. Es la primera vez en más de setenta años de participación de Paraguay en estos organismos que una autoridad paraguaya ocupa ese cargo. Compartirá el estrado con Kristalina Georgieva y con Ajay Banga. Para un país pequeño, sin litoral y tantas veces ignorado en la conversación global, es un reconocimiento enorme.
Pero esa misma persona, a miles de kilómetros de Bangkok, atraviesa semanas muy incómodas.
Porque aquí, en Paraguay, Carvallo está en el centro de la polémica. Antes ser nombrado en el Banco Central en 2023, presidió la financiera Ueno, hoy parte de Ueno Bank. Y, desde el BCP, es el regulador de esa misma entidad. De ahí sale la pregunta que se hacen senadores, analistas y buena parte del sistema financiero: ¿puede el supervisor controlar con independencia a un banco que él mismo condujo?
Veamos los hechos. En setiembre, el Senado le envió al BCP un pedido de informes sobre Ueno Bank. Entre los puntos, una venta de cartera de créditos morosos a una firma llamada Vinanzas, por unos treinta y cinco millones de dólares. La sospecha que circula es que esa operación habría servido para “limpiar” créditos otorgados en exceso a empresas del propio grupo. También preocupa la fuerte concentración de fondos públicos y del IPS en ese banco. Y antes de todo esto ya había generado ruido que el BCP autorizara diferir por un plazo larguísimo la cartera deteriorada de Visión, el banco que Ueno absorbió.
Los críticos hablan, lisa y llanamente, de “hacer la vista gorda”.
Ahora, seamos justos. El BCP respondió al Senado dentro del plazo, aunque mantiene reservado el informe. Insiste en que el sistema financiero es estable. Y el presidente de Ueno Bank aseguró que Carvallo no tuvo participación en la operación de Visión. Hasta ahora no hay una conclusión oficial que pruebe irregularidades.
Pero hay algo que en un banco central pesa tanto como los hechos: la credibilidad. Este es el único capital que un regulador no puede permitirse perder. Y la duda, aunque no esté probada, ya erosiona esa confianza.
Entonces, ¿cómo se explica la paradoja? Afuera, reconocimiento. Adentro, cuestionamiento.
Quizás no sea una contradicción. Lo que premian los organismos multilaterales es la institucionalidad que el Paraguay ha construido durante años: inflación controlada, estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal. Es un logro del país, y de muchos que pasaron por el BCP antes. Lo que cuestionan los críticos en casa es otra cosa, un caso concreto, con nombres y con plata de por medio.
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y justamente por eso el desafío es mayor. Porque un puesto de honor en el exterior no responde preguntas en el interior. Los aplausos de Bangkok no sustituyen las explicaciones que se deben en Asunción.
Una moneda, dos caras. Una brilla en Tailandia. La otra, todavía tiene preguntas pendientes en el Paraguay. Y lo más sano para el país es que ambas se resuelvan de frente, con información clara y a la vista de todos.
