El mercado laboral registró un aumento de la población ocupada durante el tercer trimestre de 2026. Sin embargo, detrás de la expansión del empleo persiste un desafío estructural: más de la mitad de los trabajadores no agropecuarios continúa en la informalidad, con diferencias marcadas entre las zonas urbanas y rurales.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) del Instituto Nacional de Estadística (INE), Paraguay contabilizó 1.635.622 ocupados informales en actividades no agropecuarias al tercer trimestre de 2026. La cifra representa el 56,8% de los 2.880.049 trabajadores comprendidos en ese segmento del mercado laboral. En otras palabras, aproximadamente seis de cada diez personas ocupadas en estas actividades trabajan en condiciones de informalidad.
La proporción registró una disminución interanual de 1,4 puntos porcentuales, frente al 58,2% observado en el tercer trimestre de 2025. No obstante, la cantidad de trabajadores informales aumentó en 25.156 personas, equivalente a un crecimiento del 1,6%. Esta diferencia entre la tasa y el número absoluto refleja que la informalidad perdió participación dentro del empleo no agropecuario, aunque todavía se incorporaron más personas a este tipo de ocupaciones.
En paralelo, el empleo formal no agropecuario pasó de 1.147.932 a 1.240.098 trabajadores en el mismo periodo, lo que representa un incremento de 92.166 personas, aproximadamente un 8%. Su participación dentro del total de ocupados no agropecuarios aumentó de alrededor del 41,5% al 43,1%. Los datos muestran, por tanto, un crecimiento más acelerado del empleo formal, aunque este todavía no representa la mayoría de las ocupaciones consideradas en la medición.
La brecha entre el campo y la ciudad
La distribución territorial evidencia diferencias importantes. En las zonas urbanas, los ocupados informales no agropecuarios disminuyeron de 1.261.117 en el tercer trimestre de 2025 a 1.253.444 en igual periodo de 2026. La reducción fue de 7.673 personas, equivalente al 0,6%. En contrapartida, el empleo formal urbano creció en 76.574 trabajadores y alcanzó 1.076.542 personas.
Con estos resultados, la informalidad urbana pasó de representar aproximadamente el 55,6% al 53,7% de los ocupados no agropecuarios. Si bien la proporción continúa por encima de la mitad, el comportamiento del último año muestra una reducción en la cantidad de trabajadores informales y un aumento del empleo formal en las ciudades.
La situación es diferente en las zonas rurales. Allí, los ocupados informales no agropecuarios aumentaron de 349.349 a 382.178 personas, es decir, 32.829 trabajadores más, un crecimiento del 9,4%. El empleo formal rural también registró una expansión, con 15.592 personas adicionales, hasta llegar a 163.556 ocupados.
Como resultado, la informalidad alcanzó al 69,9% de los trabajadores no agropecuarios rurales, frente al 53,7% de las zonas urbanas. La diferencia supera los 16 puntos porcentuales y expone la mayor incidencia de esta condición laboral fuera de los centros urbanos.
Más empleo, pero no necesariamente formal
El panorama general del mercado laboral muestra una expansión de la ocupación. Según el INE, durante el tercer trimestre de 2026 la población ocupada llegó a aproximadamente 3.290.206 personas, equivalente al 70% de la población de 15 años y más. Frente al mismo periodo del año anterior, se incorporaron alrededor de 66.149 personas ocupadas y la tasa de ocupación aumentó 0,6 puntos porcentuales, desde el 69,4% hasta el 70%.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por el sector terciario, con un incremento estadísticamente significativo en la actividad de comercio, restaurantes y hoteles. Este dato permite dimensionar el aporte de las actividades de servicios a la generación de empleo, aunque el aumento de la ocupación total no implica, por sí solo, que todos los nuevos puestos cuenten con cobertura previsional o estén registrados.
La desocupación, por su parte, descendió del 4,9% al 4,1% entre el tercer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. El INE estimó unas 141.250 personas desocupadas, alrededor de 24.176 menos que un año antes. La tasa de desocupación femenina bajó 1,6 puntos porcentuales, del 6,3% al 4,7%.
También se mantuvo prácticamente estable la subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo, que afectó al 4,2% de la fuerza laboral, unas 143.181 personas. Este indicador comprende a quienes trabajan menos horas de las que desean y están disponibles para trabajar más. Su evolución incorpora otra dimensión del mercado laboral: además de generar puestos, importa observar la cantidad de horas y las condiciones en que se desarrolla la actividad.
Los sectores y trabajadores más expuestos
Los resultados anuales de ocupación informal publicados por el INE para 2025 permiten identificar algunos de los segmentos con mayor incidencia. En ese periodo, la informalidad alcanzó al 81,7% de los ocupados en la construcción y al 63,9% de quienes trabajaban en comercio, restaurantes y hoteles. En los servicios sociales, comunales y personales, la proporción llegó al 59,3%. En contraste, la rama de finanzas, seguros e inmuebles registró una tasa menor, del 36,1%.
La condición también presenta diferencias según la categoría ocupacional. Cerca de nueve de cada diez trabajadores domésticos y ocho de cada diez trabajadores por cuenta propia se encontraban en situación de informalidad en 2025. En las microempresas, el indicador alcanzó al 73,5% de los ocupados, mientras que en las empresas con 51 trabajadores o más rondó el 20%.
El nivel educativo constituye otro factor asociado. Entre las personas ocupadas sin instrucción, la informalidad llegó al 90,1%, mientras que entre quienes tenían de uno a seis años de estudio alcanzó el 84,2%. Para los trabajadores con entre 13 y 18 años de formación, la proporción descendió al 36,5%. Por edad, los jóvenes de 15 a 19 años registraron una incidencia del 89,4%, mientras que entre los adultos de 65 años y más llegó al 79,4%.
En cuanto a las diferencias por sexo, la medición anual de 2025 mostró una tasa de informalidad femenina del 62,5%, superior al 58,2% registrado entre los hombres. Sin embargo, en números absolutos, los hombres representaron una mayor cantidad de ocupados informales: aproximadamente 897.000, frente a unas 766.000 mujeres.
El desafío de ampliar la cobertura social
Para el INE, la clasificación de ocupación informal contempla a los trabajadores independientes que no están inscriptos en el Registro Único de Contribuyentes (RUC) y a los trabajadores dependientes que no aportan a un sistema de jubilación o pensión. La definición sigue recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), adaptadas a las características del mercado laboral paraguayo.
La informalidad tiene implicancias que van más allá del registro de una actividad económica. En el caso de los trabajadores dependientes, la falta de aportes previsionales limita el acceso a mecanismos de protección social vinculados al empleo. Para los independientes, la ausencia de inscripción tributaria los mantiene fuera de los registros formales considerados por la medición.
Los datos del tercer trimestre de 2026 muestran dos movimientos simultáneos: una reducción de la tasa de informalidad y un aumento del número absoluto de personas que trabajan bajo esa condición. Aunque la ocupación formal creció a un ritmo superior, 1.635.622 trabajadores no agropecuarios permanecen en la informalidad, con una incidencia particularmente elevada en las zonas rurales, la construcción, el trabajo doméstico y las microempresas.
La evolución del empleo, por tanto, no se mide únicamente por la cantidad de personas que consiguen trabajo. La composición de esas ocupaciones, su estabilidad y el acceso a la seguridad social siguen siendo variables centrales para evaluar el alcance de la formalización en Paraguay.
