La referente argentina en ecosistemas de impacto sostuvo que las empresas pueden desempeñar un papel clave en la transformación social y ambiental a través de sus decisiones de compra, inversión e innovación.
Para lograrlo, destacó la necesidad de fortalecer los vínculos entre las empresas sociales, inversores, academia, sector público y corporaciones.
En la foto: María Virginia Romero, cofundadora de EKHOS y miembro del equipo de gestión de alianzas de la Red de Impacto Latam.
Con más de 15 años de experiencia conjunta en empresas sociales y ecosistemas de impacto, Ekhos es una organización que desarrolla programas de formación que se adaptan a distintas necesidades y combinan una mirada regional con una visión internacional.
En el marco de su participación del XVII Congreso Internacional de RSE y Sostenibilidad, organizado por la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC), la especialista María Virginia Romero afirmó que los negocios de impacto requieren ecosistemas sólidos para crecer y escalar sus soluciones. En ese sentido, resaltó la importancia de construir redes de colaboración que permitan conectar capital, conocimiento y empresas capaces de responder a los desafíos sociales y ambientales de la región.

El impacto de las empresas sociales
Con tono afable y pausado, Romero inició la conversación relatando sus inicios en el sector económico: luego de una nutrida formación en la que ella llama “carreras tradicionales”, comenzó hace unos 15 años a decantarse por el mundo de las economías de impacto.
“¿Cómo yo, con mis herramientas profesionales de finanzas, de negocios y de procesos, podía hacer un aporte al mundo de alguna manera?”, reflexionaba, quien comentó que luego de un gran compromiso con esa búsqueda, vislumbró que existían modelos de negocios que, además de concentrarse en su rentabilidad, generaban un impacto significativo en las comunidades donde se hallaba y en el medioambiente, ya que una clave de estos esquemas es que también resulte con prácticas sostenibles: las empresas sociales.
En un viaje a la India y a Bangladesh, estudió a profundidad casos de éxito, como el promovido por Muhammad Yumus, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2006, quien, a través de su banco, el Grameen Bank, desarrolló un modelo de microcréditos sin garantías para personas de bajos recursos, enfocado principalmente a las mujeres. “Las primeras abuelas que recibieron esos créditos hace 30 o 40 años vivían en pobreza extrema. Hoy tienen nietos que van a la universidad”, destacó, Romero, quien con ello descubrió la relevancia que pueden tomar este tipo de proyectos si obtienen un respaldo que promueva su crecimiento.
Como ejemplo, la directiva de Ekhos mencionó el caso de Grameen Danone Foods: la unión de grupo Grameen, de Muhammad Yunus, con el grupo Danone, una multinacional dedicada al sector lácteo. La empresa comenzó a fabricar yogures multinutrientes destinados a la población de bajos recursos de zonas rurales de Bangladesh, por lo que se vendían a precios sumamente accesibles. El objetivo era combatir la desnutrición infantil en sectores del país donde era casi imposible acceder a una correcta alimentación.
“Una empresa social nace para resolver un problema social”, definió Romero, al tiempo que aclara que, aunque no serán proyectos multimillonarios, son exitosos en cuanto combatan la problemática que afrontan y sean beneficiosos para su entorno y su comunidad en cuanto a producción de ingresos económicos.
El ecosistema de impacto
La inspiración encontrada en el Lejano Oriente se convirtió en el propósito para que María Virginia junto a su socia, Jessica Oyarbide, a crear Ekhos. El objetivo de la organización es impulsar la creación y el crecimiento de ecosistemas de impacto.
Para que estos proyectos lleven a una transformación significativa, es clave la interdependencia. “Estos modelos prosperan solo si están insertos en un ecosistema que les da soporte”, apuntó. En esta línea, detalló que ese ecosistema se construye con la participación de diversos actores: por ejemplo, el sistema financiero empieza a producir productos específicos para estos negocios; el Estado, por su parte, desarrolla políticas públicas y programas que sirvan de apoyo; y las academias, forman profesionales especializados.
“Estas empresas necesitan encontrarse con fondos que las financien, consultores que las acompañen, un Estado que regule su estructura legal, incubadoras que fortalezcan su modelo de negocio y una academia que las estudie y forme profesionales para trabajar en ellas. Cuando todo este ecosistema funciona, tenemos modelos de negocio mucho más fuertes y, al final del día, eso significa que escalan su impacto”, afirmó.

Red Impacto Latam
En su participación en el Congreso ADEC, habló de la importancia de visibilizar a las empresas sociales para que encuentren la financiación necesaria y se encuentren en un entorno que favorezcan su desarrollo. Al analizar la situación en la región, la experta encontró muchos proyectos de esta índole, pero completamente invisibilizados y aislados de la dinámica económica, lo que lleva a un crecimiento más lento.
Esta problemática originó el nacimiento de la Red Impacto Latam en 2020, donde junto con otras sesenta organizaciones de toda América Latina, crearon un ente que sea capaz de aglutinar los esfuerzos realizados por estos actores en pos de este del mantenimiento de este necesario ecosistema.
Actualmente, la asociación cuenta con más de 250 miembros, desde México hasta Argentina, con participación de varias empresas de Paraguay.
“Era necesario darnos visibilidad entre nosotros y entender quiénes eran las incubadoras, los fondos, las estructuras gubernamentales, las instituciones y las organizaciones que estaban trabajando para fortalecer estos modelos de negocio”, declaró el también miembro del equipo de gestión de alianzas de la red.
A través del organismo, los miembros realizan encuentros donde posicionan a las empresas con otros actores del ecosistema para maximizar la colaboración y las sinergias para fortalecer los resultados de ambas partes.

Red Impacto Latam
En su participación en el Congreso ADEC, habló de la importancia de visibilizar a las empresas sociales para que encuentren la financiación necesaria y se encuentren en un entorno que favorezcan su desarrollo. Al analizar la situación en la región, la experta encontró muchos proyectos de esta índole, pero completamente invisibilizados y aislados de la dinámica económica, lo que lleva a un crecimiento más lento.
Esta problemática originó el nacimiento de la Red Impacto Latam en 2020, donde junto con otras sesenta organizaciones de toda América Latina, crearon un ente que sea capaz de aglutinar los esfuerzos realizados por estos actores en pos de este del mantenimiento de este necesario ecosistema.
Actualmente, la asociación cuenta con más de 250 miembros, desde México hasta Argentina, con participación de varias empresas de Paraguay.
“Era necesario darnos visibilidad entre nosotros y entender quiénes eran las incubadoras, los fondos, las estructuras gubernamentales, las instituciones y las organizaciones que estaban trabajando para fortalecer estos modelos de negocio”, declaró el también miembro del equipo de gestión de alianzas de la red.
A través del organismo, los miembros realizan encuentros donde posicionan a las empresas con otros actores del ecosistema para maximizar la colaboración y las sinergias para fortalecer los resultados de ambas partes.
La situación de Paraguay
Romero apunta que Paraguay, al igual que otros países del continente, sigue trabajando en la consolidación de ese ecosistema. “Necesitamos identificar los diferentes sectores, a los actores que están trabajando dentro de esos sectores y ponerlos en contacto con los proyectos para que puedan relacionarse, colaborar y articularse”, puntualizó.
A modo de cierre, Romero invitó a los empresarios y empresarias del país que deben vincularse con las empresas de impacto. “Es importante que entiendan que pueden cambiar el mercado si cambian sus decisiones de compra, de inversión, de innovación y de desarrollo de proveedores”, destacó.
Recalcó que un paso significativo en el desarrollo de estas empresas es que las corporaciones las incorporen en su cadena de valor, ya que esto les abre las puertas a la economía real, donde obtendrán las herramientas para fortalecerse. “Cuando una corporación cambia su forma de comprar, transforma el mercado”, finalizó.
