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Complejo soja generó ingresos por US$ 2.497 millones hasta mayo

La molienda de soja mantuvo su ritmo de expansión durante los primeros cinco meses de 2026 y alcanzó 1.485.958 toneladas procesadas, un incremento cercano al 11% respecto al mismo periodo del año anterior.

El mayor procesamiento impulsó las exportaciones, elevó el ingreso de divisas y reforzó el papel estratégico de la agroindustria como motor del crecimiento económico nacional.

Entre enero y mayo de este año se procesaron 1.485.958 toneladas, volumen que representa un crecimiento cercano al 11% frente al mismo periodo de 2025 y que se ubica como el segundo mejor registro histórico para ese lapso, solo por detrás de 2018.

Solo durante mayo se industrializaron 366.919 toneladas, unas 52.000 toneladas más que en el mismo mes del año pasado, manteniendo la tendencia positiva observada desde comienzos de año. En paralelo, el procesamiento de otras oleaginosas, principalmente canola y girasol, también registró un incremento del 14%, alcanzando las 27.307 toneladas.

El mayor nivel de procesamiento fortalece la actividad industrial y dinamiza la logística, la producción de subproductos y otras cadenas vinculadas, como la industria cárnica y avícola. En ese contexto, el sector considera fundamental avanzar en políticas públicas que fortalezcan la competitividad y generen condiciones para atraer nuevas inversiones, ampliar la capacidad industrial y seguir agregando valor a la producción nacional.

Este desempeño también se reflejó en el comercio exterior. Hasta mayo, las exportaciones del complejo soja generaron ingresos por US$ 2.497 millones, un crecimiento del 41% respecto al mismo periodo del año pasado. De esta manera, la cadena sojera volvió a consolidarse como el principal complejo exportador del país, representando el 41% del valor total de las exportaciones nacionales.

El incremento respondió tanto al mayor volumen exportado de granos y derivados como a la mejora de los precios internacionales, especialmente del aceite de soja, cuya cotización se vio favorecida por la creciente demanda para la producción de biocombustibles.

En ese escenario, los productos industrializados —aceite, harina y cascarilla de soja— generaron exportaciones por US$ 555 millones, un aumento del 22% frente al año anterior. Aunque la industria redujo levemente su participación dentro del total exportado del complejo soja, el alza de los precios internacionales permitió que el valor exportado creciera a un ritmo muy superior al incremento de los volúmenes embarcados.

Otro de los aspectos destacados es la diversificación de mercados que aporta la industrialización. Mientras el grano de soja concentra sus ventas en pocos destinos, productos como la harina llegan a una cantidad significativamente mayor de países, reduciendo la dependencia de mercados específicos y fortaleciendo la resiliencia del sector frente a cambios en la demanda internacional.

Actualmente, los productos derivados de la soja paraguaya llegan a 46 países distribuidos en cuatro continentes, consolidando a la agroindustria como un puente entre la producción nacional y los mercados internacionales más exigentes.

Cada tonelada procesada localmente genera un efecto multiplicador sobre la economía mediante la creación de empleo, la incorporación de tecnología, el desarrollo de conocimientos y el fortalecimiento de nuevas cadenas de valor, como la producción de proteína animal y los biocombustibles.

En ese sentido, el desafío para los próximos años será profundizar el proceso de industrialización y seguir agregando valor a las materias primas. Para ello, el sector considera indispensable contar con políticas públicas estables que promuevan la inversión, la innovación y la competitividad, permitiendo que Paraguay continúe ampliando mercados, generando divisas y consolidándose como un proveedor confiable de alimentos con mayor valor agregado.

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