Durante más de tres décadas trabajando en banca, medios de pago e innovación financiera en Argentina, Uruguay y Paraguay, he visto repetirse una misma idea: durante demasiado tiempo confundimos inclusión financiera con acceso al crédito. Sin embargo, la experiencia demuestra que el crédito no es el punto de partida, sino la consecuencia natural de un proceso mucho más profundo.
Crédito columna: Marcelo Rojas Decut, CEO y cofundador de eCLUB Paraguay
La verdadera inclusión financiera comienza cuando una persona logra incorporarse a la economía digital, construye una identidad financiera confiable y genera, mediante sus transacciones cotidianas, un historial que refleje cómo administra sus recursos.
Esa convicción guía nuestro trabajo en eCLUB Paraguay y representa, a mi juicio, uno de los grandes desafíos que enfrenta América Latina para reducir la exclusión financiera de manera sostenible.
Bancarizar no significa incluir
Durante años medimos el avance de la inclusión financiera por la cantidad de cuentas abiertas o por el volumen de crédito otorgado. Son indicadores importantes, pero insuficientes.
Abrir una cuenta bancaria no garantiza que una persona utilice el sistema financiero. Del mismo modo, otorgar crédito sin información suficiente puede traducirse en sobreendeudamiento, mayores niveles de mora y, finalmente, una nueva exclusión.
La verdadera inclusión depende del uso cotidiano de los servicios financieros. Pagar con medios electrónicos, cobrar digitalmente, recibir ingresos, realizar transferencias o pagar servicios generan información que beneficia tanto al usuario como al ecosistema financiero.
En otras palabras, la inclusión financiera sostenible no depende únicamente del acceso, sino de la participación activa de la gente dentro de la economía digital.
Cada transacción construye confianza
Uno de los principales desafíos de América Latina continúa siendo la baja disponibilidad de historial crediticio formal para millones de personas.
Durante años interpretamos esa ausencia de antecedentes como falta de información. Hoy sabemos que esa conclusión era incompleta. Muchas personas generan señales económicas todos los días, aunque históricamente hayan permanecido fuera del sistema financiero tradicional.
La transformación digital permite comprender mejor esos comportamientos mediante patrones transaccionales, frecuencia de uso, hábitos de pago y consistencia en el tiempo. No se trata de reemplazar los modelos tradicionales de evaluación de riesgo, sino de complementarlos con nuevas fuentes de información que antes simplemente no existían.
La inteligencia artificial y la analítica avanzada están acelerando este cambio. Hoy es posible transformar miles de interacciones cotidianas en indicadores objetivos de comportamiento financiero, permitiendo evaluar a personas que antes resultaban prácticamente invisibles para el sistema.
El historial crediticio deja así de ser una fotografía estática del pasado para convertirse en una reputación financiera dinámica que evoluciona permanentemente.
El nuevo rol de los jugadores digitales
Las fintech y los bancos digitales han acelerado esta transformación porque nacieron sobre una arquitectura distinta a la banca tradicional.
En lugar de ofrecer productos aislados, construyen ecosistemas donde cuentas, pagos, cobros, transferencias y crédito forman parte de una experiencia integrada. Esa interacción permanente genera información de enorme valor para comprender las necesidades reales de cada usuario.
Como observamos diariamente en eCLUB Paraguay, cuanto mayor es la utilización cotidiana de herramientas digitales, mayor es la capacidad del sistema para ofrecer productos financieros adecuados al perfil de cada persona.
El crédito deja entonces de depender exclusivamente del pasado y comienza a construirse a partir del comportamiento presente.
La Infraestructura de pagos instantáneos: el verdadero habilitador
Nada de esto sería posible sin una infraestructura moderna de pagos.
Brasil marcó un antes y un después con PIX, convirtiéndose en uno de los mayores referentes mundiales en pagos instantáneos. Paraguay también ha dado pasos muy importantes gracias al excelente trabajo desarrollado por el Banco Central del Paraguay para consolidar una infraestructura eficiente, interoperable y preparada para la economía digital.
Los pagos instantáneos no solo reducen costos y mejoran la experiencia de los usuarios. También generan información que fortalece la inclusión financiera, incorporando gradualmente a millones de personas y pequeños comercios al circuito formal.
Cada operación digital representa una nueva oportunidad para construir confianza.
El debate pendiente sobre el microcrédito
Existe, sin embargo, un desafío regulatorio que merece una discusión profunda.
En Paraguay y en otros países de la región, los límites máximos a las tasas de interés (tasas de usura) del microcrédito fueron concebidos para proteger al consumidor. No obstante, la evidencia muestra los efectos contraproducentes de este tipo de medidas: la rigidez en las tasas restringe la oferta formal para los perfiles de mayor riesgo, desplazando a las franjas más vulnerables hacia el microcrédito informal no regulado. Un antecedente claro en el mercado local fue la contracción experimentada en el negocio de tarjetas de crédito tras la implementación de topes operativos, lo que derivó en la exclusión temporal de cientos de miles de usuarios del sistema.
Hoy el contexto es muy diferente al de décadas anteriores. Existe mayor competencia, mejor tecnología y modelos de riesgo significativamente más sofisticados.
En ese escenario, una revisión gradual de estos esquemas podría ampliar el acceso al crédito formal contribuyendo a una dinamización económica, sin debilitar la protección del consumidor. La competencia, acompañada de una regulación adecuada y de mejores herramientas analíticas, constituye probablemente el mecanismo más eficiente para reducir los costos de financiamiento en el mediano plazo.
El futuro de la inclusión financiera
América Latina atraviesa una etapa decisiva. La convergencia entre pagos digitales, inteligencia artificial, modelos avanzados de riesgo y nuevas plataformas financieras está modificando profundamente la forma en que millones de personas acceden al sistema financiero.
El gran desafío de los próximos años ya no será únicamente prestar más dinero.
Será construir confianza.
Será ayudar a que cada ciudadano desarrolle una identidad financiera sólida mediante el uso cotidiano de herramientas digitales.
Será convertir cada pago, cada transferencia y cada acreditación en una oportunidad para generar reputación financiera.
Cuando eso ocurre, el crédito deja de ser una barrera y se convierte en la consecuencia natural de una relación de confianza entre las personas y el sistema financiero.
Estoy convencido de que ese es el camino que permitirá a Paraguay consolidar un modelo de inclusión financiera más amplio, sostenible y competitivo para toda la región.
Sobre el autor
Marcelo Rojas Decut es CEO y cofundador de eCLUB Paraguay. Posee más de tres décadas de trayectoria ejecutiva en banca, medios de pago e innovación financiera en la región.
