La agricultura familiar paraguaya incorporará una nueva metodología de trabajo orientada a mejorar la productividad y, principalmente, los ingresos de los pequeños productores.
El proyecto de fortalecimiento del servicio de extensión agraria mediante el enfoque SHEP fue presentado oficialmente con la participación del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Forestales de la Universidad Nacional de Itapúa (UNI-FaCAF).
La iniciativa comenzará en Caaguazú e Itapúa y tendrá como uno de sus principales objetivos modificar la manera en que los agricultores familiares toman decisiones sobre qué producir y cómo comercializar. El enfoque SHEP, desarrollado con cooperación japonesa, plantea una extensión agraria más vinculada a las condiciones del mercado, de modo que el productor pueda orientar su actividad hacia oportunidades concretas de comercialización.
El proyecto prevé trabajar inicialmente con 40 grupos de agricultores, con una meta de participación femenina del 30%. Uno de los principales indicadores de resultado será la evolución de los ingresos de los beneficiarios respecto de la línea base que se establecerá mediante el diagnóstico inicial.
De esta manera, el impacto no se limitará a la cantidad de capacitaciones o productores alcanzados, sino que buscará medirse en términos económicos.
La propuesta también contempla incorporar de manera permanente la metodología SHEP en los planes operativos de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg).
Esto supone un intento de trasladar el modelo más allá de una cooperación puntual y convertirlo en una herramienta de trabajo para los servicios de asistencia técnica destinados a los productores familiares.
El componente de formación tendrá un peso relevante. Los especialistas de JICA capacitarán a extensionistas agrarios y docentes de la UNI-FaCAF, mientras que el proyecto también contempla programas de capacitación internacional y la entrega de equipamiento técnico especializado. La intención es fortalecer las capacidades de quienes acompañan directamente a los agricultores en el territorio.
La iniciativa estará encabezada por un equipo técnico japonés integrado por el representante residente de JICA en Paraguay, Hajime Takasago; el asesor líder del Proyecto SHEP, Tatsuya Morita y la coordinadora Ryoko Kozaki. Su intervención estará orientada a la transferencia de conocimientos y al acompañamiento de la implementación del modelo en los dos departamentos seleccionados.
Uno de los aspectos centrales será la incorporación de criterios de sostenibilidad, preservación ambiental y participación de mujeres dentro de las actividades productivas. Estos componentes buscan complementar el objetivo económico del proyecto, que apunta a que la agricultura familiar pueda mejorar su capacidad de generar ingresos y responder a las condiciones de la demanda.
El desafío estará en traducir la asistencia técnica y la capacitación en resultados concretos para los productores.
Para la agricultura familiar, donde persisten limitaciones vinculadas al acceso a mercados, tecnología, información y capacidad de negociación, mejorar la conexión entre producción y comercialización puede resultar determinante para elevar la rentabilidad.
Con el inicio del proyecto en Caaguazú e Itapúa, el modelo SHEP tendrá una primera etapa de aplicación en el territorio paraguayo que permitirá evaluar sus resultados antes de una eventual ampliación.
La evolución de los ingresos, la participación de los productores y la incorporación efectiva de la metodología en los servicios de extensión serán algunos de los indicadores que permitirán medir el alcance de la iniciativa.
