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Procesar la soja en biodiésel es el salto hacia la industrialización, según Cappro

Según la Cappro, Paraguay tiene una oportunidad única para generar más valor a partir de su principal producto de exportación: la soja. Procesarla localmente, producir aceite y transformarlo en biodiésel significa avanzar hacia una economía más industrializada, con mayor generación de empleo, inversiones y desarrollo tecnológico.

En ese contexto, la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO) considera que la política de biocombustibles constituye una herramienta importante para promover el agregado de valor en origen y fortalecer la competitividad de la agroindustria nacional. Sin embargo, su implementación debe sustentarse en criterios técnicos, previsibilidad regulatoria y una transición gradual que permita acompañar la adaptación de toda la cadena.

Los procesos de transformación energética son más exitosos cuando se construyen mediante el diálogo entre todos los actores involucrados: productores, industria, distribuidores de combustibles, fabricantes de motores, transportistas y autoridades públicas. El objetivo común debe ser desarrollar una política sostenible en el tiempo, que combine industrialización, seguridad energética y competitividad.

Paraguay cuenta con capacidad industrial suficiente para acompañar el crecimiento de la demanda de aceite destinado a la producción de biodiésel, por lo que existe una oportunidad concreta de sustituir exportaciones de materias primas por productos con mayor valor agregado, fortaleciendo la economía nacional.

Ajustes en la mezcla obligatoria

Durante julio, el ministerio de Industria y Comercio (MIC) dispuso inicialmente elevar el porcentaje obligatorio de mezcla de biodiésel en el Gasoil Tipo III (Común) a un rango de entre el 8% y el 10%. Posteriormente, luego de mesas de trabajo con los distintos sectores involucrados, la cartera resolvió establecer transitoriamente una mezcla mínima del 7% hasta el 31 de diciembre de 2026.

La medida busca otorgar mayor tiempo para la adecuación técnica del mercado, respondiendo a las inquietudes planteadas por distribuidores de combustibles y usuarios vinculadas principalmente a infraestructura y compatibilidad de algunos equipos y motores. A partir del 1 de enero de 2027, la normativa prevé que el porcentaje mínimo vuelva al 8%, otorgando previsibilidad para que todos los actores puedan planificar sus inversiones y procesos.

Para la Cappro, este proceso demuestra que las políticas públicas alcanzan mejores resultados cuando incorporan mecanismos de diálogo y ajustes técnicos durante su implementación. Más allá del porcentaje específico de mezcla, el desafío consiste en consolidar una hoja de ruta estable que permita impulsar la industrialización, generar confianza para nuevas inversiones y aprovechar plenamente el potencial que tiene Paraguay para producir alimentos, energía renovable y productos de mayor valor agregado.

Como expresó el presidente de Cappro, Raúl Valdez, el desarrollo de los biocombustibles debe entenderse como parte de una estrategia nacional de industrialización, donde el objetivo final no es únicamente incrementar el consumo de biodiésel, sino generar más valor dentro del país, creando empleo, atrayendo inversiones y fortaleciendo la competitividad de toda la cadena agroindustrial.

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